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Agenda cultural

Fabián Chamorro y el ejercicio de divulgar la historia

Por mucho tiempo, los libros y revistas fueron el medio por excelencia para divulgar la historia. Luego se sumaron la televisión y la radio. Hoy, con luces y sombras, las redes sociales suponen una implosión de canales divulgativos.

La historia palpita en lo que existe: objetos, edificaciones, paisajes, símbolos. En una bandera ondeando al viento puede escucharse al pasado susurrar en los intersticios del presente. Y, sin embargo, ¿por qué parece tan difícil aproximarnos a la memoria de un país? En todo caso, ¿cómo hacerlo? ¿Libros? ¿Documentales? ¿Archivos? ¿Qué pasa cuando muchas de esas fuentes informativas no son del todo accesibles o comprensibles para la mayoría? ¿Pueden las nuevas herramientas de comunicación ayudarnos en ese sentido?

Algunas de estas inquietudes nos llevaron a conversar con el promotor cultural, docente y escritor Fabián Chamorro, quien compartió con nosotros algunas ideas en torno a la divulgación de temas históricos a través de plataformas digitales, sus libros, el renovado interés de la gente por la historia, el papel de las mujeres en nuestro pasado, el cómo vemos hoy a personajes controvertidos, los mitos que persisten en la enseñanza histórica y el constante acecho de la desmemoria en Paraguay.

—¿Cómo definirías el trabajo de divulgación de temas históricos a través de plataformas digitales?

—La hiperconectividad en la que vivimos nos permite acceder a diferentes herramientas para generar y comunicar contenidos de todo tipo. En este caso puntual, a través de cápsulas, fotos e “hilos”, busco revalorizar la historia de nuestro país. Al principio no fue fácil porque, como todo concepto, primero había que instalarlo. Con la publicación de libros, la organización de viajes a sitios históricos y otras actividades, nos damos cuenta de que el trabajo surtió efectos, aunque hay todavía mucho por hacer.

—¿Cuáles son las posibilidades que te ofrecen estas nuevas tecnologías de comunicación?

—Llegar a un número ilimitado de gente. Creo que es lo más importante.

—Hablando de tu presencia en Twitter, ¿cómo se te ocurrió compartir esas microhistorias que publicás en forma de hilos?

—Antes de conocer esa red social, administraba páginas de historia en Facebook. Lo que hice fue transformar esa información en hilos y agregarle más contenido en imágenes. Ensayo, error.

—En el año 2014 comencé a plasmar en libros años de investigación anterior. Me di cuenta de que había recopilado un volumen importante de información histórica, desde documentos de archivos, recortes de periódicos y memorias dispersas. Me organicé y comencé a darles formato de acuerdo con periodos específicos.

—Al menos en ciertos círculos es muy visible el interés por nuestra historia. ¿Sucede lo mismo con el resto de la población?

—Me doy cuenta de que muchos paraguayos ya invierten en sus bibliotecas particulares o familiares, pero es todavía largo el camino por recorrer para llegar a la mayor cantidad de compatriotas.

—¿Cómo describirías el interés de las personas, particularmente de los jóvenes, hacia la historia paraguaya? ¿Qué temas llaman más la atención de la gente?

—Lastimosamente, la mayoría sale odiando la historia, por la metodología de enseñanza y los breves contenidos. Lo positivo que veo es la reacción de los jóvenes cuando se les acerca la historia de otra manera, con herramientas y lenguaje de su tiempo. Muchos participan de nuestras actividades culturales justamente porque supimos llegar a ellos.

—A partir de este trabajo de divulgación, ¿cómo se ve hoy el papel, por ejemplo, de las mujeres en nuestra historia?

—Hay un esfuerzo importante en contar la historia de la mujer paraguaya pero, por el momento, para la mayoría de los paraguayos, la participación de ella es prácticamente invisible. Hay que seguir trabajando, no solamente en la generación de contenidos, sino en la comunicación de estos.

—Por mencionar algunos personajes controvertidos, ¿cómo vemos hoy a Elisa Lynch, al doctor Francia y a Alfredo Stroessner?

—En el caso de los primeros, rodeados de mitos instalados por décadas de discurso y enseñanza nacionalista. En el caso de Stroessner, su figura está rodeada de medias verdades, mentiras y discurso político. La historia como ciencia todavía tiene una deuda con estos personajes.

—Al aprender de la historia podemos desmontar mitos y relatos oficiales acerca de determinados hechos del pasado. ¿Con qué aspectos de nuestra historia te parece que eso aún es una materia pendiente?

—Prácticamente con todo el período independiente de nuestra historia.

—Hoy en día pareciera que existe una especie de desmemoria, de separación entre el presente y el pasado en la sociedad. ¿Dirías que los paraguayos somos incapaces de percibir la forma en que el pasado resuena en nuestra vida cotidiana?

—Somos incapaces porque directamente no lo conocemos y lo que conocemos está distorsionado justamente por mitos. La historia es la raíz de una nación. Por eso es tan importante y debe ser enseñada con responsabilidad y seriedad.

—Hace poco guiaste varios recorridos por sitios de gran valor histórico, tales como el cementerio de la Recoleta, el Panteón de los Héroes, y el Paseo Comuneros. ¿Cuál es la reacción de la gente?

—Increíble. En serio, a la gente le gusta y aguanta todo: el calor, la falta de infraestructura adecuada, etcétera. Es la mejor manera de enseñar historia.

—También te vimos en el programa “¿Qué pasó acá?”. ¿Cómo nació el enfoque de acercar al público la historia de nuestro país de manera entretenida?

—Fue una idea de José Ayala, quien me invitó a participar del emprendimiento. También fue muy buena la reacción de la gente, que siempre termina interactuando con nosotros a través de las redes sociales.

—Tomando en cuenta que tenés un perfil mediático, ¿hasta qué punto considerás que esto puede afectar el rigor necesario para abordar la historia?

—Es difícil realmente, pero intento que mi trabajo sea serio y que la información que comparto tenga el suficiente sustento. Yo me sigo formando, justamente para mantener ese rigor. Actualmente estoy haciendo una maestría en historia en una universidad española, y este año empiezo una maestría en historia paraguaya en la UNA.

 

Fabián Chamorro es autor de los libros Cerro Corá en las memorias de sus sobrevivientes, El nacimiento de los partidos políticos en el Paraguay, Villa Franca, la de los Remolinos y Cerebra la paraguayidad. Fundó y presidió la Asociación Cultural Mandu’ara, la cual busca revalorizar la cultura y la historia del Paraguay. Recibió reconocimientos del Ministerio de Defensa y del Congreso Nacional por su labor de divulgación histórica. Incursionó en política en las últimas elecciones municipales de 2021.

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