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Agenda cultural

Una tragedia anunciada: el acervo perdido de la Cinemateca Brasileira

Glauber Rocha, “Dios y el diablo en la tierra del sol” (1964)

Glauber Rocha, “Dios y el diablo en la tierra del sol” (1964)

Brasil acaba de perder uno de sus mayores acervos culturales: gran parte de la colección histórica de la Cinemateca Brasileira, con sede en São Paulo. La institución, conocida por la relevancia de su archivo, “fue el órgano central con el que el gobierno federal de Brasil implantó sus programas de conservación y difusión del patrimonio audiovisual brasileño. Recibió grandes fondos que fueron utilizados en sus instalaciones −con la adquisición de equipos de punta y la ampliación y modernización de su sede− y vió crecer sus colecciones audiovisuales”, escribían en un ensayo los investigadores Gloria Diez y Fabricio Felice, contrastando esa situación con el estado en que se encontraba la Cinemateca en 2020.

Hace apenas unos días el fuego devoró una parte importante de los almacenes, en Vila Leopoldina, donde se albergaban documentos de la antigua empresa estatal Embrafilme, entre los cuales había guiones o copias de películas de los últimos cien años. El incidente fue considerado una “tragedia anunciada” por empleados de la institución y profesionales del sector audiovisual, y fue  visto por muchos como el colofón de una crisis profunda provocada por la mala política cultural de los últimos años que ya se manifestaba, en el decir de Diez y Felice, del siguiente modo: “Las actividades han sido completamente interrumpidas; no hay acceso a las colecciones audiovisuales ni a la documentación, las investigaciones académicas y las destinadas a producciones audiovisuales se han visto forzosamente suspendidas, no se cumple con los cuidados diarios necesarios para la conservación de las colecciones ni se cuenta con el servicio de técnicos especializados, no hay acceso a las películas para su difusión externa y el laboratorio de restauración está inactivo; la institución tiene sus puertas cerradas”.

La Cinemateca Brasileira tenía copias originales de muchas películas y otros materiales audiovisuales que cuentan la historia no solo del cine, sino de muchas áreas de la historia del Brasil. Desde 2019, cuando la cultura perdió su condición de ministerio en la administración federal, los funcionarios de la institución denunciaron “descuido y abandono” por parte del gobierno de Bolsonaro. En julio de 2020, el Ministerio Público de São Paulo (MPSP) presentó una demanda cuestionando la retención de recursos y la ausencia de un gerente responsable de la institución. Al mes siguiente, 41 empleados fueron despedidos y la institución dejó de funcionar por un tiempo.

En abril de este año, un Manifesto dos trabalhadores da Cinemateca Brasileira alertó sobre el “riesgo de incendio”, debido a la falta de cuidados “con el acervo, los equipos, las bases de datos y los edificios”.

El cineasta Kléber Mendonça denunció en una entrevista con la AFP a inicios de este mes en Cannes (Francia) el “sabotaje del sistema de apoyo a la cultura” y en particular la situación de la institución. “Del cierre de la Cinemateca, no sé ni cómo hablar de ello. Es como si Brasil no tuviera álbum de familia. No es solo un depósito, es un lugar vivo, con la memoria del país”, afirmó el director de Bacurau.

Adiós a la colección de Glauber Rocha

Parte de la colección del cineasta Glauber Rocha estaba en el galpón incendiado de la Cinemateca Brasileira. La información fue confirmada por Paloma Rocha, hija del cineasta bahiano, quien explicó que en 2016 todo el material de Tempo Glauber fue enviado a la Cinemateca Brasileira luego de que el instituto fuera desalojado de su sede en Río de Janeiro. En ese momento Paloma dice haber transferido 300 cajas que contenían, entre otras cosas, la biblioteca de Glauber y toda la documentación de Tempo Glauber: todas las tesis, carteles originales, bocetos de los carteles de Dios y el diablo en la tierra del sol, diseñados por el propio Glauber y Rogério Duarte, estudios de Heads Cut, un material precioso de 1959, xilografías de Caribé y dibujos de Calazans Neto.

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