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Silvana Domínguez expone «El tiempo de las luciérnagas»

Silvana Domínguez, "El tiempo de las luciérnagas", 2021. Gentileza

Silvana Domínguez, "El tiempo de las luciérnagas", 2021. Gentileza

El tiempo de las luciérnagas es el nombre de la instalación de Silvana Domínguez que ahora se expone en el nuevo espacio de arte del centro asunceno, «La otra casa de Asterión» (Oliva 638 casi 15 de agosto), proyecto del artista Félix Toranzos.

La obra ocupa el espacio hasta hace poco intervenido por Bernardo Krasniansky con su instalación La siesta, que presentaba toda una habitación de la casa pintada en color cian. En las paredes, ahora movilizadas por el sentido de Domínguez, se traza una constelación. 

En torno a la búsqueda detrás de la obra, Silvana Domínguez comenta: «Tiene que ver con el potencial de la imaginación a través del juego, de esos juegos de niños que hemos olvidado. El despliegue de un hilo dorado, el color cian de la sala que parece adentrarnos a un cielo o un sueño, la luz natural de las ventanas y las sombras que se proyectan dentro del habitáculo. Jugar con las palabras como lo hace Asterión en el cuento de Borges y que el espacio sea envolvente y mágico para quien visite el lugar.»

Domínguez comenta sobre el proceso de creación de El tiempo de las luciérnagas: «Siempre que inicio un proyecto voy a ‘sentir el lugar’, qué me dice el espacio, qué características tiene, sus medidas, la luz, su olor, sus sonidos. En este caso, la idea partió de un retrato infantil tallado en la pared en la entrada de la sala con una caligrafía de niño que dice ‘Retrato de Félix’ y en un ida y vuelta con Toranzos él me preguntó si me gustaba ‘su nuevo juguete’, refiriéndose a la casa mirador que estaba siendo habitada por él y sus cosas, su colección de arte. En ese momento la sala no estaba pintada y tenía muchos clavos antiguos y agujeros que se acentuaron aún más luego de que Krasniansky la pintara de turquesa, mi color preferido. Ahí vi la posibilidad de tejer con hilos, en la pared, una constelación de luciérnagas, Kairós (en griego es el tiempo de calidad o momento oportuno en que algo especial sucede, como cuando un niño tiene un juguete nuevo)».

Silvana Domínguez, "El tiempo de las luciérnagas", 2021 © Félix Toranzos

Silvana Domínguez, «El tiempo de las luciérnagas», 2021 © Félix Toranzos

Otras obras de Domínguez han trabajado la imaginería de la constelación previamente. Alrededor de esta y otras inquietudes, la artista dice: «Tomé un curso de astronomía con el profesor Blas Servín. Además de las lecturas de textos como La supervivencia de las luciérnagas, de Georges Didi-Huberman, y La casa de Asterión de Borges, entre otros. La instalación La siesta de Krasniansky indicaba un momento del tiempo y me encantó la posibilidad de seguir trabajando otros tiempos con mi instalación. El tiempo de las luciérnagas es el tiempo de la imaginación, de muchos tiempos posibles y de uno intermitente en particular, donde los destellos de lo humano vuelto comunidad como constelación puedan significar un tiempo de resistencia, de imágenes que nos permitan un tiempo más esperanzador».

Sobre la relación entre esta instalación y su trabajo anterior, Silvana Domínguez cuenta: «Toda mi obra gira en torno a lo lúdico y a lo participativo. Mirando atrás, mi obra Mensura (2017), con un gran mapa de Asunción, fue el resultado de dos acciones previas, una en el año 2011 y otra en 2016; formaba una constelación de personas, una red ad hoc de 48 personas del arte. También trabajo con las palabras, con textos de escritores que me gustan o escritos míos, me agrada jugar con las etimologías, o desmontar taxonomías, certezas, y poder cuestionarlas y mostrar la arbitrariedad del lenguaje. Amo el acontecimiento, la sorpresa, la fiesta, por eso tal vez siempre busco que la instalación envuelva a las personas, que debas transitar dentro de, o sentirte abrazado y acogido».

«Recuerdo que una vez metí la enredadera de jazmín de mi casa a un museo y armé un nido: Anidar extramuros. Mensura era una carpa de fiesta con mapa y textos dentro. Enciclopedia tenía un laberinto que se debía transitar y en Microtopias debías cruzar un portal y subirte a una silla de dos metros y ver todo desde otra perspectiva. Mi obra siempre nace de cosas que leo, textos literarios (ensayos, cuentos y poesía) y filosofía principalmente, que queda en stand by en mi cerebro por un tiempo. Después voy al super y encuentro una lata de Sopa Campbell o una sandwichera de Warhol y la convierto en obra. Las cosas siempre me terminan encontrando a mí, y no me queda más que jugar y disfrutar por sobre todo.»

Retomando la noción del juego la artista finaliza: «‘El arte es un juego entre los hombres de todas las épocas’ decía Duchamp. El juego es algo que debe ser tomado bien en serio porque desnuda siempre una paradoja, por eso jugar es un acontecimiento, un descubrimiento, y quien intenta hacer arte no debe privarse de esa posibilidad».

La instalación puede ser visitada con previo agendamiento a través del contacto 0971121200, de 15:30 a 19 horas, de martes a sábados, e inclusive domingo, según se efectúen las visitas.

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