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Agenda cultural

Reapertura de la Galería Livio Abramo

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Tras casi dos años de cierre, a causa de la pandemia, acaba de reabrirse la Galería Livio Abramo del Centro Cultural de la Embajada del Brasil, poniendo a disposición del público las obras del artista que forman parte de la colección de esa sede diplomática. 

Durante el acto, celebrado ayer, el embajador Flávio Damico señaló la importancia de la figura de Abramo en la escena cultural paraguaya, como artista, maestro y gestor cultural, destacando su legado y su capacidad para generar un ambiente creativo al incentivar el trabajo de artistas nacionales relevantes, como Edith Jiménez, quien fuera su discípula y continuadora en el taller de grabado llamado Julián de la Herrería primero y Yaparí-Tilcara después.   

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Cuando Livio Abramo llegó por primera vez al Paraguay, en 1956, había ganado ya el premio al mejor grabador brasileño en la 2ª Bienal de São Paulo (1953) e impartido clases de xilografía en el Museo de Arte Moderno de esa ciudad (MAM/SP). En 1960 fundó el estudio Gravura, de gran trascendencia en el ámbito del grabado brasileño, junto a María Bonomi, que había sido su alumna. En 1962 fue invitado por Itamaraty para formar parte de la Misión Cultural Brasil-Paraguay, que posteriormente se conocería como Centro de Estudios Brasileños.

Livio Abramo, Paraguay-Síntesis, 1978. Cortesía

La reapertura de la galería tuvo su estrella: Paraguay-Síntesis, gran matriz de madera, fechada en 1978, que hasta el momento había estado ubicada en el despacho del embajador, solo accesible a pocas personas. “Me pareció que una obra de ese porte no podría quedarse confinada a unos pocos y que ameritaba un público mucho más amplio y que inspiró al artista en la concepción monumental de su obra”, dijo el embajador. La obra compila muchos de los temas que Abramo trabajó en distintas series relativas al Paraguay, como las lluvias y los motivos geométricos de los textiles y la arquitectura popular, así como formas de la naturaleza. Se trata de una pieza muy particular, una suerte de sumario de los intereses de Livio, realizada en gran formato, poco habitual en él. 

Livio Abramo, Tiradentes, 1992. Cortesía

La exposición reúne obras muy conocidas del artista, entre ellas Tiradentes (1992), su último trabajo antes de morir, que sería reproducido en serigrafía e integraría luego importantes colecciones, como la del Museo de Arte Moderno de São Paulo (MAM/SP). También hay piezas de sus célebres series dedicadas a la vida del campo en Brasil y a los pueblos paraguayos. De cuidada expografía, ambas salas están recorridas por una línea de tiempo que va desde el nacimiento de Livio en Araraquara, en 1903, hasta su muerte en Asunción en 1992. La puesta incluye sus herramientas de trabajo y un par de prensas. Si bien el artista se volcó también a la acuarela, aquí el centro de interés es el grabado.

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Abramo supo llevar a la madera sus preocupaciones y su sensibilidad ante los conflictos sociales. “La primera imagen de Livio tiene una fuerte carga crítica: expresionista, vehemente, el grabador acuchilla la madera, radicaliza el antagonismo del blanco y el negro, afila los contornos hasta volverlos enérgicos, agresivos. Pero él sabe que, para denunciar desde el hacer del arte sin caer en retóricas panfletarias, debe apelar a argumentos estrictamente visuales, a juegos e inflexiones del lenguaje”, escribió Ticio Escobar en el catálogo publicado en ocasión de la restauración de 130 obras del artista donadas en 1994 por su compañera, Dora Guimarães, al CAV/Museo del Barro. Esta actitud de Livio frente a lo social es recuperada en la muestra, una de cuyas paredes reproduce una frase suya: “Procuré superar el expresionismo buscando otra manera de expresión, en la que los problemas de orden plástico y formal fuesen resueltos de un modo menos apasionado y estéticamente más válido”.

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Una gran imagen del grabador, estilización realizada a partir de una fotografía tomada por Jesús Ruiz Nestosa, marca el inicio del recorrido. La figura, trazada casi como una gran xilografía, impregna el espacio donde Livio Abramo creó y enseñó durante treinta años. 

Al referirse a la labor del artista en nuestro país, el embajador Damico dijo que “es muy común escuchar que Livio Abramo influyó sobre la cultura paraguaya” y que “no obstante, hemos de recordar que Paraguay también influyó sobre Livio Abramo. La cultura, así como la diplomacia, se caracteriza por el diálogo y por el intercambio”. En el caso de Abramo, señaló, “no hay duda de que no solo es un legado cultural, sino también un legado de amor de una persona, un grabador reconocido internacionalmente, que decidió dedicar tres décadas de su vida a promover en Asunción la cultura y los lazos de amistad entre nuestros países. Que el legado de Livio Abramo permanezca siempre con nosotros”.

 

 

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