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Teresa María Gross Brown publica “Las salamandras viajeras”

Cortesía

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Hace muchos años, durante un verano en su casa familiar de San Bernardino, Teresa María Gross Brown presenció, junto a sus hijos, una invasión de salamandras. Entonces, al verlos algo asustados, se le ocurrió inventarles una historia que les permitiera conocer a estos peculiares anfibios y perderles el miedo.

Con el tiempo, lo que comenzó como una historia destinada a sus hijos se fue transformando en un cuento que incorporó más personajes, matices y colores, aunque siempre narrado de forma oral. También brotaron otros cuentos infantiles, acaso por el influjo imaginativo de la ciudad sobre Teresa María.

“San Bernardino representa mi niñez y mi adolescencia feliz. Era un pueblito con calles de tierra y cantos rodados, rodeado de abundante vegetación. Ahí íbamos con la familia a pasar nuestros veranos, que en aquel entonces eran de tres meses”, cuenta Gross Brown, quien evoca aquel ambiente como sinónimo de libertad para los niños, que podían cabalgar, pasear en bicicleta o caminar hasta el cerro. Allí, en el casco histórico de la ciudad, próxima al lago Ypacaraí, se yergue hasta hoy “La Lilia”, la casa de veraneo de tres generaciones familiares.

Hace poco, el cuento de las salamandras imaginado para sus hijos y transmitido luego a sus nietos, se abrió paso con alegría hacia la publicación con el título de Las salamandras viajeras. Según la autora, el libro fue posible gracias a la colaboración de numerosas personas, entre ellas Dulce Romero, una de sus hijas, quien, además de insistir a su madre que escribiese los cuentos que le narraba cuando era niña, contactó a Lucas We, el artista que ilustró la cuidada edición de tapa dura e impresa a color.

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Teresa María Gross Brown. Las salamandras viajeras.

El cuento habla de una familia de salamandras que comienza a vivir en una casona de estilo colonial de San Bernardino, solo que la ciudad es recreada como era en el pasado: con su abundante vegetación, su particular arquitectura y una diversidad de aves y animales que habitaban sus paisajes.

Pensando en los niños, en brindarles una lectura amena y divertida, Teresa María afirma que “lo importante es transmitirles valores como la aceptación de lo desconocido, valentía, amor a los animales y, sobre todo, amor a la lectura”. En este sentido, para ella fue muy enriquecedora la experiencia de trabajar con Lucas We, quien aceptó el desafío de ilustrar el cuento.

A partir de viñetas, bocetos y fotografías referenciales, el artista fue dibujando diferentes versiones de las salamandras, hasta definir con las editoras un estilo gráfico de formas simples, geométricas, a veces desproporcionadas adrede, con pocos colores y texturas. Según nos cuenta, en gran medida se inspiró también en la forma en que la propia Dulce Romero imaginaba la historia de niña. Así, Lucas propuso ilustraciones cuya estética permitiera “que los niños puedan construir los personajes y el relato con su propia imaginación”.

Las salamandras viajeras puede adquirirse en diferentes lugares de Asunción y San Bernardino.

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