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Espectáculos

Raquel Rojas opina sobre la situación del Teatro Municipal

Raquel Rojas, directora de teatro y gestora cultural, con 48 años de labor escénica local  y en escenarios internacionales, da a conocer su opinión sobre la situación del Teatro Municipal, a raíz del comunicado emitido ayer por la Unión de Actores del Paraguay que expone la preocupación del gremio por las condiciones de uso impuestas por la actual dirección del principal coliseo asunceno.

Rojas, quien durante 2020, el año de la pandemia, estrenó en forma presencial y virtual las obras El Galpón, de Hugo Herrera, y El sonámbulo, de Roa Bastos, desarrolló también un proyecto editorial que culminó con la publicación del libro-álbum Aty Ñe’ẽ. El teatro que siembra futuro, edición documental realizada con El Cabildo y Servilibro.

Su parecer con respecto a las condiciones actuales del Teatro Municipal, llegado en principio como un largo comentario al comunicado de la Unión de Actores del Paraguay aparecido en la edición de ayer, fue luego ampliado por la directora en este texto que nos remitió y que aquí reproducimos:

“Gracias a El Nacional por esta nota, que se hace eco del sector más perjudicado por la pandemia, el sector teatral, el que tampoco tiene una instancia profesional ni en la Comuna ni en el gobierno, aun cuando el teatro es una de las artes la más apreciadas por el público tradicional asunceno.

“¿Hace cuánto tiempo que el público no ve teatro de arte en el Teatro Municipal, ese lugar adonde acudía masivamente, para su deleite, a ver teatro? Les diré: desde que asumieron las últimas administraciones municipales durante las cuales, paradójicamente, el teatro fue dirigido por dos teatristas –destacadas actrices– sucesivamente;  sin embargo, en estos largos años, el teatro ha brillado por su ausencia en las grandes temporadas, y solo se ha reducido a asomar la nariz escénica en marginales temporadas de verano en el Teatro Municipal, pagando a porcentaje de taquilla.

“Sea bajo el gobierno colorado o bajo el de Mario Ferreiro, el Teatro Municipal siguió dando las espaldas al teatro de arte, aquel que el público quiere y reclama, pues es el arte tradicional de la clase media asuncena. La Junta Municipal es sindicada por los administradores por su norma irracional de cobrar noche a noche, sin que el dinero se revierta  en el teatro. Es decir, se recauda con los artistas, con los esforzados artistas de escena; el dinero va a la burocracia municipal y no vuelve para y no vuelve para mantenimiento y operación cotidiana de un teatro cuyos gastos son ingentes. Y, en consecuencia, el teatro esta quedándose nuevamente en hilachas.

“Ahora, ¿puede una dirección y administración teatral y cultural quedarse callada por una década permitiendo la pervivencia de un sistema absolutamente antiartístico, acultural y paupérrimo para los artistas? El que peca por la paga o el que paga por pecar, dice Sor Juana Inés de la Cruz. Y yo diría: el que peca por omisión calla en silencio por la paga.

“Altas personalidades pasaron por esa administración del teatro durante una década, cobraron sus salarios y no elevaron a la junta –con ayuda de los teatristas– ¡ni una sola iniciativa! para brindar a la ciudadanía teatro y a los artistas proveerles del espacio que les corresponde por genuina naturaleza escénica cultural.

“¡Qué extraño! En épocas de la dictadura había más teatro en el Teatro Municipal. Claro, entonces no podíamos entrar los sindicados de bolches, empero hoy, tan democráticos, no podemos entrar ‘las compañías pobres de dinero aunque ricas en propuesta artística’.

“El Teatro Municipal establece una agenda corporativa o comercial. Los espacios que dejan  el Ballet y la OSCA se llenan según agenda comercial, como una vitrina de saldos y retazos al mejor postor. Si pagás, tenés teatro aunque seas un espectáculo de karate o exhibición de cachaca. Dicen que así lo establecen las ordenanzas, y así sigue el destino ineluctable de nuestro primer coliseo, nunca bien recuperado para los teatristas, genuinos habitantes de las tablas en cualquier sitio de la tierra que no sea Asunción, cementerio de las mejores intenciones, políticas y teorías.

