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Cultura

¿Por qué revisitar la figura de Flores?

Ante las expectativas de lograr la declaratoria de la guarania como patrimonio cultural inmaterial de la humanidad por la Unesco y la necesidad urgente de preservar el legado de su creador, José Asunción Flores, compartimos el texto del investigador Antonio V. Pecci que da inicio a su libro sobre la vida y la obra del gran músico paraguayo.

Cuando en la noche del 16 de mayo de 1972 se apagaba en Buenos Aires la vida del maestro José Asunción Flores, a los 67 años, quedaba el enorme legado de quien se había propuesto y alcanzado el alto objetivo de darle a la música paraguaya una identidad propia a través de la guarania, género musical que creara en 1925, que buscó expresar al hombre y la naturaleza del país, con una nueva y revolucionaria forma musical que impactaría a nivel local primero y alcanzaría difusión internacional.

Un escueto certificado firmado por el médico de guardia, el doctor Alberto Limarzi, consignaba como causa de su defunción «fibrilación ventricular», producto de una cardiopatía aguda. La hora: 19.30. El hecho se daba en el sanatorio Mitre de dicha ciudad, uno de cuyos directivos era el doctor Carlos Federico Abente, entrañable amigo del músico y su coautor en «Ñemity». La causa lejana: el mal de Chagas, adquirido en su niñez.

José Asunción Flores, carnet de SADAIC (Archivo)

José Asunción Flores, carnet de SADAIC

Su trayectoria de vida estuvo signada por sufrimientos y alegrías, por la ovación en recitales y conciertos, pero también por prisiones y exilios, que si bien no alteraron su carácter afable y comunicativo, en los últimos años pesaron con fuerza en su ánimo. Fueron 43 años de lucha en que, además de crear la Guarania, se afanó en jerarquizar la música paraguaya, componiendo, creando orquestas y espacios para la difusión del nuevo género y capacitándose para llevar al plano sinfónico sus propuestas como «Mburikao», «Ñanderuvusu» (Nuestro gran Padre), «Pyhare pyte» (En la alta noche), «María de la Paz», y la creación de un grupo significativo de obras de corte popular. Un ancho camino que transitarían notables compositores como Herminio Giménez, Juan Carlos Moreno González, Mauricio Cardozo Ocampo, Agustín Barboza, Florentín Giménez, Emigdio Ayala Báez, Francisco Alvarenga, Emilio Bobadilla Cáceres, Eladio Martínez, Demetrio Ortiz, los hermanos Larramendia, Félix Pérez Cardozo, entre muchos otros, todos los cuales disfrutaron de su amistad sin dobleces. Y que sentaron las bases de la modernidad en la música nacional con una eclosión de obras de gran calidad a partir de la década del 30, en lo que ha dado en llamarse la «época de oro de la música paraguaya» y que se extendió por varias décadas y abarcó diversas geografías. Movimiento en el cual juegan un papel fundamental la creación de la Banda de Policía, con 18 maestros italianos como integrantes, en 1912, y su gran influencia formadora. Y, por el otro, la naciente conciencia de valoración de la cultura e historia nacional, en la cual el idioma guaraní va a adquirir un rol relevante que permite la aparición de notables poetas que van a acompañar este movimiento. Tarea en la que Rafael Barrett va a sentar las bases de un pensamiento crítico sobre la realidad, que las generaciones siguientes tomarán como bandera.

 Herminio Giménez, Gómez Serrato y Flores. Baile en Punta Karapa, ca. 1920

Herminio Giménez, Gómez Serrato y Flores. Baile en Punta Karapa, ca. 1920

 Lugo, Flores y Gómez Serrato. Banda de la Policía, ca. 1925-1927

Lugo, Flores y Gómez Serrato. Banda de la Policía, ca. 1925-1927

Su legado musical y ético

El maestro Flores fue un hombre que no se sometió, que luchó contra los embates y supo salir adelante en las adversidades, fogueándose desde niño en la lucha a brazo partido para poder sobrevivir, con base en su ingenio, su dignidad y su arrojo. Cualidades que supo transportar, ya adulto, a su carrera como músico y que le hicieron destacar muy pronto entre sus compañeros.

