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Cultura

“Mank” y la polémica en torno al guión de “Citizen Kane”

Mank, de David Fincher

Mank, de David Fincher

Este diciembre llegó a Netflix la última película de David Fincher, que abre una vieja herida del mundo cinematográfico vinculada a la autoría del guión de Citizen Kane. El film retrata el proceso de escritura de la mítica película de Orson Welles desde el punto de vista de su guionista, Herman J. Mankiewicz, y desata polémica por su posicionamiento a pesar de tratarse –obviamente– de una obra de ficción. En este artículo reconstruimos el debate que nace a partir de los años 70 con una publicación de la crítica Pauline Kael y hoy da que hablar nuevamente.

Primer acto: un genio en Hollywood

Orson Welles llegó en 1940 a Hollywood con un contrato con la RKO nunca antes firmado en la industria, que le permitía tener libertad creativa y control total de una película. Como estaba llevando otros proyectos aparte, contrató a Herman J. Mankiewicz para la escritura del guión que se convertiría en Citizen Kane. Mankiewicz, quien recién se recuperaba de un accidente automovilístico, se aisló en una casa de campo con su secretaria Rita Alexander para escribir el guión bajo la supervisión del socio de Welles, John Houseman. La película ya venía envuelta en polémica antes de su estreno, ya que circulaban rumores sobre el parecido de la historia con la vida del magnate de la prensa William R. Hearst y su amante, la actriz Marión Davis, y se desató toda una campaña de desprestigio e intento de sabotaje del estreno por parte de Hearst, quien en aquel entonces era una de las personas más influyentes en Hollywood. De todas maneras la película se estrenó en 1941 y Mankiewicz y Welles ganaron un Oscar al mejor guión original.

Detonante: la teoría del autor

En la segunda mitad de los 50, en Francia, los cineastas y críticos de la revista Cahiers du cinema instalaron lo que se conocería como “política del autor”, según la cual una película, pese a ser una realización que cuenta con la colaboración de un gran equipo técnico y creativo, tiene un responsable único y final y este es el director, cuya visión, estilo y personalidad se manifiestan en todo el filme. Esta teoría se oponía bastante a la idea de director que imperaba en la industria de los años 30 y 40 en Hollywood. Los directores que los cahieristas destacaban eran aquellos que lograban de alguna manera imponer su visión y estilo dentro del sistema, como Howard Hawks, John Ford, Alfred Hitchcock y, obviamente, Orson Welles.

En los años 60, esta concepción llegó a Hollywood con Andrew Sarris, crítico y escritor que tradujo las ideas de los cahieristas en su artículo Notes on the Auteur Theory, de 1962, adoptando el término “teoría del autor”. El contrapeso de Sarris era Pauline Kael, quien con una letra incisiva y pasional se convertía en una de las más influyentes críticas norteamericanas, tanto para los mismos críticos como para los cineastas; según Peter Biskind en Easy Riders, Raging Bulls, Kael no solo escribía textos críticos sino que participaba en rodajes y cenaba con directores de cine y gente de la industria. De alguna manera, Sarris y Kael se confrontaron; es así que se armaron dos grupos, los sarrisistas y los paulettes[1], ya que Kael cuestionaba la teoría del autor, postulando que el cine era un arte colectivo.

Primer punto de giro: Raising Kael

 En febrero de 1971 Kael publicó el ensayo Raising Kane [2], en el que –según el director y crítico de cine Peter Bogdanovich– intentaba destruir la teoría del autor, metiéndose con Orson Welles, poniendo en duda su autoría en el guión de Citizen Kane, atribuyendo la total escritura del mismo a Mankiewicz y cediendo el resultado de los aspectos visuales del film al director de fotografía, Gregg Toland. Kael se basaba, entre otros, en los testimonios de Houseman y Alexander, y atribuía a Mank todas las ideas relacionadas con Hearst y Davis. Esta publicación, que entre otras cosas también acusaba a Welles de intentar sobornar con 10.000 dólares a Mank para que no figurara su nombre, afectó de manera importante la reputación del director [3].

