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Cultura

“La última tierra”, de Pablo Lamar, o la abdicación de la luz

Se ha dicho a veces que la historia del cine es la historia de la contemporaneidad. Partiendo de esta premisa, el Instituto Superior de Arte (FADA-UNA) ofrece una asignatura optativa para aproximarse a cuestiones del cine en América Latina, a cargo del escritor Andrés Ovelar. En este contexto, creemos oportuno compartir sus reflexiones en torno a “La última tierra”, ópera prima del cineasta paraguayo Pablo Lamar, en un acercamiento a lo contemporáneo en la expresión cinematográfica nacional.

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Hay un tiempo que se activa al mirarse. Lo sé: algunos cuerpos celestes solo pueden ser vistos porque se alejan.

La última tierra (2016) se despliega en un cerro, en el último día de una mujer (Vera Valdez) y las maneras en las que su pareja (Ramón del Río) la acompaña –primero–, y las sutiles formas en las que esta ausencia tuerce sus siguientes días –luego–.

Me interesa pensar esta obra, la ópera prima de Pablo Lamar, como una manera de aproximarme al tiempo, sus sombras. O pensar los eclipses que en ella se contienen.

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La palabra “eclipse”, explica Anne Carson, viene del griego ekleipsis, que ella traduce como “un desierto, una renuncia, un abandono. El sol nos abandona, somos traicionados por la luz” [1]. Es evidente que el protagonista de La última tierra es dejado así tras la muerte de su esposa, pero el punto de comparación con la noción del eclipse sería menos obvio que este. Puede que sea el propio texto fílmico el que esté siendo trabajado a la manera de un eclipse.

La falta de luz –o su traición– no haría referencia quizás a una cuestión de iluminación fotográfica, sino de propuestas más sutiles. La abdicación del sol ocurriría en otro lugar, fuera de sí. Carson gusta hablar de la totalidad para referirse indistintamente al matrimonio y a los eclipses –quizás fuesen lo mismo–. A veces los eclipses son totales. De hecho, la ensayista canadiense señala que la metáfora del eclipse para nombrar al matrimonio goza de importante tradición tanto en el campo del arte como en el de la Historia [2]. Una metáfora, después de todo, es siempre un secuestro –todo esto es sabido–. Hay un secuestro, hay una sustitución –lo que debería de estar en un sitio parece faltar, o tal vez lo que está no se condice del todo con la medida de una ausencia que se intuye–. Una metáfora secuestra algo de manera similar a como un eclipse secuestra la luz. ¿Qué es lo que Lamar secuestra con su eclipse cinematográfico? Qué destellos plateados intentan hacerse paso en los bordes de su cuerpo celeste fílmico.

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Una falta de luz que es plateada en su totalidad. El sol ha sido derrotado, diría Virginia Woolf, y bajo la sombra de la luna el tiempo no puede ser ya el mismo. O puesto de otra forma: el tiempo cinematográfico toma la medida del tiempo factual. No se trata de que el tiempo en La última tierra se dilate, como a veces se ha querido argumentar, sino que la obra hace perceptible el tiempo vivido.

El tiempo del eclipse es el tiempo del cuerpo –el del espectador–. O el tiempo que sobre ese cuerpo se hace patente. La muerte del personaje femenino está narrada en un único plano general; este se sobreexpone a medida que el tiempo se imprime en el cuerpo –esta vez ambos: personaje y espectador–, hasta ser de un blanco absoluto. Ya no habrá, de acá en adelante, otra iluminación como esta. Es la escena de la abdicación de la luz, su renuncia.

¿Qué hacer cuando la luz nos ha traicionado? Cuando nos descubrimos, desnudos y terribles, aún después del luto.

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Agamben habla de la oscuridad del firmamento. Explica que en verdad todo en el cielo nocturno es luz que se aleja: es sabido que la expansión del universo distancia las estrellas, sus luces, pero también aquello que es visto como oscuridad es, en realidad, luces de otros cuerpos que no llegan a nosotros porque la velocidad de su desertar es superior a la propia velocidad de la luz [3]. Para el filósofo italiano lo contemporáneo tiene que ver con hacer frente a esa oscuridad que viene a nosotros alejándose.

El presente no es un ahora. El presente es un tiempo inasible, en constante retirada –como lo hicieran los cuerpos celestes–. El presente es el más lejano de los tiempos porque a él solo se puede asistir faltando. O, en palabras de Agamben, “porque el presente no es más que la parte de lo no-vivido en todo lo vivido, y lo que impide el acceso al presente es precisamente la masa de lo que, por alguna razón (su carácter traumático, su cercanía excesiva), no hemos logrado vivir sin él. La atención a ese no-vivido es la vida de lo contemporáneo. Y ser contemporáneo significa, en ese sentido, volver a un presente en el que nunca estuvimos” [4].

¿Ha querido La última tierra hacernos mirar la oscuridad? Obligarnos a vivir un presente que no se ha vivido, un presente total, desquiciante, como lo fuesen algunos eclipses. No porque la obra sea contemporánea sino porque el espectador ante ella se vuelve practicante de la contemporaneidad: el espectador especta y tal vez durante un instante, en su mirada espectante, el presente se imprima en la vida. Es esto a lo mejor lo que ocurre bajo la sombra de un cuerpo lunar.

