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Agenda cultural

Diáspora “blanca”: migraciones rusas a Paraguay

Organizado por el Centro Cultural de España “Juan de Salazar”, se desarrolla actualmente un ciclo de conferencias sobre diversas migraciones al Paraguay entre los siglos XIX y XXI. Uno de los flujos migratorios más significativos fue el de los “rusos blancos”, quienes abandonaron la “madre Rusia” tras el ascenso de los bolcheviques al poder. El tema será abordado por Luis Verón.

El general ruso Juan Belaieff. Cortesía

El general ruso Juan Belaieff. Cortesía

En octubre de 1917, el estruendo rojo de la hoz y el martillo fue indudablemente un fenómeno decisivo y traumático en la historia de Rusia. La profunda desigualdad social y económica y la obsolescencia del zarismo como régimen político desembocaron en una serie de revueltas militares y populares que resultaron en el ascenso al poder de la facción bolchevique.

Un mundo comenzaba a rasgarse para los partidarios del antiguo régimen, lo que generó una estampida migratoria en los siguientes años. Este flujo migratorio no tuvo orden, pues se esparció tanto a diferentes regiones de Europa como de otros continentes, entre ellos América.

Si bien estos migrantes tampoco eran uniformes en su identidad cultural y lingüística, pues procedían de diversas regiones del vasto territorio imperial, fueron conocidos en el destierro como “rusos blancos” a causa de su pertenencia al Ejército Blanco que se opuso a la insurrección liderada por Vladimir Lenin.

A Paraguay llegó un importante contingente, en su mayoría de cierta alcurnia, aunque también se contaban nobles, burgueses, científicos, artistas, técnicos y maestros.

En nuestro país las circunstancias históricas concedieron un papel particularmente significativo a los inmigrantes militares, quienes prestaron ayuda en la Guerra del Chaco. Nombres como Aleksandr Pintonevich Smirtrov, Sergio Salskin, Basilio Serebriakoff y Boris Casianoff son especialmente recordados, aunque acaso el más célebre sea el general Iván Timoféievich Beliáiev, mejor conocido como Juan Belaieff (1875-1957), descubridor, entre otras hazañas, de la laguna Pitiantuta.

La contribución rusa también se reflejó en años posteriores a la contienda bélica, tanto en el desarrollo cultural, artístico y educativo de Asunción (teatro, danza, ingeniería) como en la fundación de colonias en la región de Itapúa, dedicadas a la agricultura y el comercio.

El Patriarca Kiril, cabeza de la Iglesia Ortodoxa Rusa, visitó Asunción en 2016. Cortesía

El Patriarca Kiril, cabeza de la Iglesia Ortodoxa Rusa, visitó Asunción en 2016. Cortesía

El rincón de la nueva Rusia

Como tantos otros, Belaieff se marchó de Rusia tras la revolución de 1917, habiendo sido un héroe de la Primera Guerra Mundial. Exiliado en Paraguay, según cuenta en sus memorias, tituladas Notas de un exiliado ruso, intentó crear una comunidad que acogiera a otros emigrantes. Tal es así que, en la década de 1920, compatriotas suyos radicados en París tuvieron noticias de nuestras tierras por el periódico Paraguay, escrito en ruso y publicado en Francia por Belaieff. En sus páginas, el general les exhortaba a dirigirse a este exótico y desconocido país sudamericano para construir juntos “una nueva y pequeña Rusia”. Cada número exhibía un sugestivo lema destacado, que rezaba: “Europa le falló a la esperanza rusa. Paraguay es un país para construir un futuro”.

Durante la Guerra del Chaco, según cuenta Boris Martínov en su libro Paraguay ruso, Belaieff dirigió 13 expediciones al Gran Chaco, por entonces poblado por tribus macás, con quienes estableció un estrecho vínculo, cuyo origen muchos historiadores rastrean en la fascinación que el militar ruso sentía por las culturas indígenas desde su infancia. Los macás llegaron a llamarlo “Padre Blanco” y, tras su muerte, transportaron su cuerpo a un mausoleo en su zona, con el fin de adorar su espíritu como a una deidad.

Tiempo atrás, Belaieff había escrito: “Me gustaría encontrar un rincón donde todo lo sagrado que creó la santa y eterna Rusia pudiera ser preservado, como lo hizo el Arca de Noé durante el diluvio hasta que llegaron tiempos mejores”. A juzgar por varios indicios de su vida, tal lugar pudo haber sido Paraguay.

Tras las huellas rusas

Mucho del deseo fundacional de Belaieff se realizó. Quien sepa mirar advertirá siempre, en cualquier paisaje citadino, los rastros de las manos que erigen la cultura de una comunidad. La vida de Asunción transcurre por venas bautizadas con nombres alusivos a muchos de estos inmigrantes venidos del este de Europa. También en ciudades del sur del país, especialmente en Encarnación, perdura cierta fisonomía que es, en parte, herencia del flujo de inmigrantes rusos llegados en las primeras décadas del siglo XX. Pero ¿y esas otras huellas? ¿Qué pasa con esas que pueden desvanecerse si uno no se pone a buscarlas con la curiosidad del que husmea en los caminos sinuosos de la frágil memoria?

