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“Azul”: lo que escribe un cuerpo en escena

El viernes 17 de septiembre se estrena “Azul”, puesta híbrida audiovisual-teatral realizada por Ricardo Alves Jr., director brasileño de cine y teatro, quien se explaya en esta conversación sobre el proceso y los alcances de un trabajo colectivo que aborda problemáticas lgbtq+ y dinámicas afectivas.

Ricardo Alves Jr. © Margarita Araújo

Ricardo Alves Jr. © Margarita Araújo

POR Andrés Ovelar *
Desde São Paulo

Frente a mí la escritura de tres cuerpos. Actores. Es un texto hilvanado a partir del acto. Provisorio en el sentido de improvisación, un texto urgente. Puedo reconocer en él la medida del deseo que a veces tuve, calamitoso. El deseo de escuchar cosas terribles, de decir cosas terribles. Acariciar alguna cosa hasta su quiebre incluso.

La historia es conocida, la hemos visto, la hemos leído antes. El afecto de una pareja es tal que es imposible comunicarse. Te quiero tanto que ya no te puedo entender. Y de esta incomunicación surgen otros nombres, quizás fantasmas que se han sabido llamar.

Aldo (Diego Mongelós) y Beto (Mario González Marti), incomunicados en su relación de años, reciben la visita de un amigo que llega del extranjero, César (Diro Romero). El resto está claro.  Lo sé bien, también yo una vez abrí la ventana y se me llenó la pieza de insectos.

Es un departamento céntrico que en su puesta en escena toma la forma de un estudio de grabación. Los actores saltan del lenguaje cinematográfico al lenguaje teatral, a veces proyectados en pantalla, otras presenciados con la más corpórea de las teatralidades.

Será sólo un tacto. Será sólo un cuerpo. Con la medida extraña de una caricia que no es aquella de las parejas.

© Margarita Araújo

Escena de “Azul” © Margarita Araújo

En más de una ocasión tu obra se ha interesado en la imbricación entre lenguaje cinematográfico y lenguaje teatral. Sabemos que todo texto teatral es, primero, texto poético; así lo era en la Antigua Grecia, donde todas las tragedias que se conservan son en realidad poemas épicos. Sin embargo, no todo guión cinematográfico es poesía y esta relación a menudo es puesta en duda. Hay entonces una distancia importante, ontológica, ya desde la escritura de ambos lenguajes. ¿Cómo se concilia esta disputa en la puesta en escena de “Azul”?

— Vengo investigando, en las puestas que realizo, la posibilidad del diálogo entre el lenguaje cinematográfico y el lenguaje teatral. Sea un guión cinematográfico o un libreto teatral, mi trabajo como director es transformar la dramaturgia escrita en una experiencia a ser vivida por el espectador en un espacio y tiempo particulares. No me gusta trabajar con la jerarquía de la palabra. El texto de un guión o de un libreto está al mismo nivel de la dramaturgia de la luz, del espacio, del cuerpo, del sonido o de la cámara. La articulación entre esos elementos, en relación con la experiencia del espectador, es la base de la escritura teatral o cinematográfica que practico.

— Siguiendo esta lectura en clave de escritura, puede decirse que el actor escribe en el propio acontecimiento de ponerse en escena, escribe en tanto se hace presente en el escenario  –y no solo porque en este caso literalmente actores han escrito un libreto–. La escritura del actor en su acontecimiento cinematográfico históricamente se ha distanciado de la escritura del actor en su acontecimiento teatral; si existe una separación más bien registrada de estos dos acercamientos, ¿desde dónde nace el interés de aproximar ambas estrategias actorales, de solaparlas incluso?

— Si pensamos en la historia del cine, vemos que comparte con el teatro un origen ontológico. Las primeras ficciones eran nada más que una puesta en cuadro de la representación teatral de su época. En la Rusia de los años 20 del siglo pasado, fueron el teatro de Meyerhold y su biomecánica los que influenciaron a Eisenstein, quien fue su asistente. Al visionar películas del expresionismo alemán advertimos que la escenografía, el maquillaje y las interpretaciones manejan un código absolutamente teatral. Me permito acá hacer un salto en el tiempo: la búsqueda del realismo en el cine norteamericano viene de Stanislavski, cuando hace una turné y su método genera una gran atención, tanto así que se formó el grupo de estudio denominado Group Theatre y posteriormente el Actor’s Studio. Pero también el cine moderno tiene un diálogo profundo con la teoría bretchtiana. Si miráramos desde el punto de vista del teatro, no podemos disociar de las puestas en escena modernas las influencias cinematográficas, ya sea por la estructura fragmentada y recortada del aparato de luz, o por la ruptura del escenario italiano para otros puntos de vista de la escena. Por lo tanto, veo cine y teatro como dos lenguajes que se cruzan constantemente.

— Hice esa digresión histórica para plantear la idea de que el teatro contemporáneo es un espacio que permite la interacción tecnológica entre los lenguajes y transforma las estrategias actorales, sus presencias, sus intensidades en escena. Hay un dicho común que manifiesta que una actuación es demasiado teatral, o que es demasiado cinematográfica. A mí me interesa rotar esa idea, establecer un juego con las actuaciones, construir otras posibilidades de hibridez también desde lo actoral.