Su figura comienza a prestigiarse desde la creación de la guarania «Jejuí», en 1925. Pero es con «Arribeño resay» (Lágrimas de un arribeño), 1926, con letra del poeta Rigoberto Fontao Meza; «Ñasaindýpe» (Noche de luna), con letra de Félix Fernández, y con «India», con versos definitivos de Manuel Ortiz Guerrero, que el nuevo género comienza a afirmarse en el gusto de la gente, trasciende las fronteras y pronto se canta en Buenos Aires, con registros de la mítica Orquesta Ortiz Guerrero. El músico y estudioso Dr. Juan Max Boettner –que lo reconoce como el creador de la guarania– señalará ya en 1956 respecto a la trayectoria del artista: «Fue imponiéndose poco a poco. El ambiente de la patria le pareció estrecho y buscó mayor horizonte en Buenos Aires, donde reside desde hace muchos años. Su prestigio fue ensanchándose con límites internacionales y mundiales».

Y el connotado director ruso-israelita Yuri Aranovich, quien dirigió la grabación de sus obras sinfónicas en Moscú, dirá en Roma en 1977 en una entrevista con Luis Szarán publicada en el diario Última Hora: «Era un hombre extraordinario, manteníamos una constante comunicación y terminamos siendo grandes amigos. Es un gran compositor que merece un mayor reconocimiento».

 Flores con el director ruso Yuri Aranovich y el tenor Vladimir Majov. Moscú, 1969

Flores con el director ruso Yuri Aranovich y el tenor Vladimir Majov. Moscú, 1969

Mientras recibía estos reconocimientos a nivel internacional, desde principios de la década de 1960, el régimen autoritario desataba en el país una intensa campaña plagada de falsedades. La misma estaba centrada en la negación de la autoría de Flores como creador de la guarania, para atribuírsela a Ortiz Guerrero. Y que continuó luego de su muerte en 1972, por el pavor del régimen a que la repatriación de sus restos concitara una multitudinaria concentración ciudadana. Además de negarle la paternidad del nuevo género, le negaron los documentos y hasta la nacionalidad. No podían aceptar la campaña por la libertad de los presos políticos impulsada por Flores a nivel internacional y tampoco su militancia comunista.

Tras la caída de la dictadura, en 1989, se inició en el país un proceso de recuperación de su memoria y de sus restos, yacentes en Buenos Aires por años, y –favorecido por el clima de libertad–, se inició la difusión de sus grandes piezas sinfónicas escuchadas por vez primera en el país a través de la interpretación de agrupaciones como la Orquesta Sinfónica de la Ciudad de Asunción (OSCA), bajo la dirección del maestro Luis Szarán. Y luego, con la Orquesta Sinfónica Nacional (OSN) –bajo la batuta de los maestros Florentín Giménez y Juan Carlos Dos Santos– y la Orquesta de Uninorte –con la dirección del maestro Diego Sánchez Haase–, «María de la Paz», «Guyraü», «Mburikao» y «Ñanderuvusu» fueron ofrecidas a un público expectante, evidenciándose su enorme talento para verter en melodías los grandes temas de la realidad histórica y social del país. Y su preocupación ante la amenaza nuclear a la paz mundial. La recepción de los medios y el público fue entusiasta.

El maestro con la intérprete rusa, en una pausa de las grabaciones de sus obras por la Orquesta y Coro Unidos de la Radio y la Televisión Soviética, 1969

El maestro con la intérprete rusa, en una pausa de las grabaciones de sus obras por la Orquesta y Coro Unidos de la Radio y la Televisión Soviética, 1969

La radio, la prensa y la televisión cumplen un rol social importante en el inicio de la transición democrática al dar a conocer la historia casi desconocida del creador, quien había estado proscripto por casi tres décadas. Además, logra acercar al público la visión de quienes habían sido sus contemporáneos y le sobrevivieron, como Herminio Giménez, Darío Gómez Serrato, Víctor Montórfano, Emilio Vaesken, Mauricio Cardozo Ocampo, Eladio Martínez, Emilio Bobadilla Cáceres, Agustín Barboza, Elvio Romero, Luis Cañete, Antonio Ortiz Mayans, Diosnel Chase, Sila Godoy, Florentín Giménez, Óscar Clérici, Carlos Abente, Gilberto Rivarola, Roa Bastos, entre otros. Y acerca la opinión de los conocedores de sus obras, como Lobito Martínez, Luis Álvarez, Óscar Cardozo Ocampo, quien ofrecería varios conciertos en su homenaje. Así como el rescate que realizan importantes artistas como Maneco Galeano, Carlos Noguera, Juan Manuel Marcos, Mito Sequera; grupos como Juglares, Vocal Dos, Sembrador, Tetãgua, Ara Pyahu, entre otros.

