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Cultura

La imposible ausente: biografía de Josefina Plá (III)

Aquí la tercera entrega de la biografía de Josefina Plá, poeta, narradora, dramaturga, ensayista, periodista y crítica de arte, quien hizo de la prensa una plataforma eficaz para la difusión del arte, la literatura y el teatro de su tiempo.

Gentileza CCEJS

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La libertad y el periodismo

Desde su llegada al país, Josefina Plá trabaja en la redacción periodística como corresponsal y columnista del periódico El Orden y después de La Nación. También colabora en la ZPX1 Radio El Orden, hecho que también la convierte en la primera mujer en desempeñarse como locutora. Sobre aquellos inicios en el periodismo, ella dice lo siguiente: “antes de salir de Villa Aurelia trabajaba en El Orden y un tiempito en La Nación. También por esos meses hice mi aparición en la radio, fui la primera locutora en la historia de la entonces recién iniciada radiofonía paraguaya […] Más tarde tuve bastante creatividad en ese rubro, no siempre remunerada, como locutora, aunque sí tuve compensación debida en esta área, como libretista”. Según algunos críticos, la actividad periodística, además de la docencia, llega a ser la principal fuente de ingreso de Josefina en años posteriores.

Gentileza CCEJS

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Casi la totalidad de sus libros conocieron primero las páginas de los diarios, entre los cuales muchos escritos estarán, aún olvidados, en la hemeroteca de la Biblioteca Nacional de Asunción, a la espera de que algún crítico empecinado, como lo fue Josefina en su tiempo, empiece a rescatarlos. Se dice, por ejemplo, que en los años cuarenta publicó una serie sobre literatura inglesa, que no forma parte de sus textos editados y no hace mucho que se recuperaron sus textos sobre literatura brasileña.

A pesar de vivir del periodismo, no hay mucha información sobre esa actividad en la escasa crítica literaria del país, con excepción de la entrevista que le hizo Ubaldo Centurión Morinigo, publicada bajo el título Josefina Plá y el periodismo paraguayo (1996). En el libro, el entrevistador destaca la dignidad y objetividad de la escritora: “Al enviar sus colaboraciones literarias no le interesaba que la publicación fuese de derecha, de centro o de izquierda. Lo cierto era que aquellos trabajos no nacían para halagar ni para defender alguna cuestionada conducta. Nacían de su amor al arte y de su amor a la libertad de expresión. Nacían no para recoger prebendas sino para transmitir convicciones honradas, para traducir inquietudes culturales o para cantar a la belleza con hondo o refinado sentimiento”. Eso no significa que Josefina estuviera ajena a los temas sociales y políticos; si así lo fuese, no sería la gran Josefina Plá. Toda su obra es asumidamente comprometida con los temas de urgencia humana, criterio que valora en el ejercicio de la crítica al abordar estudios sobre otros escritores.

Como ejemplo de su compromiso, bastaría la anécdota de Luis Casabianca, comunista detenido durante la dictadura de Alfredo Stroessner. El poético capítulo “El paraguas y Josefina”, de su libro de memorias, cuenta que, cuando lo persiguió y lo detuvo la policía sobre la calle República de Colombia, su única arma para tratar de escapar era un paraguas. En medio del inútil intento, entre golpes y forcejeos, alguien corre detrás de los policías que lo arrastraban y se arriesga para preguntarle su nombre y algún dato que sirviera para ubicar a la familia. Solo mucho después supo que fue Josefina Plá, cuya rápida acción de contacto con los familiares de Casabianca ayudó a que no fuera uno más entre los numerosos desaparecidos de aquellos años del largo gobierno militar. En otra ocasión, en la década del setenta, Josefina perdería su puesto de trabajo en la Escuela de Artes Escénicas por firmar una carta en apoyo al escritor Rubén Bareiro Saguier, detenido en forma arbitraria por el mismo poder represor. Estos hechos son una pequeña muestra del compromiso de Josefina, cuya pluma, sin ser panfletaria o partidaria, jamás dejó de defender la libertad, en el más amplio sentido del término.

Rondar de fronteras

 Entre idas y venidas, se diseñaba la complejidad identitaria de Josefina Plá, siempre entre dos casas, dos naciones, sin pertenecer por completo a ninguna de ellas, como afirma Stuart Hall sobre los seres híbridos. Eso se ve plasmado en sus versos: “Mi pasaporte a ciegas lo sellaron. / No sé cuál es mi patria verdadera. / Y rondo sin cesar una frontera /que ni los mismos sueños traspasaron” [1]. Aún haría muchos viajes, pero de esos primeros años es importante destacar las dos veces que regresa a España con el marido.

En junio de 1929 Josefina y Julián de la Herrería realizan una nueva exposición de cerámica, cuyo éxito, mayor que el de la muestra del año anterior, permite que la pareja obtenga suficientes fondos para volver a España. Viajan en octubre del mismo año, con el objetivo de profundizar dicha técnica. Pasan por Madrid, Vigo, Murcia, y deciden quedarse en Manises, donde había una importante tradición en el arte del barro. De esa época son los platos realizados en cuerda seca con motivos basados en la temática indígena. En 1931 se abre una exposición de esas piezas en el Círculo de Bellas Artes de Madrid, con gran aprobación de la crítica y del público en general. Al año siguiente, regresan al Paraguay.