Escena de "Azul" © Margarita Araújo

Escena de “Azul” © Margarita Araújo

— En términos de historia, “Azul” plantea un argumento visto con cierta frecuencia en la literatura y el cine: una relación devenida rutina es interrumpida por la llegada de un tercero. Pienso en una cita de André Gide: “Todo está dicho, pero como nadie escucha, hay que repetirlo cada mañana”. ¿Cómo se interesa la obra en la búsqueda de reimaginar esta dinámica?

— Al inicio de cualquier trabajo tengo una pregunta que es: ¿cómo el encuentro de este equipo que es único puede generar un punto de vista que también sea único? Las historias son siempre las mismas, pocas variaciones, pero lo que interesa es de qué manera las contás. Cómo una historia común puede convertirse en una experiencia particular y única. Si bien los conflictos de parejas conforman una dinámica muy recurrente en la literatura y en el cine, las relaciones humanas siempre serán un tema inagotable en el arte y lo podemos repetir todos los días por la mañana y encontraremos nuevos matices.  Escarbar en los deseos contradictorios de las relaciones es uno de los puntos centrales en “Azul”. Este acercamiento se hace a través de tres puntos de vista, que viven una experiencia en conjunto, en el Paraguay del año 2021. Hablan desde el centro de la ciudad de Asunción, son personajes que viven el dilema de permitirse experiencias y de aceptar los cambios. Es como desnudar la intimidad de los personajes, como un espejo que está frente al espectador.

— El personaje se encarna en el sentido en que uno le da carne, diría Josefina Plá. Esta encarnación es una cuestión de opinión; el actor opina sobre el personaje y esta opinión, en escena, deviene silueta de persona. En este caso en particular, los actores crearon el libreto a partir de improvisaciones; hay entonces una doble opinión, aquella que los actores ya han puesto en la propia creación del libreto, y aquella que luego llevan a cabo en escena. ¿De qué manera esta libertad del actor ha moldeado “Azul”? ¿Cómo participa este panorama de opiniones en tu proceso de creación?

— Me interesa trabajar con actores creadores, aquellos que tienen un sentido sobre lo que quieren decir. Me interesa como director trabajar con el material propuesto por los actores, como en un juego; ellos me presentan ideas y yo les propongo otras nuevas. De esta manera vamos sedimentando el proceso. En el caso de “Azul”, Mario, Diro y Diego trabajaron durante un año en improvisaciones que eran filmadas; después de tener gran cantidad de material bruto, que incluía además una escaleta de escenas y propuestas de diálogos, a la distancia íbamos debatiendo esas escenas y reescribiéndolas en el libreto. De esa manera mi punto de vista como director iba dialogando con la mirada de ellos como autores. La segunda parte de nuestro trabajo fue presencial, ya en Asunción, cuando efectivamente juntos fuimos construyendo la manera de narrar esta historia.

— Está claro que montar una obra con temática LGBTQ+ sigue siendo una cuestión política en Paraguay. Esta se estrena, además, en el mes de la diversidad. Las esferas de poder de nuestros dos países activamente han insistido en un discurso de odio contra las disidencias sexuales. ¿Cómo participa “Azul” en este debate de poderes por un lugar de enunciación posible?

— Ser gay en una sociedad conservadora de alguna manera se transforma en un acto político. El presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, dijo que preferiría tener un hijo muerto que un hijo gay.  Teniendo en cuenta esto, podemos advertir que, en nuestros países, sectores del poder político están construyendo un discurso de odio hacia la diversidad de afectos, la diversidad de los cuerpos. “Azul” trata sobre la posibilidad de comprender las relaciones humanas desde una mirada diversa, entendiendo que cada una de ellas es única en sí misma y que, por tanto, no puede responder a un statu quo de relacionamiento. Desde la situación particular de los personajes de la obra se plantean temas tan universales como la adaptación a los cambios, el erotismo, la libertad y las posibilidades del amor.

Escena de "Azul" © Margarita Araújo

Escena de “Azul” © Margarita Araújo

Sobre el director

Ricardo Alves Jr. nació en Belo Horizonte, en 1982, Brasil. Es licenciado en cine por la Universidad del Cine, en Buenos Aires. Cineasta, guionista, productor y director de obras de teatro. Sus películas se han proyectado en algunos de los festivales de cine más importantes del mundo, como la Semana de la Crítica del Festival de Cannes, Berlinale, Rotterdam, Locarno, Oberhausen, Karlovy Vary, IndieLisboa, Santa Maria da Feira, Festival do Rio, Festival de Brasilia, entre otros. Expuso obras en museos como el Centre Pompidou, en París, y el Reina Sofía, en Madrid. En 2013 una retrospectiva dedicada a su trabajo fue expuesta en la Cinémathèque Française, en París.

“Azul” ha sido escrita por Mario González Marti, Diro Romero y Diego Mongelós. Podrá ser vista en el Galpón Pasaje Molas (Pasaje Molas 1511, entre Cerro Corá y 25 de Mayo), el viernes 17 y el sábado 18 de septiembre, a las 20 horas. El domingo 19 habrá doble función, a las 19 y a las 21 horas.

 

Andrés Ovelar es poeta e investigador independiente de arte. Docente universitario en áreas de historia y teoría del cine. [email protected]

 

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