Quizás algunas pistas se nos revelen en la conferencia que Luis Verón [1] ofrecerá sobre el tema el próximo jueves 15 de septiembre como parte del ciclo Migraciones al Paraguay entre los siglos XIX y XXI, coordinado por el historiador español Eduardo Tamayo Belda. La charla, prevista para las 17:00 horas, será transmitida a través de este link.

Luis Verón. Cortesía

Luis Verón. Cortesía

Luis Verón se ha especializado en el peculiar caso de la migración rusa a Paraguay. Como parte de sus investigaciones, ha tenido acceso a documentos y testimonios que acaso puedan proporcionarnos una visión más clara acerca de este fenómeno, que hoy en día parece suceder de nuevo, bajo otra dinámica y por otros motivos, pero situando a Paraguay como una especie de destino magnético para migrantes europeos.

Con motivo de su próxima conferencia, el investigador nos comenta que una perspectiva interesante a partir de la cual se puede abordar el fenómeno migratorio ruso a nuestro país es la proposición hecha por Belaieff, quien invitó a sus compatriotas apátridas a refugiarse en el país. No obstante, también indica como fuentes imprescindibles, las cuales consultó, obras de Lucía Giovine, Igor Fleischer, testimonios del Roberto Sispanov, ya fallecido, de Roberto Zub, e informes de las expediciones de Belaieff.

La revisión de estas fuentes revela la multiplicidad de sitios de origen de donde provinieron los migrantes, que acabaron instalándose en América del Sur: Ucrania, Georgia, Crimea, Bielorrusia, Siberia. “Se instalaron en muchos países, pero lo estudiado en este caso se centró en el aluvión llegado al Paraguay desde mediados de los años 20 y parte de la década siguiente, así como su aporte a la vida económica, social y cultural del país, en la actividad científica y, fundamentalmente, en el ámbito militar, durante la Guerra del Chaco”, señala Verón.

Con respecto a los rasgos salientes, a nivel sociológico o cultural, de estos migrantes, Verón indica que demostraron una gran capacidad de adaptación. “No tenían mayor alternativa que adaptarse a la realidad paraguaya o de sus nuevos entornos geográficos y políticos. Eran inmigrados con alto nivel académico, artístico y militar de los más diversos rangos. Técnicos muy bien calificados que, cada uno en su área y actividad, aportaron lo suyo al país y fueron de suma utilidad sin distinciones”.

Las primeras comunidades que se crearon en Paraguay se emplazaron en Asunción, compuestas mayormente por militares, catedráticos y artistas, y en el sur, en Encarnación y sus alrededores, en donde se instalaron colonos agricultores, comerciantes y algunos industriales, que dieron la fisonomía actual de la zona.

Luis Verón también menciona que fueron numerosos los aportes de la comunidad rusa al Paraguay. Algunas de las personalidades tuvieron un papel relevante en la contienda contra Bolivia. “Muchos fueron los rusos que pelearon a favor del Paraguay, tanto en el frente como en la retaguardia. En gratitud, sus nombres están patentes en la nomenclatura vial de las ciudades, como Chircoff, Salaskín, Weiss, Goldsmith, Kanonnikoff, Malutín y otros. También se pueden mencionar artistas como la princesa Nadine Tumanoff y Tala Ern Retivoff, que incorporaron la enseñanza del canto lírico y la danza clásica en nuestro ambiente; matemáticos como Visokolán, Bobrovsky, fundador de la Facultad de Ingeniería de la Universidad Nacional de Asunción; científicos como Krivoshein, y un sinnúmero de personalidades”.

Consultado en torno al ámbito de las relaciones internacionales, Verón nos explica que, con el advenimiento de la Guerra Fría, pese a que Paraguay acogió a un importante flujo de migrantes rusos en las décadas de 1920-1930, la diplomacia con la entonces Unión Soviética fue casi inexistente. “Ya en la época del lopismo se dieron relaciones epistolares. Pero puede decirse que no hubo relaciones diplomáticas, considerando la realidad política característica y adversa de entonces. Un relacionamiento efectivo, incluso con representación diplomática, se dio luego de la caída del régimen comunista, hace algo más de tres décadas, con el establecimiento de embajadas bilaterales”.

 

Nota

[1] Luis Verón es periodista e investigador de la Historia. Nació en San Miguel, Misiones, en 1960. Cuenta con numerosas publicaciones, entre las cuales podemos mencionar Inmigrantes que el Paraguay adoptó, La Guerra del Chaco: un dramático episodio de la historia americana , Diario histórico del Paraguay, Pequeña enciclopedia de historias minúsculas del Paraguay, Carlos Antonio López,  Gobiernos y gobernantes del Paraguay y El pájaro verde. Además de sus trabajos periodísticos, ha colaborado en la documentación histórica de programas televisivos del Departamento de Teleeducación del Ministerio de Educación y Culto y de productoras nacionales.

 

 

* Cave Ogdon (Asunción, 1987) es escritor. Ha publicado cuentos y novelas. Algunas de sus obras son Los incómodos (Arandurã, 2015, mención honorífica certamen literario Roque Gaona), Papeles de encierro (Arandurã, 2017), Luz baja (Aike Biene, 2018) y Perros del pantano (Póra, 2021).

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