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Cultura

La imposible ausente: biografía de Josefina Plá (II)

Hoy compartimos la segunda entrega de la biografía de Josefina Plá, poeta, narradora, dramaturga, ensayista, periodista y crítica de arte, quien hizo de la prensa una plataforma eficaz para la difusión del arte, la literatura y el teatro de su tiempo.

Gentileza CCEJS

Gentileza CCEJS

De un balcón al Paraguay

Cuentan que en los años noventa el crítico paraguayo Miguel Ángel Fernández vuelve de un viaje de estudios que hizo a España, en el cual había verificado el acta de nacimiento de Josefina Plá precisando la fecha del natalicio de la artista que, quizás por vanidad, se quitaba unos años cuando afirmaba haber nacido en 1909. Ya en Asunción, Fernández visita a Josefina Plá, por entonces nonagenaria, para contarle que estuvo en Villajoyosa, donde vivió la escritora antes de partir a radicarse en Paraguay. Fernández le enseña algunas fotos en un pequeño monocular y Josefina se estremece emocionada; sus ojos, derramados en lágrimas, que se inundan de un azul aún más intenso: el balcón que fue de su casa se distingue en la foto de los demás objetos cuadrangulares por su línea circular. Una vez más el contraste de formas sirve para conocer algo más sobre su vida.

Fue en 1924 cuando el joven Andrés Campos Cervera, con 35 años de edad, después de un intenso viaje de estudios sobre cerámica en Valencia, tomaba vacaciones en Villajoyosa. Allí conoce a Josefina Plá, que contaba con 20 años de edad. Posiblemente el interés apasionado de ambos por las letras y las artes condujo a que naciera otra pasión. La familia Plá se opondría, por la diferencia de edad y por el modo de vida, entre las artes y la bohemia, de Julián. La familia de él tampoco vería con buenos ojos a aquella muchacha a la que ellos llamarían “gitana tiñosa y advenediza”. Pero eso no fue impedimento, estaban decididos a seguir la relación. Al poco tiempo, Campos Cervera tuvo que volver a Manises para continuar sus estudios en el arte del barro y, más tarde, habiendo realizado exposiciones sobre temática indígena en Madrid y Alicante, terminó su estadía becada y volvió a Asunción en 1925. La pareja siguió comunicándose por cartas, y el 17 de diciembre de 1926 se casaron. Con el novio lejos, con todo un océano de por medio, Francisco Villaespesa Baeza, hermano del poeta homónimo, ocupa su lugar y firma los papeles de la boda con poderes. Julián hubiera querido disfrutar la boda y traer a la novia, pero sus fondos no alcanzaban; en ese entonces entregaba toda su energía física y económica a construir un horno de cerámica en su residencia en el interior. Su meta indeclinable era crear una tradición nacional en el arte del barro.

Villajoyosa. Calle donde vivió Josefina Plá © Miguel Ángel Fernández. Gentileza CCEJS

Villajoyosa. Calle donde vivió Josefina Plá © Miguel Ángel Fernández. Gentileza CCEJS

Durante el período de intercambio de misivas, Josefina Plá le envió algunos textos suyos que se publicaron en diarios paraguayos. Tales difusiones tuvieron amplia aceptación y al llegar ella al país, en febrero de 1927, la recibieron con públicos elogios. Aquí es necesario señalar que hay quienes sostienen que llegó al país en febrero de 1926. Sin embargo, si es preciso el dato de que se casaron por poderes en diciembre de 1926, según la publicación Josefina Plá: su vida y su obra (1992), solo es posible que hubiera llegado en 1927, porque la familia de la joven jamás la hubiera dejado viajar sin haber contraído nupcias.

Los recién casados viven sus primeros años en la quinta de los Campos Cervera, en Villa Aurelia, donde Josefina empieza a familiarizarse con la técnica de la cerámica y ayuda en la construcción del horno que debería tener aproximadamente cuatro metros cúbicos. De aquel período hay numerosas anécdotas sobre su encuentro curioso con la fauna y la flora locales: arañas gigantes, “señoras de todas las arañas”, víboras, mosquitos, tigres, lapachos, niño azoté, murucuyás; encuentros que la intelectual señala no como algo negativo sino como una “delicia y satisfacción de contrastes”. Y añade lo siguiente: “Supongo que eso constituye lo que algunos llaman paye de este país […] cada cosa me llegaba como algo que estuve esperando sin saberlo, y ocupaba un lugar en mi conciencia como si ese lugar estuviese destinado”. Edward Said habla del exilio como pérdida y fractura incalculable entre un ser y su lugar natal; sin embargo, en Josefina se advierte más la capacidad de adaptación.

