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Espectáculos

La gestión cultural durante el año de pandemia

La comunidad cultural ha sido una de las más afectadas por la pandemia. La restricción de eventos presenciales llevó a los centros culturales a implementar estrategias diversas para seguir conectándose con sus públicos, más allá de las limitaciones físicas. La mayoría de ellos han desarrollado durante el 2020 variados programas virtuales cuyos alcances, en algunos casos, han resultado sorprendentes, generando una ampliación de audiencias. Un año difícil, imprevisto, con presupuestos mermados y una sensación de vacío, pese al entusiasmo y los esfuerzos volcados en las plataformas digitales. A pocas horas de terminar el año, los responsables de diferentes centros culturales de Asunción comentan cómo han transitado este oscuro período.

Margarita Morselli, directora del Centro Cultural de la República El Cabildo: «El mayor problema que tuvo el Centro Cultural de la República en esta pandemia fue la falta de cercanía con su público. Otro grave problema fue que el presupuesto otorgado al mismo fue modificado y disminuido para los gastos comunes. Y para los proyectos fue prácticamente nulo. Hemos podido hacer muy pocas ediciones de libros y exposiciones. Pero si hay algo que benefició al centro fueron los programas llevados adelante vía Zoom, puesto que la tecnología permite estar presente desde cualquier lugar del país, y también desde el exterior. Espero que este año venidero toda la ciudadanía siga conectada a nuestras redes y pueda seguir creciendo de la mano de nuestros intelectuales, artistas, músicos y gestores que el Centro Cultural de la República acerca».

Como todas las instituciones culturales, el centro tuvo que ajustar su programa anual debido a los cierres decretados por la pandemia. Puede decirse que su actividad principal fue la realización de eventos virtuales. Entre estos últimos, el ciclo Encuentros con la Historia, llevado a cabo con apoyo de la Academia Paraguaya de la Historia, fue el más extenso y con certificación para unas 400 personas, aunque la participación llegó a unas 1.300 semanalmente, de julio a noviembre, en 4 módulos conducidos por profesionales como David Velázquez Seiferheld, Mary Monte Domecq y Guido Rodríguez Alcalá, entre otros. Hubo cursos y talleres virtuales, como los de patrimonio y arquitectura, vestuario para escenario, escritura literaria, herramientas digitales para la educación, entre otros. También la virtualidad se extendió a las visitas a exposiciones, revisiones bibliográficas y entrevistas, divulgadas a través de redes sociales. Una de las actividades más destacadas previstas para el año, la Bienal Internacional de Arte Contemporáneo, BIAC, con el arte indígena como eje principal, fue pospuesta para el 2022. La Orquesta Sinfónica del Congreso transmitió sus eventos a través de las redes sociales y en noviembre presentó la Revista Musicológica de la OSIC. El Centro Cultural de la República cierra el año con una gran pérdida, ocasionada por el incendio que afectó parte de sus instalaciones la noche de Navidad.

Angie Duarte, directora general de Cultura y Turismo de la Municipalidad de Asunción: «Desde CulturaAsu nos encontramos realizando acciones con el objetivo de reactivar el sector cultural, así es que el mes de marzo iniciamos el ciclo cultural Nde Rógape, que permitió a los ciudadanos disfrutar todos los días del arte en la comodidad de sus hogares con diversas actividades transmitidas desde las redes sociales. Gracias a la era digital, ya que nos vimos obligados a reinventarnos, encontramos las redes como una herramienta fundamental no solo para llegar a nuestro público habitual, sino para poder expandirnos y ampliar nuestro alcance a nivel nacional, a sectores que no tenían acceso a un concierto, a una obra de ballet, etc. Además, también pudimos llevar nuestro arte a nivel internacional. Un año verdaderamente atípico, diferente y muy incierto nos tocó vivir, pero no nos permitimos bajar la guardia y luchamos entre todos. No fue fácil, y menos en el sector cultural; los eventos se suspendieron, los teatros, galerías, centros culturales se cerraron. Necesitábamos del arte, la cultura no podía parar, pero decidimos reinventarnos en formato virtual».

Con respecto a las actividades del Centro Paraguayo Japonés, cuya dirección está interinando, dice que fue un año positivo, con «muchas actividades virtuales, clases gratuitas de gimnasia y clases virtuales de idioma. Se volvió a brindar un espacio para los adultos mayores, clases de computación y clases plásticas. Recibimos una donación muy importante del gobierno de Japón para renovar los equipos de gimnasia artística. Fue un año exitoso, pese a todo. Esperamos durante el 2021 volver a abrir las salas de teatro. Este año sólo pudimos hacer grabaciones de algunos shows de artistas para compartirlos con el público».