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Recuerdo una conversación con Lamar. Me hablaba de un texto que ambos leímos en la universidad. El elogio de la sombra, de Junichirō Tanizaki, es en verdad un ensayo de arquitectura japonesa, pero a menudo es leído en las escuelas de cine en asignaturas de dirección de fotografía. La propuesta de Tanizaki habla de un Occidente obsesionado con una estética de la luz, en contraposición con un Oriente más cómodo con ideas de oscuridad y penumbra; mucho de la arquitectura oriental está pensada para prolongar la sombra antes que para iluminar la estancia –este es el caso del alero en las construcciones orientales como lo pueden ser las pagodas, que Tanizaki explica no cumplen otra función más que extender la sombra de la casa aún ahí donde ya no hay casa–[5].

Fue Lamar quien introdujo el libro en la conversación, y no hablamos, en verdad, demasiado de su contenido. Le pregunté qué edición tenía. Contestó que esa con la portada mitad amarilla y negra, la tipografía con el color del fondo opuesto.

“Lo que tiene que estar en un lugar está en el otro”, dijo para explicar.

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En La última tierra elipsis importantes separan una escena de otra. No contiene, de hecho, ninguna escena de transición. El protagonista es encontrado a menudo en un tiempo y lugar ligeramente diferente a aquel de la escena inmediatamente anterior. Algo falta en un sitio, o quizás no en un dónde sino en un cuándo. Una omisión que es también una especie de fractura.

Una fractura tal vez no implique solamente que algo se quiebra. En una fractura también algo que debería de estar en un lugar, de súbito, está en otro.

No todas las piedras preciosas son aquellas que brillan. En culturas orientales las piedras consideradas gemas son opacas –el ágata, el jade–.

Las piedras opacas solo brillan en el caso de fracturarse.

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Agamben dice que mirar la oscuridad no tiene nada que ver con un acto pasivo –la oscuridad no es de ninguna manera equivalente al vacío–[6]. Carson, por su lado, habla de que el color de los eclipses no es en absoluto la ausencia del color [7]. Quizás para acercarse a la obra de Lamar sea relevante preguntarse a qué suenan los eclipses, o si estos producen sonido alguno.

Si bien La última tierra no contiene diálogos, difícilmente podría relacionarse a la película con el silencio. El sonido que produce la oscuridad es quizás el sonido de La última tierra, pero este no es en todo caso la falta de sonido. Carson dice que el color de los eclipses es el color de la totalidad [8]. Y quizás sea esto lo que la obra esté señalando con un equivalente sonoro en la escena del fallecimiento del personaje de Vera Valdez: no es solo la luz la que se sobreexpone, también el sonido ambiente aumenta hasta llegar contenidamente a la saturación.

Un doble latente del sonido. Latente en el sentido fotográfico de la palabra: como imagen aún sin revelar. Una especie de sonido dormido en su absoluto.

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También Agamben habla de fracturas en el tiempo para referirse a lo contemporáneo. En la obra de Lamar estas fracturas no serían fracturas en una linealidad cronológica de la trama sino en la ontología temporal de su texto fílmico. No se trata de que el relato esté quebrado –de hecho, al contrario, es consecutivo–, sino de que la forma en la cual el tiempo decide estamparse recuerda la propia forma de una fractura. Para Agamben lo contemporáneo es precisamente esa fractura que rehúsa al tiempo componerse [9].

Aquello que ha debido estar en un sitio, o lo que se ha querido esté –que nos alcance– no deja de faltar, no deja de retirarse. Algo se ha alejado sin medida posible, con la misma velocidad de algunos cuerpos. Un doble negativo de la luz, diría Carson.

Puede que reste aún mirar, vivir el tiempo en el gesto de ver, o hacer de la propia mirada un procedimiento para la contemporaneidad.

Entrever los agonizantes destellos que se han ido conservando como cuerpos celestes en la noche del luto.

 

Ficha técnica

La última tierra, 2016. Duración: 77 minutos. Dirección: Pablo Lamar. Guion: Pablo Lamar. Fotografía: Paolo Girón. Montaje: Felipe Gálvez. Sonido: Moabe Rodrigues, Carlos Montenegro. Productores ejecutivos: Pablo Lamar, Vania Catani. Reparto: Ramón del Río, Vera Valdez.

Estrenada en 2016 en el Festival de Rotterdam, Holanda, en la sección de competencia Hivos Tiger, donde obtuvo el “Premio Especial del Jurado”. Ese mismo año, en el Festival Cinelatino de Toulouse, Francia, obtuvo el premio “Descubrimiento de la crítica francesa”, y en el Festival Latinoamericano de São Paulo 2016 fue seleccionada como “Mejor película en co-producción”.

Notas

[1] Carson, A. (2006). Decration: Poetry, essays, opera. Nueva York: Vintage Contemporaries, p. 157. Traducción del autor.

[2] Carson, A., op. cit.

[3] Agamben, G. (2014). Desnudez. Buenos Aires: Adriana Hidalgo Editora.

[4] Íbid, p. 27.

[5] Tanizaki, J. (2016). El elogio de la sombra. Madrid: Ediciones Siruela.

[6] Agamben, G., op. cit.

[7] Carson, A., op. cit.

[8] Íbid.

[9] Agamben, G., op. cit.

* Licenciado en Cinematografía. Profesor universitario en áreas de Historia y Teoría del cine. Poeta y escritor.

 

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