“Tampoco se han elevado alternativas, ni siquiera como resultado positivo de una laaaarga cuarentena-pandemia, cuando estuvo cerrado a cal y canto por casi diez meses. ¿No se podría haber pensado, diseñado, soñado, conversado online, hecho lobby en una propuesta organizativa en favor de los artistas, para cuando viniese el tiempo de la recuperación cultural de los espacios, con el público y la ciudadanía? Qué lindo sería que la Junta Municipal estuviera estudiando hoy, en tiempo de reinvención cultural, una propuesta de abrir las puertas del Teatro Municipal al teatro escénico de arte y liberarlo de los goznes financieros que impiden su acceso. Quizás esta pasión por el trabajo -y el sudor- realizado por sus directores en cuarentena hubiera tocado el duro corazón de los concejales y del nuevo intendente, para que se sensibilicen ante la situación de pauperización de los artistas y la tristeza de la ciudadanía, y liberen los goznes económicos que elevaron la cotización de uso en el mercado de valores del Teatro Municipal.

“Pero todo en la vida es sueño y los sueños, sueños son, diría don Pedro Calderón de la Barca, y hoy el teatro, además de oler a humedad y oscuridad, cuesta tan caro como antes de la pandemia y está más cerrado al acceso financiero de los artistas que antes. Si a eso se le suma la maravilla del ‘maltrato’ del que se quejan muchos directores jóvenes y otros que peinan canas, entonces el combo está completo: no solo nada se hizo en largos diez meses de reflexión pagados, sino, como diría alguien, ‘estamos peor que cuando estábamos peor’.

Estamos cerrados por  alto riesgo, fue la frase más oída en la administración municipal, dando pie al pensamiento cuasi discrimado: ¿Será que las administraciones de cultura deberían estar gerenciadas en lo público por gente joven ante la evidencia de una despoblación de funcionarios refugiados en sus casas en esta crisis? Sin embargo, la vara no es la misma para quienes tienen que patear los boulevards de los sueños rotos de la cultura, la sociedad civil y comunidad cultural, entre quienes esta gestora cultural opinante se encuentra.  De alto riesgo o no, hemos estrenado, con una pléyade de actores y actrices y técnicos, dos obras en la temporada de cuarentena, con precauciones sanitarias, para que público y la ciudadanía tengan teatro, presencial y online, con el fin de que el ambiente social eleve su condición espiritual y cultural en estos tiempos oscuros.

“También en los tiempos oscuros, ¡habrá poesía!, decía Bertolt Brecht, mas estos versos le van a los sectores privados de cultura y artes en Asunción, donde el hacer teatro –pese a todo–, en los tiempos sombríos, fue realizado donde hubo lugar, pero seguro no lo fue en el Teatro Municipal.

“Ante los hechos, opino que en tanto no se evalúe al funcionario público por resultados, y este reciba su salario de todas formas, genere o no resultados en pro de los contribuyentes, este funcionario público estará siempre escudado detrás de ordenanzas desafortunadas, con cualquier excusa para seguir con un statu quo negligente. Y nosotros seguiremos pagando nuestros impuestos, que suben anualmente, por grandes carencias de servicios y magros resultados a nuestras necesidades insatisfechas, una de ellas: el teatro y la cultura.

“Y también, qué feo es cuando no se puede ocultar el sol con el dedo. Que altos funcionarios comunales y públicos de cultura, esos que reciben sus salarios aún en pandemia, decrecen en sus misiones públicas y comunales y, sin embargo, crecen en méritos y réditos en sus emprendimientos privados para los cuales no existe la inacción por alto riesgo. Es triste verlo, y da vergüenza ajena decirlo: en dictadura y en democracia, los artistas de la escena tenemos más reclamos que aplausos hacia nuestros administradorxs”.

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