Fernando Fajardo, director del Centro Cultural de España Juan de Salazar: «Este año ha sido muy extraño. Nosotros, como centro cultural, no solamente cubrimos un espacio recreativo, sino que una de nuestras funciones es también ser una plataforma de formación de las audiencias, formar al público. El público es el elemento esencial, la salsa del acto cultural, de cualquier evento. Evidentemente, la falta de público deja en un sinsentido, el actor se queda sin trabajo y el público no puede crecer. La cultura es un vehículo para estar en el mundo, para enterarse, para adoptar una posición crítica. De alguna manera, lo que se produce en todo este fenómeno es un extraño estado de hibernación; los aparatos quedan en stand by, suspendidos. Hay una especie de paréntesis, se detiene el tiempo y las personas no son las mismas; además, ha habido un deterioro. Al final se socavan un poco las estructuras, que son los gremios, las instalaciones de cultura. Y este socavamiento afecta particularmente a la cultura, porque es siempre la Cenicienta, uno de los elementos más débiles no solamente de los presupuestos del Estado, sino de todo el sistema social. No obstante, toda esta resaca que ha tenido el tsunami que ha venido a devastar de cierta manera el espacio de la cultura ha tenido aspectos positivos que se han puesto de manifiesto con la solidaridad que han tenido los artistas entre sí, y ha ayudado de cierta manera a unir voluntades y sindicarse».

«Es cierto que las crisis y la precariedad agudizan el ingenio, que el talento de los agentes culturales ha encontrado otras formas de expresarse. Hemos visto maneras ingeniosas de resolver la crisis y una de ellas ha sido la virtualidad. Esto, para mí, ha tenido un resultado inesperado, que es una de las cuestiones que yo destacaría: ha permitido a espacios pequeños, que normalmente comparten entre pares sus experiencias, conocer personas de otros países con las mismas inquietudes (como ha sucedido con los cursos sobre conexiones musicales, literatura o crítica). Desde este punto de vista destacaría una iniciativa, Redes del Sur, llevada a cabo por varios centros culturales, que pone en valor el hecho de trabajar desde abajo y escuchar la cultura como necesidad. Es verdad que ha habido necesidades asistenciales de primer orden, pero también la cultura ha sido un elemento aglutinador y unificador dentro del drama».

«Esa idea de panamericanismo, o como se quiera llamar, de espíritu regional, ha venido dado por la virtualidad. Destaco la solidaridad entre los pares del sector cultural, el ingenio y el talento que se ha tenido para buscarse la vida. Estos elementos han aflorado en esta coyuntura; si no se hubiera dado probablemente las formas de expresión hubieran sido otras. Supongo que dejará lecciones importantes para poder afrontar lo difícil. Curiosamente, esta situación ha ayudado a que ciertos sectores culturales se conozcan en el exterior y se comuniquen. Nuestra acción cultural ha sido apuntalar esta parte formativa y esta creación de grupos, así como apoyar  iniciativas de comunidades. La utilización de la virtualidad nos ha hecho afinar y mejorar la calidad de la oferta y las formas de comunicar el arte a través de la imagen y el sonido, que se han visto beneficiadas como vehículos mayores que la presencialidad. Al final, hemos aprendido a hacer como si estuviéramos allí. Pero bueno, toda esta ficción de estar sin estar es también desgastante. Sin el calor humano y toda esa dosis de afectividad no tiene sentido en gran parte el quehacer cultural».

