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Mariscal López, la reivindicación de un héroe

López a caballo: Bernardet (atribuido). Retrato escuestre del Mariscal Francisco Solano López, ca. 1865. Cortesía

López a caballo: Bernardet (atribuido). Retrato escuestre del Mariscal Francisco Solano López, ca. 1865. Cortesía

Sin lugar a dudas, las anécdotas y pintorescos episodios vividos en la época de la Guerra de la Triple Alianza son generalmente atrapantes, y uno podría estar horas leyendo sobre aquellos tiempos. El Mariscal López, un personaje que marcó la historia paraguaya, ha sumado miles de lectores a El Nacional, luego de un pintoresco relato que fue socializado por este medio en marzo pasado, cuando se recordaba un año más de su muerte:

El 1 de marzo de 1870, a orillas del Aquidaban-nigui, fue asesinado por tropas brasileras el presidente de la república Francisco Solano López. Con la mitad del cuerpo en el arroyo y una herida mortal en el bajo vientre, fue intimado a rendirse, ante su respuesta negativa fue rematado de un tiro por la espalda. Así terminó la fatídica Guerra del la Triple Alianza, suceso cumbre de nuestra historia nacional.

Luego se vino la proscripción. El Mariscal fue puesto fuera de la ley por los primeros gobiernos paraguayos instaurados durante y después de la guerra. El odio hacia la figura de López se transformó en discurso y posición oficial durante décadas. A fines del siglo XIX, el país vivía ya las luchas políticas y las eternas discrepancias entre colorados y liberales. En ese contexto, apareció el intelectual Enrique Solano López, uno de los hijos del Mariscal y la irlandesa Elisa Alicia Lynch. Enrique fue testigo del asesinato de dos de sus hermanos en Cerro Corá. A muy corta edad se prometió desagraviar a su padre.

En 1902 empezó el largo proceso de reivindicación lopista, que con el tiempo impuso a López en el corazón de sus compatriotas. En Argentina, Bartolomé Mitre, quien fuera comandante de las fuerzas aliadas al inicio de la guerra, publicó una serie de artículos referentes a la contienda. Un joven docente y periodista paraguayo, Juan E. O’leary, tomó la decisión de contestar a través de sus “Recuerdos de gloria”, glorificando al soldado paraguayo y a su comandante. Esto a su vez encendió la famosa polémica Cecilio Báez–O’leary, ocurrida entre 1902 y 1903, hecho que cambió definitivamente la forma de contar la historia del Paraguay.

Una generación de paraguayos, la más brillante de nuestra historia, rescató el aspecto épico de López. Para ellos, muchos nacidos en los años de la contienda, las cuestiones eran claras: bajo las condiciones que cargó el Tratado Secreto al Paraguay, López representó a la causa nacional.

El discurso lopista logró sus objetivos, y para festejar el centenario del Mariscal en 1926, miles de personas salieron a las calles para participar de todo tipo de eventos, en el centro histórico de Asunción y otros puntos del país. Al Partido Colorado, que había abrazado definitivamente la reivindicación del héroe, lo acompañaba parcialmente el Partido Liberal con gran número de referentes. En julio de aquel año, los diputados liberales Pablo Max Ynsfrán (nieto del último defensor de Ybycuí), Miguel Duarte y Eusebio Lugo presentaron un proyecto de ley que derogaría los decretos y leyes promulgados contra López a poco de concluida la guerra. El día de la presentación del proyecto se realizó una congregación popular donde miles de paraguayos vivaron al Mariscal y a los veteranos de la guerra. La Cámara de Diputados, constituida en su totalidad por liberales, aprobó el proyecto. Dado que el mismo no fue tratado en la Cámara de Senadores, los decretos contra López continuaron vigentes a pesar del sentir nacional.

Sin embargo, los himnos al Mariscal comenzaron a trascender meses antes de la Guerra del Chaco. El pueblo paraguayo llegó unido y con una identidad completamente recuperada. El nacionalismo que encumbró a López preparó al espíritu nacional para la contienda contra Bolivia. Aún proscripto, uno de los regimientos paraguayos fue bautizado con el nombre del Mariscal, su nombre fue aclamado por los combatientes que fueron a defender el Chaco.

A más de seis décadas de terminada la Guerra Guasu, por decreto número 66, del 1 de marzo de 1936, el presidente provisional Rafael Franco ordenó la cancelación “para siempre de los archivos nacionales de todos los decretos-libelos dictados contra el Mariscal López” y declaró “héroe nacional sin ejemplar al Mcal. Pdte. de la República del Paraguay don Francisco Solano López, inmolado en representación del idealismo paraguayo, con sus últimos soldados en la batalla de Cerro Corá, el 1 de marzo de 1870”.

La reivindicación plantó bandera de victoria

Hoy, lejos del dolor paraguayo heredado de la contienda, deberíamos buscar comprender el contexto en que lucharon aquellos valientes; comprender la magnitud del sacrificio que aceptaron; comprender la importancia de la causa que defendieron. “Vencer o morir”, López cumplió con la promesa, su pueblo también, legándonos un ejemplo estupendo de dignidad y patriotismo.

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