En su defensa, en 1972, Bogdanovich, amigo de Welles, publicó The Kane Mutiny [4] en la revista Esquire, artículo en el que refutaba los argumentos de Kael, sosteniendo que sus dos fuentes principales eran cercanas a Mank (Alexander y Houseman) y que había obviado otras, como Katherine Trosper, asistente de Welles que pasó en limpio los borradores finales que fueron a rodaje, y el coproductor Richard Baer quien, de hecho, en 1941 había realizado una declaración jurada donde decía que las revisiones hechas por Welles no eran solo sugerencias sino la reescritura de diálogos y escenas [5].  Trosper confirmó la declaración de Baer y agregó que Welles seguía dictando los diálogos “incluso mientras lo maquillaban”.

Herman Mankiewicz, Pauline Kael y Orson Welles. Archivo.

Punto medio: el estudio de Carringer

En 1986 Robert Carringer [6] publicó un análisis pormenorizado de los borradores del guión, accediendo a los archivos de RKO, dejando en claro que el proceso fue de total colaboración entre  Mankiewicz y Welles, y que este siempre estuvo abierto al aporte de sus colaboradores en todo el transcurso de la película. Sin embargo, Carringer no logró desmentir la acusación de Kael respecto al intento de Welles de sacarle el crédito a Mank, revisando las cuestiones contractuales, algo que en su refutación tampoco Bogdanovich había conseguido. Uno de los argumentos de Kael que se podría sostener era la relación de Mank con Hearst y Davis, y la influencia de esa relación en el guión. Pero eso no excluye a Welles del proceso creativo ni mucho menos lo desacredita, como intenta Kael.

Ya en 1991 la cineasta e investigadora Laura Mulvey, en su estudio sobre la película, reforzará la idea de Carringer en cuanto a la colaboración: “Los planos que dan inicio a Ciudadano Kane (…) son los mismos que aparecen en la versión de Mankiewicz del primer guión, llamado American. Por otra parte, el concepto y la estrategia de filmación utilizados en los planos iniciales coinciden indudablemente con los intereses estéticos de Welles y denotan el estilo que este estaba desarrollando para su primera incursión en el cine”.  Sigue Mulvey: “ Lo que quedaba en un proyecto y lo que terminaba en la basura en todas sus etapas de desarrollo y producción era, en última instancia, el resultado de su elección. Si el inicio del guión American no varió, pese a las extensas revisiones y reescrituras que finalmente cristalizaron en el guión de Ciudadano Kane, fue porque esa era la forma como Welles quería que se iniciara el filme” [7].

Sigue quedando en el tintero, y esto lo apunta también Mulvey en su libro –reforzando la duda de Carringer–, el hecho de que Mankiewicz tuviera que acudir al Screen Writers Guild (Asociación de guionistas de la pantalla) para que interviniera y Welles le permitiera tener el crédito. Aparentemente, hizo esto basado en rumores de que Welles quería sacarle los créditos; esto es algo que solo Kael llegó a confirmar y ningún otro autor logró desmentir.

Por su parte, el crítico Jonhatan Rosenbaum describirá de manera acertada: “Ciudadano Kane puede ser vista de dos formas diametralmente opuestas. Por una parte, puede ser considerada como el primer largometraje de un director cinematográfico independiente e inconformista, y al único al que se le concedió tanto el uso total de un estudio de Hollywood como el derecho a hacer el montaje final. Alternativamente, uno puede ver Ciudadano Kane como la reivindicación definitiva de la corriente principal de Hollywood, al mostrar que los más importantes talentos creativos (incluyendo a Welles, a Mankiewicz y al cineasta Gregg Toland) podían ser unidos y utilizados para sacar de la colaboración de todos ellos el más completo provecho”.[8]

Segundo punto giro: Mank (con spoilers)

Y así llegamos a la película de David Fincher, que de alguna manera postula las ideas de Kael sobre las relaciones de Mank con el mundo de Hearst y también aborda la riña por la autoría del guión con Orson Welles. La película se limita a contar la primera escritura del guión antes del rodaje y se concentra más en desarrollar la tensión que generaba el proyecto y los intentos de Hearst para que Mank abandonara la escritura, además de intentar ilustrar una suerte de motivación en Mank –una trama totalmente de ficción– relacionada con la manipulación mediática de Hearst, el tan vigente fake news, que sería también uno de los temas de Citizen Kane.  El guión de Jack Fincher –padre del director– logra convertir a Hearst en un personaje complejo y lo confronta con Mank, así como presenta a Marión Davis de manera respetuosa, casi como si la película de Fincher se estuviera disculpando con ella. Por otro lado, llama la atención la ausencia casi total de Welles en el proceso de escritura del guión, pero no se niega que Welles lo haya modificado posteriormente.

