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Los surucuaes, habitantes coloridos y sonoros del bosque

Las selvas y bosques tropicales y subtropicales de las Américas tienen unas aves muy llamativas por sus colores, también por unas vocalizaciones muy particulares que se oyen a distancias importantes, conocidas con el nombre vernáculo de “suruku'a”. Foto: Hugo del Castillo.

Las selvas y bosques tropicales y subtropicales de las Américas tienen unas aves muy llamativas por sus colores, también por unas vocalizaciones muy particulares que se oyen a distancias importantes, conocidas con el nombre vernáculo de “suruku'a”. Foto: Hugo del Castillo.

POR Alberto Yanosky
Director EIISA (Estructura Interdisciplinaria de Investigación Integral Socio-Ambiental) - UNAE.

Las selvas y bosques tropicales y subtropicales de las Américas tienen unas aves muy llamativas por sus colores, también por unas vocalizaciones muy particulares que se oyen a distancias importantes, que se conocen con el nombre vernáculo de “surucuá”, y pertenecen al grupo de los trogoniformes, es decir, tienen forma de “trogon”. Este vocablo fue el nombre que se le dio a un grupo de aves en el tratado de Ornitología de Jacques Brisson en 1760. Parece que el nombre trogon deriva del griego y significa mordisquear, y representaría un hábito de estas aves para agujerear árboles o termiteros para construir sus nidos. Los trogoniformes tienen un miembro, pariente de los surucuaes muy famoso, y este pariente es el quetzal. El quetzal se dice que es una de las aves más bella de las Américas, y es el ave sagrada de México, tan famosa es esta ave que le dio nombre a la moneda de Guatemala.

Surucuá amarillo (Trogon rufus). Se diferencia de los demás surucuá por su vientre amarillo y cabeza y pechos de color verde brillante. Además, es más oculta y un poco más difícil de ver que las otras dos. Prefiere los estratos bajos y medio en bosques húmedos de la Región Oriental. Se encuentra Amenaza de extinción a nivel nacional. Foto: José María Paredes.

Surucuá amarillo (Trogon rufus). Se diferencia de los demás surucuá por su vientre amarillo y cabeza y pechos de color verde brillante. Además, es más oculta y un poco más difícil de ver que las otras dos especies. Prefiere los estratos bajos y medio en bosques húmedos de la Región Oriental. Se encuentra amenaza de extinción a nivel nacional. Foto: José María Paredes.

Qué lindo sería que todos nosotros en nuestros países conozcamos y cuidemos a los surucuaes, aves tan vistosas y cantoras. Paraguay tiene en sus bosques especies de surucuaes o suruku’a como se los conoce en guaraní. El suruku’a tata o surucuá aurora (Trogon curucui), el suruku’a o surucuá común (Trogon surrucura), y el suruku’a sa’yju o surucuá amarillo (Trogon rufus). Parece que estas aves se asocian a algunos árboles particulares del bosque en los cuales se las suele ver posadas a poca altura, son muy arbóreas, alimentándose de insectos y de frutas, son en general, poco voladoras, haciendo vuelos rápidos entre el bosque. Difícilmente se las vea en el suelo o en la hojarasca. Su plumaje es suave y siempre colorido, con diferentes tonalidades y marcado dimorfismo sexual, es decir hembras y machos, normalmente son diferentes. Sus picos son anchos y tienen patas débiles. Las tres especies son importantes dispersoras de semillas, al ingerirlas con los frutos y luego eliminarlas en el bosque permitiendo la regeneración del mismo.

Surucuá común (Trogon surrucura). Aunque a veces se expone fuera del bosque, comúnmente es bastante pasivo y oculto. En temporada reproductiva es común escucharlo vocalizar durante todo el día con su aflautado y repetido guío... guío... guío... Foto: JM Paredes.

Surucuá común (Trogon surrucura). Aunque a veces se expone fuera del bosque, comúnmente es bastante pasivo y oculto. En temporada reproductiva es común escucharlo vocalizar durante todo el día con su aflautado y repetido guío… guío… guío… Foto: JM Paredes.

El suruku’a común es quizás el más conocido y hasta habita bosques degradados. Mide unos 26 cm de longitud y el macho adulto tiene plumas brillantes, cabeza y pecho azulados, mejillas y garganta negruzcas, lomo verde a turquesa, y alas salpicadas de blanco. Es una especie que compartimos con Argentina y Brasil. El suruku’a tata tiene una mayor área de distribución, más chaqueño y del pantanal, extendiéndose hacia Bolivia, Brasil y Perú, llegando hasta Ecuador y Colombia, pero también habitante del noroeste argentino. Este surucuá conocido también como surucuá aurora, es un poco más pequeño, de unos 24 cm, y tiene un marcado anillo alrededor del ojo de color azul o gris azulado, de cara negra, de lomo y pecho verde oliva brillante en el macho y pardusco en la hembra. Parece que los colores varían a medida que habitan zonas más altas. El suruku’a sa’yju o surucuá amarillo también llega a Paraguay por el este y tiene una distribución disyunta, es decir que tiene diferentes áreas de distribución en el mapa latinoamericano, llegando desde Argentina y Paraguay hasta Centroamérica. Es más chico que los otros surucuaes, pero no mucho más. En esta especie, el macho tiene cabeza verde, pecho alto y trasero, cara y cuello negro, y vientre amarillo. La hembra de cara, pecho y trasero pardos, cola rojiza y vientre amarillo. Si bien es una característica de las tres especies, esta es la que más se posa en percha y casi no se mueve.

*Se agradece el apoyo de Tatiana Galluppi, Rebeca Irala Melgarejo y José María Paredes.

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