Gabriela Meza, coordinadora del Departamento Cultural del Centro Cultural Paraguayo Americano: «Iniciamos muy bien el año, como todos, con un programa emblemático del CCPA, el ciclo de cine paraguayo, seguido de otro, organizado por la fundación Cinemateca, sobre clásicos del cine. También se dio un taller de videojuegos, y en la galería Agustín Barrios una exposición de arte interactiva, muy novedosa, presentada por un grupo de jóvenes artistas. En marzo asumimos el desafío de la pandemia, reconvirtiendo algunos de los programas ya concebidos para la temporada en actividades en línea. En algunos casos reorientamos las temáticas. Hicimos varios ciclos de charlas durante el año, la mayoría sobre historia. Con el Centro Paraguayo de Ciencias Históricas, un ciclo sobre epidemias y pandemias en Paraguay y otro sobre el 150º aniversario del fin de la Guerra de la Triple Alianza. La otra línea de trabajo fueron los talleres sobre cómics e historietas, con apoyo de la Embajada de Estados Unidos, con más de 400 aspirantes para 45 plazas, con un experto paraguayo y otro estadounidense. Nuestro concurso de poesía culminó con una publicación, en alianza con Amigos del Arte. También hubo programas de performing arts, los conciertos en línea. Tenemos hace 15 años dos agrupaciones musicales, el CCPA Jazz Quintet y la Orquesta Juvenil de Cámara; ambas se vieron afectadas en los ensayos, pero seguimos ofreciendo al público conciertos de temporadas pasadas y grabaciones de los músicos desde sus casas».

«Las obras de teatro y de danza también se vieron muy afectadas, pero igualmente pudimos hacer una grabación en el teatro, y finalmente en octubre y noviembre, cuando se pudo, se presentaron dos obras con directores de primer nivel, Raquel Rojas y Agustín Núñez, con público limitado. La galería siguió activa con dos exposiciones de fotografías de jóvenes artistas, que también están alojadas en la página web del CCPA. La última fue Umbrales, que cerró hace unos días. Fue un año difícil, pero nos acercó a un público al que llegamos con ciertas limitaciones, como fueron los participantes de otras ciudades del país, del interior. Y también a un público de la región, sobre todo en las charlas de historia, en las que participó gente de Argentina, Brasil y Estados Unidos. Se amplió nuestra capacidad de alcance. Creo que estamos listos para enfrentar un 2021 con actividades semipresenciales y en línea; fue un ensayo y un empujón, convencidos por supuesto de que la cultura es lo que da sentido a nuestras sociedades y nos acercó dentro del marco del encierro».

Clotilde Cabral, directora del Centro Cultural de la Ciudad Carlos Colombino: «Para la Manzana de la Rivera, como para todo el mundo, este fue un año atípico, complicado y raro. Pero campeamos con nuevas estrategias y aprendizajes. Nuestros ejes principales fueron cumplir y hacer cumplir estrictamente el protocolo sanitario y cuidar la salud física y mental de nuestros funcionarios, haciendo que los exceptuados y con enfermedades de base queden en sus casas y los que asistieron tuvieron que adecuarse al nuevo modo Covid de vivir. Los mayores logros fueron recuperar la empatía, trabajar igual o más con la mitad de funcionarios y, a falta de público, organizar y restaurar las instalaciones en la medida de nuestras posibilidades, como piso del auditorio y telón ignífugo nuevo, hacer convenios con otras entidades para lograr bebederos, hidrolavadora, secamanos, etc. La mayor dificultad fue la resistencia de algunos funcionarios a creer en el contagio, y concienciar a esas personas. Como todo el mundo, espero que el próximo 2021 podamos asistir todos a nuestros lugares de trabajo con salud y poder abrir nuestras puertas a los usuarios, público y artistas en general. Y que los aplausos dejen de estar en los balcones y regresen a las plateas y los escenarios».

Luis Ocampos Pompa, jefe de la Unidad de Espacios de la Manzana de la Rivera: «A través del ciclo Nde Rógape volcamos todos nuestros contenidos en las redes sociales, que se convirtieron en salas de exposición y de eventos de muchxs artistas locales e internacionales, llegando a un público más diverso y amplio al que tal vez no hubiéramos tenido acceso con las actividades meramente presenciales. Sin embargo, creo que la pandemia puso sobre la superficie muchas falencias y debilidades estructurales en la gestión cultural pública. Lamentablemente, debo decir que para la Municipalidad de Asunción la Dirección General de Cultura no es una prioridad. Somos conscientes de la enorme responsabilidad que tenemos como gestores culturales, profesionales a los cuales la ciudadanía les confía la gestión de las producciones artísticas, el patrimonio, los espacios de generación de pensamiento y de reflexión; pero la tarea se hace muy difícil cuando no se cuenta con todos los recursos, tanto materiales como humanos. Me gustaría pensar que el próximo año será propicio para que las autoridades municipales vean el inmenso potencial que ha tenido el arte durante la pandemia. Es cierto, quizás no hemos resuelto todas las problemáticas sociales que aquejan a la comuna, pero hemos dado la posibilidad de imaginar mundos posibles, mejores que el que actualmente vivimos. En el preámbulo de las próximas elecciones municipales, la cultura no debe ser un tema postergado, debe ser abordado en toda su complejidad, más allá del mero eventismo, y ser valorado en su inmenso caudal para transformar realidades o, al menos, para poder imaginarlas».

