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Cultura

Arquitectura del paisaje en Asunción. Higienismo y jardines de recreo clásicos

Jardines de la Costanera, ca. 1930

Jardines de la Costanera, ca. 1930

El higienismo es una corriente de pensamiento surgida en Europa en el siglo XIX, que abogaba por ciudades más sanas y limpias, teniendo como principal herramienta la generación de espacios verdes de carácter público.

Desde su rol de arquitecto paisajista, el francés Jean-Claude Nicolas Forestier fue quizás el mayor abanderado de aquella corriente. Autor de numerosas obras de paisajismo urbano en Francia y España, dejó también su impronta en Latinoamérica, sobre todo en La Habana y Buenos Aires. Pero no fue ni el primero ni el único. Entre fines del siglo XIX y principios del XX, varios de los más célebres paisajistas franceses llegaron a la región para reconfigurar, desde sus espacios públicos, diversas ciudades de Argentina, Uruguay, Chile y Brasil. Tal el caso de Charles Thays, Édouard André, Eugène Courtois o Joseph Bouvard.

Jardines del ensanche de plaza constitución ca 1930

Jardines del ensanche de Plaza Constitución, ca. 1930

La Municipalidad de Asunción, con las arcas casi vacías, no disponía de presupuesto para contratar los servicios de tan célebres profesionales, pero tampoco se quedaría con los brazos cruzados ante las nuevas tendencias de la región. Es así que, en 1926, el intendente Miguel Ángel Alfaro decidió enviar a Buenos Aires y Montevideo a Leopoldo Benítez, para interiorizarse in situ de los proyectos existentes y en ejecución, principalmente los de la costanera de Buenos Aires, obra de Forestier.

Leopoldo Benítez es un actor clave para entender la figuración de los espacios públicos del centro de Asunción durante la primera mitad del siglo XX. Agrónomo egresado de la primera promoción de la Escuela Agrícola de Trinidad, poeta y prosista en guaraní, fue durante muchos años director de Parques y Jardines de la Municipalidad, donde no solo demostró mucho oficio para situaciones administrativas y ejecutivas, sino también genuino interés teórico respecto a temas de paisaje urbano. Publicó varios artículos donde reflexionaba sobre distintos aspectos de la arquitectura del paisaje, con mucho conocimiento y erudición, evocando a diversos autores, especialmente a Forestier y su reconocido libro Grandes ciudades y sistemas de parques (1904). Benítez no solo fue responsable de impulsar la creación y el mantenimiento de varios de los jardines públicos de Asunción, sino también tuvo participación en el diseño de algunos, tal el caso de la desaparecida Plaza del Mercado.

Jardín de la Plaza del Mercado (actual Plaza O'Leary). Década de 1920

Jardín de la Plaza del Mercado (actual Plaza O’Leary), ca. 1930

Este bello jardín fue diseñado sobre los escombros del original Mercado Guasú (demolido en 1909), en la manzana donde actualmente se encuentra la plaza Juan E. O’Leary, microcentro de la capital. El trazado de las líneas principales fue hecho de manera provisoria a mediados de la década de 1920 durante la administración municipal de Miguel Ángel Alfaro, mientras que los trabajos de jardinería se desarrollarían durante el mandato de Baltazar Ballario.

Estilísticamente, es nítido representante del neoclasicismo francés, basado en una rígida geometría, con un notable eje de simetría, pequeños jardines separados por camineros de ripio y sin considerar desniveles (pese a los dos metros de diferencia entre la altura de las calles Estrella y Palma). En términos compositivos, recurre a las tres formas básicas (círculo, cuadrado y triángulo equilátero), considera la proporción áurea (1,618) en la relación de tamaño entre sus elementos y su diseño rinde tributo al positivismo, corriente filosófica muy en boga en los círculos intelectuales de la época.

El jardín de la Plaza del Mercado pertenece, al decir del propio Leopoldo Benítez, a la categoría de jardines de recreo clásicos, la cual también integraron otros jardines públicos como el del ensanche de la actual Plaza Constitución (también de estilo neoclasicista francés, aunque con mayor variedad de elementos compositivos), los jardines de la costanera original de Asunción, inaugurada a inicios de la década de 1930 (con similares criterios estilísticos a los ya mencionados) y, como caso singular dentro del conjunto, los jardines del Palacio de López (específicamente la versión del año 1929) que salieron de la rígida geometría de círculos y rectas, exhibiendo unosparterres con complejas curvas vegetales, moldeadas como representación iconográfica de la flor de lis.

Jardines del Palacio de López

Jardines del Palacio de Gobierno, ca. 1930

No obstante el vital desarrollo de los jardines de recreo clásicos durante las décadas de 1920 y 1930, para hablar de los inicios habrá que retroceder un poco más en el tiempo, hasta el año 1910, cuando es ejecutado el primero de todos: el jardín del ex Cabildo (actual Centro Cultural de la República). Aunque no hay datos sobre la autoría, sí existen documentos de la licitación de su construcción, adjudicada a Enrique Clari, reconocido representante local del modernismo catalán. Por sus características, este jardín también puede encuadrarse estilísticamente en el neoclasicismo francés. Compuesto por formas básicas (círculos y rectángulo), se desarrollaba a lo largo de un eje que tenía como remate el edificio del ex Cabildo, con un parterre central mayor y cuatro menores (dos en cada extremo del eje). Los camineros eran de piedra y la jardinería sencilla pero muy cuidada. Este jardín no solo fue el primero de los ejemplos clasicistas en espacios públicos, sino el último sobreviviente, echado a perder definitivamente en el año 2004 cuando un fallido espejo de agua fue construido en el sitio por la municipalidad.

Jardín del ex Cabildo (actual Centro Cultural de la República), ca. 1910

Jardines del ex Cabildo (actual Centro Cultural de la República), ca. 1920

Todos los jardines mencionados gozaron de buena fama y fueron carta de presentación de Asunción por varios años, retratados en numerosas postales y álbumes gráficos. Notablemente, en el momento de mayor esplendor, tendrían un final abrupto a fines de la década de 1940, cuando fueron radicalmente suplantados por un único diseño seriado que, lejos de indicar el paso del clasicismo a la modernidad, sirvió más bien para dejar un claro mensaje político: el fin de la era liberal (y sus símbolos) y el inicio de la era republicana (y sus ideas).

 

* Carlos Zárate es arquitecto, docente, investigador; magíster en Restauración y conservación de bienes arquitectónicos y monumentales (UNA-IIF) y coordinador de Área de Teoría y Urbanismo (FADA-UNA).

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