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Cultura

Mensajes políticos concebidos como metáfora fúnebre

Con más de cien años de diferencia, dos gestos simbólicos generan amplia repercusión.

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En medio de nubarrones cada vez más cargados de crisis política, los ojos, los sentidos, la atención mediática, se desplazaron hacia el Oratorio de la Virgen y Panteón de los Héroes. En las paredes del recientemente restaurado monumento –pensado como el altar de la patria de los gobiernos militaristas y resignificado en la democracia como hito de reivindicaciones o festejos ciudadanos– un grupo de jóvenes había pintado en letras grandes y con tinta roja frases referentes al Código de la Niñez.

La acción, manifestada como repudio hacia el gobierno por la maniobra militar de la Fuerza de Tarea Conjunta en la región concepcionera de Yby Yaú que derivó –tras un supuesto enfrentamiento con el EPP– en la muerte de dos niñas, ciudadanas argentinas y menores de 11 años, hizo que parte de la ciudadanía, sobre todo asuncena, manifestara su indignación frente a lo que entendía como un atentado contra uno de los más emblemáticos bienes históricos patrimoniales.

Tras mensajes de irritación, enojo y rechazo público, el vallado metálico del Panteón empezó a recibir coronas –adorno floral por excelencia de conmemoraciones póstumas– con una fuerte simbología anclada en la memoria histórica nacionalista: sus varoniles héroes y los hitos vinculados a ellos. El gobierno vio filtrarse alguna luz en medio de tanto gris perturbador y respiró con cierto alivio. La indignación tenía los ojos puestos en los muros del Panteón, manchados de rojo.

Que en paz descanse

En pleno horario de restricción a la circulación impuesta por la sombría presencia del coronavirus, la calle 25 de mayo debió estar, entrada la noche, silenciosa y desierta, pese a que en el cruce con Tacuary se encuentra la sede del partido de gobierno, la Asociación Nacional Republicana. En solitario, la enorme mole roja vio llegar tres coronas fúnebres con la misma simbología que exhibían las del Panteón pero, en pleno campo de las metáforas, con un accionar y un pulso muy diferentes.

Espontáneas y anónimas, en la vereda, colocadas sobre soportes de madera, las tres portaban mensajes relacionados al gobierno y su vínculo histórico con el Partido Colorado. En una de ellas se podía leer “Que en paz descanse. Paraguay 1954”, en alusión directa a la era del general Alfredo Stroessner (1954-1989), traída al presente por el ajusticiamiento de las niñas en el Norte, resultado de un turbio operativo militar que remitía a las ejecuciones extrajudiciales y al quiebre del Estado de Derecho en dictadura. En otra se leía “Vándalos de la patria”, inquietante afirmación que invitaba a pensar sobre las heroicidades, sobre el discurso histórico, sobre las construcciones asignadas al Estado-Nación ¿Quién es héroe? ¿Quién no lo es? ¿Qué es la patria? Pero también sobre responsabilidades directas: el Partido Colorado lleva gobernando el Paraguay poco más de 60 años, casi ininterrumpidamente. La tercera corona, mucho más directa, aludía al presupuesto anual de la Fuerza de Tarea Conjunta en operaciones en el norte del país –14 millones de dólares– y a un hecho contundente: la muerte de las menores.

No fue extraño que permanecieran brevísimo tiempo en la calle, antes de ser denunciadas y retiradas por la Policía Nacional. Se cumplía así otro de los elementos necesarios para una instalación de arte contemporáneo: lo efímero. Lo interesante en este caso es que no fue una operación sobre una multitud en cuerpo presente, sino una acción desplegada en un escenario hoy ineludible: las redes sociales y los grupos de Whatsapp.  La ciudadanía vio la performance –ya colectiva– en un registro fotográfico viralizado en las redes.

… sentidos pésames desde Concepción

El mensaje político con simbología fúnebre no es nuevo en el Paraguay. En un lejano 1901 ocurrió algo semejante, aunque poquísima gente pueda vincular hoy ambos hechos. Las características de las dos acciones son muy interesantes –dado que estas se producen con una diferencia de más de 100 años–, incluso para trazar un paralelismo. El punto más importante, evidentemente, es la referencia a un rito de muerte: a lo que se considera como el fallecimiento de las instituciones democráticas, del Estado de Derecho, de lo que la sociedad civil entiende por “patria”.

En mayo de 1901, en medio de una profunda crisis política, una treintena de mujeres concepcioneras envió, como mensaje a uno de los poderes del Estado, sentidas condolencias, utilizando un telegrama de pésame, forma aún vigente de expresar cercanía ante un evento demoledor, como es el fallecimiento, sin la proximidad física a los deudos. En aquella ocasión, no solo el destinatario también era un gobierno colorado sino que la crisis se había desencadenado en el Norte, concretamente en los departamentos de San Pedro y Concepción.

 Dios proteja destino patria

Parece contradictorio, a veces, señalar el punto de inicio de una crisis política en el Paraguay post 1870 cuando, en general, esos años fueron de profunda inestabilidad. Sostenido por un precario pacto político entre colorados y liberales –que incluía bancas en el Legislativo y lugares en el gabinete del Ejecutivo– el presidente Emilio Aceval, quien continuó su mandato sobre la base de una alianza iniciada y presionada por el general Egusquiza, acordó llamar a elecciones entre diciembre de 1900 y febrero de 1901 para cubrir las vacantes en el parlamento correspondientes a 6 senadores y 13 diputados de distintos distritos electorales, capital e interior. Los distritos de San Pedro y Concepción eligieron como candidato al Dr. Cecilio Báez, a quien el oficialismo contrapuso la candidatura de José Segundo Decoud. En los meses siguientes hubo una ola de violencia persistente entre partidarios cívicos y radicales, y entre colorados, oficialistas y caballeristas; pero esta se expresó más desde el partido de gobierno que, además de intimar a los jefes políticos de campaña a imponer la candidatura de Segundo Decoud, utilizó desde el fraude durante el acto eleccionario (voto de menores de edad y extranjeros, alteraciones o desapariciones de actas) hasta el amedrentamiento directo a los pobladores, amenazas, detenciones, confiscaciones y choque de armas.