Simone Herdrich, directora del Instituto Cultural Paraguayo Alemán-Goethe Zentrum: «Para todos nosotros el inicio de la pandemia fue un shock. Pensamos, como la gran mayoría, que sería algo pasajero. El Instituto Cultural Paraguayo Alemán-Goethe Zentrum no solamente ofrece eventos culturales, sino también la enseñanza del idioma alemán. Gracias a la rápida reacción del equipo docente se pudo adaptar con éxito el sistema presencial al virtual. Mediante esto pudimos llegar a hogares del interior de todo el país, situación que favoreció enormemente la imagen del instituto. En paralelo, los eventos culturales también se mudaron al modo virtual, pero lamentablemente un evento cultural es mucho más enriquecedor cuando la experiencia es presencial. El modo virtual nos priva de la energía grupal. El lado positivo de la virtualidad es que posibilitó la participación en eventos realizados en todo el mundo. Mejoró la comunicación entre los centros culturales alemanes. La organización de seminarios con invitados de diferentes países fue más accesible. Lo virtual nos acerca creando nuevos lazos culturales».

EL ICPA-GZ desarrolló este año, pese a las dificultades, diversas actividades. Entre ellas, las enmarcadas en el programa El siglo de las mujeres, que incluyó conversatorios y entrevistas; celebró con eventos musicales los 250 años del nacimiento de Beethoven; realizó distintos talleres, entre ellos los de cine y cómic, así como conferencias, certámenes y ciclos de cine, entre otros, además de continuar con su serie de publicaciones anuales.

Fredi Casco, director artístico de Fundación Texo: «Como todos los espacios culturales, tuvimos que replantear nuestros programas para poder afrontar este año tan particular. A partir de dos ejes principales, Mostrar el arte y Contar el arte, intentamos seguir llegando a nuestro público, combinando diferentes modalidades de accesibilidad. Así es como la exposición retrospectiva consagrada al artista Feliciano Centurión fue la primera muestra en Paraguay que pudo ser visitada de manera enteramente virtual, hasta que logramos reabrir nuestras puertas al público. También, representó para nosotros un importante logro que Google Arts & Culture haya incluido en su plataforma la exposición El viaje del ojo, una aproximación a los 50 años de la Colección Nasta. Terminamos el año con una muestra dedicada al pintor Víctor Ocampos, un artista que vivió y produjo su obra en los márgenes de la historia del arte paraguayo».

Dominique Scobry, director de la Alianza Francesa: «El gran desafío en marzo de 2020 fue organizar el cambio drástico de la enseñanza presencial a la transmisión del conocimiento de manera remota. Hubo que renunciar a la interacción tradicional entre el profesor y los estudiantes y enfrentarse a las limitaciones técnicas. En realidad, significó reducir un mercado a más o menos el 20% de la población, la cual tiene acceso a la red. Al nivel de la actividad cultural, tuvimos que mantener la sala Molière y la galería durante meses sin los alquileres indispensables para la producción de los sueldos del personal dedicado a estos espacios. 2020 fue sinónimo de perdidas económicas fuertes. Sin embargo, nuevas actitudes aparecieron. Hay que destacar la espléndida capacidad de los profesores para seguir difundiendo el idioma a centenares de personas y se debe mencionar la creación de la plataforma Jahecha para difundir obras teatrales, exposiciones, conciertos y películas, a nivel nacional y no meramente local.  Espero de todo corazón un 2021 más dinámico, recuperando la intensidad de vida anterior al Coronavirus. Aprendimos mucho, pusimos nuevas herramientas a disposición del público, pero extrañamos mucho de lo anterior al confinamiento del 12 de marzo».

Diana Velaztiquí, coordinadora cultural del Centro Cultural Citibank: «El centro trabajó normalmente en dos aperturas este año, durante los meses de febrero y marzo; luego sólo realizó acompañamiento al proyecto Los museos se muestran, de forma virtual (con la exposición El infierno del Chaco). Desde la declaración de pandemia en el país, el centro cultural ha cerrado sus instalaciones y por el momento no contamos con una fecha de reapertura. Dependemos de los delineamientos globales de Citi para el próximo año».

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