Julián de la Herrería y Josefina Plá. Gentileza CCEJS

Julián de la Herrería y Josefina Plá. Gentileza CCEJS

No tarda mucho tiempo para que la pareja se mude a Asunción; el proyecto de horno había fracasado por falta de fondos y entonces Julián decide vender su parte en la quinta familiar, cambiándola por la vivienda situada en la calle Estados Unidos en esquina con República de Colombia, donde la escritora viviría toda su vida, y donde actualmente vive su hijo Ariel. Allí construyeron un horno, menos pretencioso, en el cual meterían a cocción sus próximas piezas. Al vivir en la capital, Andrés dicta clases en el Instituto Politécnico y Josefina empieza a adquirir relevancia en el círculo intelectual local. Mientras Julián descubre que su vocación y su carácter no colindan con la docencia, Josefina va marcando presencia en el espacio periodístico. No es raro que sus primeros escritos hayan encontrado lugar también en la revista Juventud, de estética modernista y postmodernista: la escritora estaba familiarizada con el simbolismo y el parnasianismo de Baudelaire y Mallarmé, y poco faltaba para llegar a la síntesis hispanoamericana que en el Paraguay se manifestaba en esa revista. Según Plá, Juventud “recoge el legado modernista de Crónica, trata de dar vértice a las experiencias que ésta, prematuramente agotada, no remató y le suma en cada caso eventuales atisbos intimistas, nativistas, filosóficos, que no alcanzan a formar vertiente ni definir contornos originales”. En esa misma época, Plá también es contratada para trabajar en el diario El Orden, en el cual publica, además de escritos, grabados en madera o linóleo para ilustrar textos propios y ajenos, bajo el pseudónimo Abel de la Cruz. Hoy se la reconoce como una de las primeras mujeres en desempeñarse como periodista en el Paraguay y como la primera jefa de redacción de un periódico de gran circulación en el país. De hecho, aún le debería “la primicia de muchas cosas”, conforme menciona Marylin Godoy. Su aporte a la cultura paraguaya apenas comenzaba y en ese ámbito carente y, a la vez, proficuo para generar nuevos aportes.

Mirada que contrasta

 En su Historia de la literatura paraguaya, Hugo Rodríguez Alcalá menciona la llegada de Josefina Plá a Paraguay destacando también un contraste, el de la imagen de fragilidad transmitida por esa joven mujer en relación a la potencia de la obra que vendría a producir: “nadie hubiera podido sospechar que aquella muchacha casi adolescente, delgada y tímida, de apariencia frágil y mirar claro y ausente, fuera dueña de una capacidad creadora y de una energía tales. Acaso ni ella misma lo sospechara”. Quizás no sea exageración pensar que algo sí sospechaba Josefina desde un principio, ya que venía con la experiencia de haber sido un fenómeno en su pueblo y desde su llegada se puso a trabajar con ritmo intenso e infatigable, que imprimió un desarrollo inusitado en el arte, la literatura, el teatro, la crítica, la historia social y cultural del país.

Josefina Plá. Gentileza CCEJS

Josefina Plá. Gentileza CCEJS

Los cuatro últimos años de la década de 1920 fueron sumamente productivos para la pareja. Además de las publicaciones en los diarios, Josefina empezó su producción plástica en cerámica con el marido, que en ese entonces comenzó a usar el pseudónimo Julián de la Herrería. Juntos, realizan una exposición en el Salón Artigas, en agosto de 1928. La puesta es muy bien recibida y Plá, por primera vez, vende obras de su autoría. Esa labor es acompañada por las indagaciones americanistas de Julián de la Herrería, que venía desarrollando su arte en torno a la estética precolombina. Según Rubén Capdevila, el artista paraguayo sigue las mismas tendencias de los movimientos estéticos que se desarrollaban en América en la década con distintas denominaciones como indianismo, indigenismo, incaismo, nacionalismo. La obra del artista, en ese ámbito, podría entonces verse en el marco del modernismo mundonovista, sin embargo, conforme apunta el crítico, Campos Cervera lo hace de manera aislada, desconectado y al margen de cualquier movimiento.

Más adelante los trabajos de Julián y de Josefina, aunque con las mismas motivaciones, presentarían matices distintos que hacen que la obra de Josefina Plá hoy sea más apreciada que la de Julián. Según algunos críticos, él no logra superar una visión europea y romántica de idealización del pasado indígena en la construcción de una identidad nacional, hecho comprensible, después de doce años de formación en Europa, entre España y París. Josefina, sin embargo, “mira la historia americana con preocupación y compromiso” y demuestra un “esfuerzo por descubrir ese arte ‘otro’, encubierto y negado por la sociedad ‘ilustrada’ durante gran parte de la historia” [1]. Ese contraste de visiones, además de contener paradójica ironía, ya que ella es la española y Julián el americano, viene a comprobar que Josefina vino, como buena hierba, a marcar la diferencia y cambiar paradigmas. John M. Ellis y Terry Eagleton nunca se habrán imaginado que en ese pequeño rincón del mundo, conocido como el corazón de Suramérica, su metáfora sería tan oportuna.

[1] Capdevila, Rubén, en Poderosa Josefina, Cuadernos del Salazar, CCEJS, Asunción, 2016.

* Daiane Pereira Rodrigues es magister en Letras por la Universidad Federal de Paraná, Brasil, donde cursa sus estudios doctorales. Es investigadora becada por la cátedra UNESCO para la Integración Latinoamericana del Memorial de América Latina, São Paulo. El presente texto ganó el premio de jóvenes investigadores de la Fundación María de Paula de Ruiz Martínez de Madrid, y será publicado próximamente en la Biblioteca Virtual Cervantes.

2 Comments

2 Comentarios

  1. Ángel Yegros

    6 de diciembre de 2020 at 14:06

    Me gustaron tus dos notas sobre la “Pepa”. Se leen muy bien. Parabens.

  2. Otávio Schimieguel

    6 de diciembre de 2020 at 18:41

    Parabéns pelo excelente trabalho!

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