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Agenda cultural

Paraguay: concursos literarios 2021

¿De qué modo influyen los certámenes en la escritura creativa? ¿Cómo se configuran las convocatorias? ¿Qué dinámicas se crean en torno al ritual anual de presentación de textos? ¿Qué exploraciones incentivan?

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Así como resulta frecuente escuchar la agorera sentencia de que uno de los problemas culturales de Paraguay es que se lee poco, también es posible suponer que las personas que sienten atracción hacia la escritura puedan plantearse si escribir literatura es posible en un país como el nuestro. Y, en tal caso, cómo hacerlo, por dónde empezar.

Ante estas interrogantes caben múltiples respuestas, pues cada persona es diferente y habrá de encontrar sus medios y caminos. Conozco notables casos de autodidáctica, también de admirables aprendizajes en cursos y talleres de escritura. Pero lo cierto es que, en algún momento, casi como un paso previo a la denominada “publicación formal”, la persona que escribe decide mostrar sus textos, poner a prueba sus posibilidades y limitaciones, ya sea por un deseo de reconocimiento o de una auténtica devolución crítica, o bien por algo que podríamos llamar “candidez creativa”, en el sentido de desconocer que la escritura es una paciente construcción y un aprendizaje perenne. Como sea, es usual que el ámbito en que alguna de estas cosas suceda sea algún tipo de certamen o concurso literario.

En 2021, pese al modo en que nuestra vida cotidiana fue afectada por la pandemia, o quizás precisamente debido a ella, la escritura creativa de muchas personas se sacudió bastante, se alimentó aun del miedo y la incertidumbre, y buscó espacios en los que expresarse. Esto se reflejó en la publicación de diversas obras literarias a nivel local, pero también (y es lo que nos interesa) en la participación en concursos.

Haciendo un recuento rápido de los certámenes estrictamente dirigidos a quienes afilan sus primeros textos , podríamos mencionar el concurso de cuentos cortos de la Universidad del Norte y el organizado por el Centro Cultural de la República El Cabildo y la Academia Olímpica Paraguaya (este último en guaraní y castellano); el Premio Itaú de Cuento Digital, el concurso “Dr. Jorge Ritter”, de Coomencipar, y el del Club Centenario, que ya tiene varias décadas. Por último, el concurso de cuentos infantiles “Cuidemos nuestra Tierra”, convocado por el Portal Educativo Meta. Salvo el caso de El Cabildo, cuya convocatoria giró en torno a “la honestidad”, y el del Portal Educativo Meta, que incentivó a los niños a escribir acerca del cuidado del planeta, el tema fue siempre libre.

En poesía, el certamen “Carmen Soler”, organizado por el Colectivo Asunción Flores, y el titulado “Homenaje a Walt Whitman y Óscar Ferreiro”, organizado por el Centro Cultural Paraguayo Americano y la Asociación Cultural Amigos del Arte, tuvieron mucha participación. También hubo el Premio de Novela Inédita “Beatriz Rodríguez Alcalá de González Oddone”, impulsado por la familia González Oddone con patrocinio de la Academia Paraguaya de la Lengua Española.

Pero, más allá del recuento, ¿influyen los concursos en la práctica de la escritura creativa? ¿Cómo? Situémonos en el lugar de quien escribe. ¿Sabemos cómo se configuran las convocatorias con relación al hecho de la escritura? ¿Quiénes conforman el jurado? ¿Recibiré una devolución que me sirva para pulir mi estilo y afinar mis nociones estéticas?

Es justo señalar que, por lo general, los jurados (el 2021 no fue excepción) están integrados por escritores y escritoras que llevan tiempo en el ejercicio de la palabra, así como en la enseñanza profesional de materias que guardan estrecha relación con la literatura.

Otro aspecto interesante que podríamos señalar ya no es tanto la configuración propia de cada concurso, sino la dinámica que que se crea en términos de continuidad, de plazos de escritura para los concursantes.

La consideración de una fecha en el calendario, de una pequeña tradición anual que se va implantando en el ecosistema literario, puede significar, para algunos autores en formación, un claro aliciente para explorar su escritura e intentar acometer una obra digna de presentación. Es decir, muchas veces el texto logra escribirse gracias a este tipo de estímulo. No importa si luego el escrito en cuestión emprende vuelo y aterriza en manos de un jurado o de un simple lector, que bien podría ser el vecino o la abuela que ceba el tereré espiando por encima del hombro de la “nieta escritora”.

En resumidas cuentas, podemos decir que, aparte de un acicate para los jóvenes escritores, la experiencia de los concursos en Paraguay también se enriquece a sí misma, pues a medida que transcurre el tiempo cada certamen va dibujando sus propios rasgos, en gran medida gracias a sus participantes, a las antologías que se cosechan, a las trayectorias singulares que impulsan como plataformas de difusión.

Yendo a un plano más personal, el 2021 también me hizo reflexionar sobre al menos dos aspectos que me interpelan como lector de narrativa. Uno de ellos tiene que ver con el modo en que se ha desarrollado, en los últimos años, una apreciable transformación de los formatos de presentación de textos en los concursos. Este fenómeno es particularmente visible en el Premio Itaú de Cuento Digital, que concede un interesante margen de posibilidades creativas a quienes deseen incursionar en el género, mediante la incorporación de recursos multimediales e interactivos (música, efectos de sonido, archivos de audio y video, enlaces web, entre otros). Tales recursos plantean no solo una experiencia estética (de lectura) renovada, de combinaciones inimaginables, sino que pueden constituirse en terreno fértil para experimentaciones que contribuyan a que la narrativa paraguaya se aventure por caminos definitivamente no convencionales.

El otro aspecto tiene que ver, lo confieso, con mi predilección por la novela, género en el que, si bien se han cultivado obras de indudable valor en nuestro país (pensemos, por ejemplo, en Yvypóra de Juan Bautista Rivarola Matto, La Babosa de Gabriel Casaccia, Yo, el supremo de Augusto Roa Bastos, o Ñande Ypykuéra de Narciso Ramón Colmán), aún prevalecen ciertos condicionamientos que lo tornan, al menos para mí, un “espécimen raro” de la narrativa paraguaya, un territorio que requiere de mayor exploración a nivel creativo. Por otra parte, pienso que a muchos lectores de novelas paraguayas les resultaría de gran interés el toparse con hallazgos literarios distintos a los de la ficción histórica, costumbrista, romántica o intimista.

De manera que la realización de un certamen específico para novelistas inéditos (me refiero al Premio de Novela Inédita “Beatriz Rodríguez Alcalá de González Oddone”) representa un umbral abierto para avanzar en este género, cualesquiera sean sus formulaciones estéticas. Al final de cuentas, Paraguay es un sitio lo suficientemente vasto, complejo e inquietante para quienes buscan en la literatura una forma de comprenderlo.

 

Cave Ogdon (Asunción, 1987) es escritor. Ha publicado cuentos y novelas. Algunas de sus obras son Los incómodos (Arandurã, 2015, mención honorífica certamen literario Roque Gaona), Papeles de encierro (Arandurã, 2017), Luz baja (Aike Biene, 2018) y Perros del pantano (Póra, 2021).

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