El Cántaro BioEscuela Popular cumple 15 años de vida y lo celebra este domingo 21 de agosto con feria de comida organizada por la Comisión de Madres y Padres, y varios números artísticos. Será en su local, sobre Beato L. Guanella, ciudad de Areguá, y la entrada consiste en un aporte voluntario. Todo lo recaudado será destinado a preparar el primer Seminario Comunitario Musical para los 120 estudiantes de Música de El Cántaro, a desarrollarse en el mes de septiembre.
Programa
Después de las palabras de bienvenida, a las 11:30 se exhibirá el documental Voces de barro, dirigido por Tania Paz, que en poco más de 50 minutos hace un recorrido por los primeros diez años de El Cántaro. A las 12:30 subirán al escenario estudiantes de música del Ensamble. Para las 13:20 está previsto un show de acrotela. Diez minutos después amenizará el evento la Asociación Folclórica Kirir? Pype. A las 13:45 será el turno del trío binacional Chileguay. Fusión Naranja Club hará lo suyo a las 14:00. Posteriormente, el Círculo Taller de Percusión pondrá a bailar a la concurrencia a las 14:30. La frutillita de la torta la pone el dúo Purahéi Soul a las 15:00.
Un recorrido por su historia
El Cántaro se inició hace 15 años en las calles de Areguá donde, por medio de talleres de arte para niños y adolescentes en espacios públicos, se gestó un bello proceso de vínculo de cohesión y transformación social comunitaria.
Nace ante una preocupación por la falta y necesidad de oportunidades para jóvenes en Paraguay, como tesis de Joe Giménez, su directora, quien ganó una beca para estudiar la carrera de Mediación Cultural en Francia. En palabras de Joe: "Cuando iniciamos la BioEscuela Popular lo único que hice fue cerrar los ojos e imaginar todo a lo que hubiéramos querido acceder una generación de jóvenes como yo, que crecimos sin saber lo que era una biblioteca, que no teníamos acceso a tocar un instrumento, que nunca pisaríamos un teatro; que pensábamos que acceder a la cultura era un privilegio y no un derecho, derecho que sería una herramienta trasformadora para nosotros". Su historia es similar a la de muchos niños, niñas y jóvenes, que buscan y precisan de espacios comunitarios que estimulen y faciliten un aprendizaje nuevo y diferente, utilizando el arte como elemento que sirviera para el cambio social.

El impacto social que la escuela ha generado desde sus inicios repercute directamente en toda la ciudad y sus habitantes, quienes fueron testigos de los primeros 3 años en la calle como un espacio de arte y recreación, la calle como un escenario, un taller de pintura o un cine al aire libre al que todos podían asistir. Espacios cuidados, construidos, habitados y protegidos por su propia comunidad, que abren las puertas de la creatividad y la creación colectiva, de la imaginación y el cuidado por el otro. El mismo cuidado que precisa el medio ambiente, los hogares, y todo el entorno que habitamos. La estimulación constante a la expresión, la comunicación, la reflexión individual y grupal. El Cántaro sostiene y desarrolla la idea de la existencia de este tipo de espacios como una necesidad de la comunidad para su bienestar, cohesión y construcción de identidad.
En el 2010 la entidad deja las calles y logra alquilar una casa para sus actividades: era la casa más vieja y deteriorada de Areguá. La alquilan muy barata y accesible. Todos los estudiantes, profesores y la comunidad, trabajaron juntos para arreglarla, embellecerla y convertirla en escuela. Los alumnos, ex alumnos y profesores recuerdan la experiencia de levantar una casa abandonada como una de las más bonitas en torno a la historia de la escuela. Pintaron murales, plantaron árboles, construyeron sillas y mesas. Pero por circunstancias el dueño decide subir el alquiler dos años después a un precio imposible de pagar por el proyecto de autogestión.
Luego de este momento en el año 2012, se consiguieron fondos para la compra de un terreno baldío. De ahí comienza la bioconstrucción comunitaria de la escuela por toda la comunidad que la conforma. La construcción de la BioEscuela por sus propios participantes la convierte directamente en una escuela de todos y para todos.

El Cántaro ha sabido sostener durante estos 15 años un puente con la comunidad, trabajando un arte que es una herramienta de transformación social que cambia vidas, aviva sueños y usa las manos de todos y todas para volverlo realidad. En el Cántaro BioEscuela Popular todo ser humano tiene algo que decir y puede hacer algo al respecto, dar una mano al otro, levantar construcciones, compartir sus sueños o inquietudes, realizar un taller y saber escuchar.
La escuela no se trata solo de un proyecto democrático, accesible para todas y todos de forma gratuita y con una variada programación artística para sus participantes; la escuela crece en la calle, en las plazas, en las estaciones del tren, con una política de intervención que posibilita la existencia, el acceso, el disfrute y la circulación por el espacio público, territorio que es de uso común y donde convergen las diferencias (educacionales, socioeconómicas, étnicas, laborales, etc). Se sostiene con las manos de padres, madres, estudiantes, docentes, directivos, vecinas y vecinos voluntarios que fueron configurando y construyendo a medida que se fortaleció la escuela como un espacio propio y de la comunidad.

En el marco de los 15 años el esfuerzo se acentúa en fortalecer el Movimiento de Cultura Viva Comunitaria para que más escuelas populares sigan brotando como semillas por todo el país y que hayan políticas públicas que acompañen estos procesos, porque espacios como El Cántaro transforman significativamente la vida de las personas.