Como en muchos episodios parecidos en el devenir del Paraguay, es muy difícil medir históricamente el impacto de la violencia en las comunidades rurales del país. Aunque Báez tenía apoyo (pues los liberales lo veían como un opositor de peso al gobierno de Aceval), manifestado en más de una ocasión puesto que las elecciones fueron anuladas, José Segundo Decoud terminó siendo proclamado senador luego de una larga y caldeada sesión llevada a cabo en Asunción el 24 de mayo de 1901. Ese mismo día, a 400 km de distancia, 36 mujeres concepcioneras fueron hasta la estación telegráfica para enviar, expresamente, un telegrama fúnebre que decía así: “Damas paraguayas que suscriben envían sentidos pésames por incorporación senador traidor José S. Decoud. Dios proteja destino patria”. (He oído la afirmación de que las damas concepcioneras enviaron una corona fúnebre a la casa de José Segundo Decoud, pero infelizmente no he podido constatar en la prensa esa información).

Mujeres de la élite de Concepción, entre ellas Elisa Rojas de Quevedo (arriba izquierda), primera firmante del telegrama. Álbum del Centenario. Monte Domecq. Asunción, 1912. Colección Ana Barreto Valinotti.

Mujeres de la élite de Concepción, entre ellas Elisa Rojas de Quevedo (arriba izquierda), primera firmante del telegrama. Álbum del Centenario. Monte Domecq. Asunción, 1912. Colección Ana Barreto Valinotti (Cortesía).

Lo que sucedió después fue un debate señalado por la historiadora Mary Monte –quien lideraba el equipo de investigación que en los años 90 pudo identificar este hecho histórico– como uno de los fundamentales relativos a la participación de las mujeres en el ámbito público.

Aunque antes de la sesión que dio como ganador a Decoud la prensa estaba polarizada entre ambos candidatos, luego de la manifestación de las mujeres el accionar de estas se superpuso a la cuestión política. A partir del día 25, fecha en que se publicaron la crónica parlamentaria y el telegrama, ya no se discutió sobre el fraude o la violencia, sino sobre el hecho de que si una mujer “invadía” el espacio político ello se constituía directamente en una ofensa a su padre, su hermano, su esposo o sus hijos (“la mujer, pasando por encima de la autoridad y prestigio del padre, del esposo, del jefe legal, en fin, de la familia, asumía la representación que en ningún caso le corresponde, que las costumbres sociales y la misma legislación le niegan”, El Cívico, mayo 1901), o a la honorabilidad de los políticos (“El telegrama dirigido al Senado … ultraja groseramente a uno de sus miembros”, La Prensa, mayo 1901) y a las instituciones del Estado (“el respeto que merecen las instituciones del país”, La Prensa, mayo 1901).

Aparecieron artículos con frases tales como “al tener conocimiento del telegrama dirigido por algunas damas de Villa Concepción al Presidente del Honorable Senado Nacional hemos experimentado un dolor profundo, porque ello habla bien poco en favor de quienes se han pronunciado en forma tan extemporánea como apartándose por completo de las bien fidedignas obligaciones que tienen deparadas en el seno del hogar” (La Prensa, mayo 1901), o “la misión de la mujer no es de extender al terreno de la política, en el que deben actuar sus hijos, hermanos o esposos, en una palabra, solo el hombre, y la invasión de dominios extraños no es un timbre de gloria para las damas; antes, por el contrario, hiere profundamente la misión que les está reservada. El imperio de la mujer solo está constituido por el hogar, del que no puede apartarse sin el manifiesto perjuicio de sus más caros intereses. A esta, le está reservada una acción pacífica educando a sus hijos y velando por el bienestar de la casa y la familia” (La Prensa, 27 mayo 1901), hasta “provocar la intervención de la mujer, quien debiera ser únicamente ángel y alma de su casa, es hacer que el hálito envenenado de nuestras pasiones políticas llegue al santuario del hogar, haciendo que los hijos se críen en esa atmósfera viciada de odios y rencores políticos” (El Cívico, 27 mayo 1901).

Lo sucedido hace 119 años y el domingo pasado guardan aún otro punto en común. Al día siguiente, así como la Policía Nacional se presentó en la florería intimando al dueño a brindar los datos de quien o quienes habían pagado y enviado las coronas fúnebres a la sede de la Asociación Nacional Republicana, el gobierno de Aceval terminó destituyendo de su puesto de trabajo al telegrafista concepcionero que transcribió y transmitió las sentidas condolencias de las damas de Concepción. “… en bien de nuestra cultura social y política, el hecho no se repita” (La Tribuna, mayo 1901).

Nota: Para este artículo fue íntegramente consultado el libro Dios proteja destino patria, de Mary Monte y Ofelia Martínez. Centro de Documentación y Estudios, Asunción, 1999.

 

* Historiadora

2 Comments

2 Comentarios

  1. Sara Hooper

    13 de septiembre de 2020 at 12:09

    Excelente análisis de la historiadora Ana Barreto Valinotti.
    Gracias Adriana Almada por acercarnos este texto.

  2. angel yegros

    13 de septiembre de 2020 at 14:02

    Interesante

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