Pero ¿por qué revisitar la figura y la obra de un artista como Flores? Como lo dijera en 1995 el destacado maestro Óscar Cardozo Ocampo, al hablar de la guarania y su creador: «Es la creación de un genio… Es el que surge como un fenómeno en ámbitos que no reúnen las condiciones, como es el caso de Flores, que nace en este país a principios de este siglo, cuyo entorno no era el que le brindaba los mejores momentos para su formación. Como fue el caso de Barrios, que está en la misma categoría».

Flores, en su carácter de miembro del Consejo Mundial de la Paz, con el líder chino Mao Ze Dong, Beijing, 1959

Flores, en su carácter de miembro del Consejo Mundial de la Paz, con el líder chino Mao Ze Dong, Beijing, 1959

Los conjuntos y artistas populares como Juglares, Sembrador, Vocal Dos, Ñamandu, Ricardo Flecha, el dúo Ara Pyahu, el grupo Tetãgua, Generación, Lizza Bogado, Ricardo Flecha, Ismael Ledesma, entre otros, difundirán en encuentros festivaleros, como el de Ypacaraí, el de la Raza en Villarrica, el del Ñandutí, el del Takuare’ê en Guarambaré primero y luego, en los años ochenta, en los festivales Mandu’arã en la capital, un repertorio enriquecido durante varias décadas, donde la guarania y la figura del maestro ocupan un lugar central, superando la censura oficial. Repertorio que de la mano de los diarios llega en formato de cedés para el gran público en la voz de diversos intérpretes. A lo que se suma la edición en cedé de todas sus obras sinfónicas para su distribución al mundo educativo, por iniciativa del Ateneo Cultural José Asunción Flores en las décadas de 1990 y de 2000. Y otras iniciativas igualmente importantes, como la erección de un conjunto escultórico, a cargo del gran artista Hermann Guggiari en la plaza que lleva el nombre Manuel Ortiz Guerrero-José Asunción Flores, donde yacen los restos de este último; la denominación a su sala principal de conciertos por parte del Banco Central del Paraguay como Gran Teatro «José Asunción Flores» y la instalación de una muestra permanente de sus partituras y cartas en el Museo de la Música del Centro Cultural El Cabildo, junto a otros grandes artistas.

Flores en un calle de Buenos Aires. Década de 1960

Flores en un calle de Buenos Aires. Década de 1960

A pesar del largo exilio la personalidad del creador de «Mburikao» marca de manera profunda la evolución de la música moderna paraguaya, influyendo en numerosos creadores y artistas a través del tiempo, así como en el gusto del público. Y aunque prohibidas, sus adversarios no pudieron impedir que la gente cantara sus guaranias y que pasaran de boca en boca las anécdotas sobre su vida, lo que lo convirtió en una leyenda aún en vida. Sus discos grabados en la Argentina y en Rusia circularían clandestinamente de mano en mano y se escucharían con devoción.

Se conoce su último sueño incumplido: «Quería escribir a orillas del río Aquidabán un poema sinfónico sobre la muerte heroica del Mariscal López defendiendo a la patria; un vasto fresco sobre la tragedia de la Triple Alianza», señala Gilberto Rivarola, quien fue presidente del Ateneo Cultural José Asunción Flores.

 

* Antonio V. Pecci es periodista e investigador.

 

Nota de edición: El texto aquí reproducido ha sido extraído de Antonio V. Pecci. José Asunción Flores. Creador de la guarania. Servilibro, Asunción, 2016.
Algunas imágenes que ilustran este artículo fueron proveídas por el autor y otras proceden del álbum José Asunción Flores. El padre de la guarania (investigación de Antonio V. Pecci y supervisión artística de Margarita Morselli), publicado por el Congreso Nacional, el Centro Cultural de la República El Cabildo, la Fundación Augusto Roa Bastos y Editorial Servilibro.

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