Momentos del rodaje de Citizen Kane. Archivo.

Obviamente, el punto más polémico de la cinta refiere a la “pelea” por los créditos, y es verdad que la actitud de Welles en la película lo deja mal parado. Hay una clara intención de provocación en ese punto, y además Fincher plantea, a través del montaje, un paralelo con la confrontación entre Mank y Hearst. Sin embargo, como vimos en este repaso, no se logró nunca desmentir el hecho, el problema está más bien en la forma: Welles, al igual que Kane en el clímax de la película, tiene un estallido de rabia hasta llegar a tirar cosas.

De cualquier manera, la película de Fincher reivindica la figura de Mankiewicz como un genio, contradictorio y atormentado, dentro de una industria siniestra. Y también lo hace con la figura del guionista, a pesar de que para eso debe tocar la mítica imagen de Welles. Fincher, más que cualquier otro, entiende lo que es ser un autor en Hollywood y, con este filme, que no deja de ser una obra de ficción, nos está ofreciendo su mirada al respecto, que siempre es más compleja de lo que aparenta. Al fin y al cabo, Fincher no escribió un solo guión en toda su filmografía. Entonces, ¿es o no el autor de sus películas?

Ficha técnica

Título original: Mank
Año: 2020
Duración: 132 min.
País: Estados Unidos
Dirección: David Fincher
Guión: Jack Fincher
Música: Trent Reznor, Atticus Ross (B&W)
Reparto: Gary Oldman, Amanda Seyfried, Arliss Howard, Charles Dance, Tom Burke, Lily Collins, Tuppence Middleton, Tom Pelphrey, Ferdinand Kingsley, Jamie McShane, Joseph Cross, Sam Troughton, Toby Leonard Moore, Leven Rambin, Madison West, Adam Shapiro, Monika Gossmann, Paul Fox, Jessie Cohen, Amie Farrell, Alex Leontev, Stewart Skelton, Craig Robert Young, Derek Petropolis, Jaclyn Bethany, Arlo Mertz
Premios: Asociación de Críticos de Boston: 2 Nom. mejor actriz sec. (Seyfried) y BSO, 2020. Asociación de Críticos de Chicago: 5 nominaciones, incluyendo mejor fotografía, 2020.

Notas

[1] Del documental For the Love of Movies: The Story of American Film Criticism, de Gerald Peary, 2009.

[2]  Kael, Pauline (2001). Ciudadano Kane. La historia detrás de la película. Norma.

[3] Biskind, Peter (2011). Mis almuerzos con Orson Welles. Conversaciones entre Henry Jaglom y Orson Welles. Anagrama.

[4] https://classic.esquire.com/article/1972/10/1/the-kane-mutiny

[5] Welles, Orson; Bogdanovich, Peter. Ciudadano Welles, Capitán Swing Libros. Kindle Edition, p. 162. El extracto proviene de las notas de Jonathan Rosenbaum, editor del libro. Publicado originalmente en 1991.

[6] Carringer, Robert L. (1978). “The Scripts of Citizen Kane”. Critical Inquiry. Chicago: University of Chicago Press. 5 (2).

[7] Mulvey, Laura (2006). Citizen Kane. Gedisa, pp. 16-17. Publicado originalmente en 1991.

[8] Welles, Orson; Bogdanovich, Peter. Op. cit., p. 166.

* Sergio Colmán Meixner es máster en Escritura para cine y televisión – UAB. Realizador, guionista, script doctor. Director de la carrera de Cinematografía de la Universidad Columbia de Paraguay.

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