Gentileza CCEJS

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En 1934, una vez más, no sin mucho esfuerzo, vuelven a España. Es que Julián siempre estaría dividido entre el rigor del medio artístico europeo, más productivo, y la necesidad de fomentar un arte nacional en su país. Ese viaje fue muy fructuoso para la pareja; de esa época son los platos que hoy integran la colección del Museo del Centro Cultural de España Juan de Salazar en Asunción. Esas obras llegarían a Paraguay muchos años después porque, con la culminación de la Guerra Civil Española, Josefina Plá quedaría sola y sin recursos –ni siquiera para comer– y se vería obligada a dejar las obras en depósito en un museo, no sin garantizar el papeleo para algún día recuperarlas. Julián, que amaba a su país al punto de querer crear el arte nacional, jamás regresaría a su pequeño horno de cerámica en Asunción y tampoco pudo volver a la añorada París, donde pasó sus primeros años de formación. Una enfermedad, fácilmente curable en tiempos de paz, lo mató en tiempos de guerra. Su espíritu de fuego, llama creadora y brasa de modernidad, sería recuperado por su esposa, a quien cariñosamente llamaba Mimí, en la biografía publicada en 1977.

Entre guerras

De las frases o aforismos conocidos del único paraguayo que ganó el Premio Cervantes, Augusto Roa Bastos, la afirmación de que el infortunio se enamoró del Paraguay es una de las más famosas. El país, después de experimentar una de las economías más proficuas e independientes de la región, queda devastado en hambre y miseria tras la masacre en la Guerra de la Triple Alianza, que algunos historiadores afirman ser cuádruple, por el apoyo inglés contra el progreso económico del país.

Cuando Josefina llega a Paraguay, seis décadas después de la contienda, siente el retraso social y cultural en que el país quedó postrado. Aunque toda una generación romántica desvió la atención de los problemas sociales tratando de engrandecer a los héroes y mártires y de rescatar y construir una imagen positiva del indígena, otro español que había pisado esas tierras, muerto en 1910, había denunciado el hambre y la explotación en los yerbales del interior: Rafael Barrett, quien fue uno de los primeros en evidenciar los infortunios paraguayos que fueron, y siguen siendo, una serie de sucesos –guerras, golpes, contragolpes, dictaduras y corrupciones– que mantienen al país dentro de un marco que algunos llaman tercermundista.

En el momento en que Josefina y Julián regresan de España, en 1932, encuentran un ambiente distinto. Se iniciaba un nuevo infortunio: la Guerra del Chaco. Tres años duraría el conflicto con los vecinos bolivianos por el territorio de la región noroeste del país. En ese periodo Josefina inaugura otra primicia: se hace la primera mujer corresponsal de guerra. El matrimonio se involucra escribiendo sobre las batallas y los combatientes. Y el tema pasa a ser parte de exposiciones cuyo objetivo es dar visibilidad a la situación del país. A raíz de ello, en 1933, se realiza una gran muestra en Buenos Aires, en la cual se da visibilidad a la cultura paraguaya a pesar de la situación de conflicto. Participan Julián de la Herrería, Delgado Rodas, Alborno, Samudio y Holden Jara. Ese es también el año en que muere el poeta Manuel Ortiz Guerrero. Y, entre los muy pocos selectos elegidos para oradores en el entierro, Josefina es la única mujer invitada.

Guerra del Chaco. Josefina Plá y soldados músicos. Gentileza CCEJS

Guerra del Chaco. Josefina Plá y soldados músicos. Gentileza CCEJS

En ese ínterin, con los hombres en la guerra, Josefina queda responsable de todo el proceso de edición e impresión del diario. También empieza a preparar su primer volumen de poesía, El precio de los sueños, publicado en 1934, mismo año en que ambos, ella y Julián, volverían a Manises, sin imaginar que allá les tocaría vivir, mucho más de cerca, otra guerra. Años más tarde, en la década del ochenta, Josefina ganaría el premio del Unión Club con el poemario Los treinta mil ausentes, inspirado en la Guerra del Chaco. Pero antes, en 1940, estalla otra guerra, ya a nivel global, y una vez más Josefina, ahora con Augusto Roa Bastos, mantiene actualizado al país sobre lo sucedido, a través del programa radial “Antes y después de la guerra”, con cinco audiciones semanales sobre la II Guerra Mundial en ZPX1 Radio Livieres.

[1] Plá, J.(1999).  Poesía completa, El Lector, Asunción.

* Daiane Pereira Rodrigues es magister en Letras por la Universidad Federal de Paraná, Brasil, donde cursa sus estudios doctorales. Es investigadora becada por la cátedra UNESCO para la Integración Latinoamericana del Memorial de América Latina, São Paulo. El presente texto ganó el premio de jóvenes investigadores de la Fundación María de Paula de Ruiz Martínez de Madrid, y será publicado próximamente en la Biblioteca Virtual Cervantes.

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