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Cultura

El Mariscal y su(s) retrato(s)

Hace exactamente diez años, en el mes de julio, se inauguraba “El Mariscal”, exposición dedicada al retrato decimonónico que tuvo como núcleo la figura de Francisco Solano López, cuyo aniversario de nacimiento se celebró ayer. Más allá del discurso panegírico y el relato histórico, se trató de un trabajo de memoria, con sus zonas de disputa y tensión.

Aurelio García, “Retrato del Mariscal Francisco Solano López”, 1866. Cortesía

Aurelio García, “Retrato del Mariscal Francisco Solano López”, 1866. Cortesía

Con curaduría del historiador argentino Roberto Amigo y expografía del artista Osvaldo Salerno, El Mariscal. El cuerpo del retrato, Paraguay, siglo XIX  desplegó en el CAV/Museo del Barro pintura, fotografía y material diverso (incluidas algunas ropas que pertenecieron a López), procediendo a la recomposición en clave contemporánea de un cuadro de época que incluía al expresidente y sus allegados.

El aniversario de una personalidad controversial y controvertida como López es siempre ocasión propicia para reflexionar sobre la representación del poder y el poder de la representación en un contexto signado por la tragedia y las pujas políticas. La exposición ofreció un claro contrapunto entre la potente imagen pública de López, magnificente y colorida, como aparecía en los retratos ecuestres, y la imagen privada, íntima, de sus fotografías, reducidas en tamaño y transidas de oscuros vaticinios.

Retrato del Mariscal López, ca. 1870. Carte de visite. Colección CAV/Museo del Barro. Cortesía. Retrato del Mariscal López, imagen retocada digitalmente por Richard Careaga. Cortesía

Retrato del Mariscal López, ca. 1870. Carte de visite. Colección CAV/Museo del Barro. Cortesía. Retrato del Mariscal López, imagen retocada digitalmente por Richard Careaga. Cortesía

Por un lado, las grandes pinturas muestran a un López que mira desde arriba, sobre su corcel blanco, o bien rodeado de oropeles y símbolos de gloria. Este es el caso de las obras de Aurelio García, realizadas en vida del Mariscal, y de las que se produjeron mucho después, como las de Guillermo Da Re. Por otro, los retratos fotográficos en sepia, chicos y sin grandilocuencia, sumergen el rostro y el cuerpo del Mariscal, con disminuida dignidad, en una profunda melancolía. Pero en un doble cruce, las imponentes figuras ecuestres son reproducidas a escala muy pequeña y pasan de mano en mano impresas en las cartes de visite, costumbre traída de París, donde habían hecho su aparición en 1854.

Paraguay tuvo una historia diferente a la de los demás países americanos en lo que a producción y circulación de imágenes se refiere, pues la cultura visual burguesa que se abrió camino tras las respectivas independencias no prosperó aquí debido a la política de aislamiento impuesta por Rodríguez de Francia, afirma Roberto Amigo. El retrato como expresión de individualidad, propia de un nuevo régimen, o bien como dispositivo proselitista, como se dio en el Río de la Plata, surgió recién en tiempos de López (hijo), quien supo percibir durante su viaje a Europa el verdadero poder político de la imagen, señala el curador.

Bernardet (atribuido). Retrato escuestre del Mariscal Fracisco Solano López, ca. 1865. Cortesía

Bernardet (atribuido). Retrato escuestre del Mariscal Fracisco Solano López, ca. 1865. Cortesía

La estrella de la exposición fue un retrato ecuestre de considerable tamaño que venía de La Habana. Había llegado a la isla en los años 70 en estado muy deteriorado y fue restaurado por técnicos cubanos que le devolvieron su esplendor. De autoría atribuida a Bernardet, también se pensó que podría haber sido pintado por Juan Manuel Blanes, el reconocido artista uruguayo, dada la coincidencia formal de la obra con fotografías de época firmadas por un estudio de Buenos Aires y otro de Montevideo que reproducían un retrato del Mariscal realizado por Blanes a pedido del encargado paraguayo de negocios en Uruguay, en 1865. El cuadro retornó al Paraguay durante los festejos del Bicentenario, donado por el gobierno de Cuba, en uno de cuyos museos, el Cuartel del los Capitanes Generales, estaba exhibido.

Viejos y nuevos discursos

El trágico final de la guerra del 70 llevó consigo toda representación épica o, incluso, romántica, de López. Sobrevinieron décadas de silencio y condena sobre quien había sido implacable con sus enemigos, reales e imaginarios, adentro y afuera. Los gobiernos militaristas del siglo XX reivindicaron su figura y así reapareció su efigie en monedas, billetes, esculturas, grabados y nuevamente en pintura, en tanto la nomenclatura de la ciudad le otorgaba un lugar de privilegio.

Faustino Adorno, Hermann Guggiari. Bustos del Mariscal López. Cortesía

Faustino Adorno, Hermann Guggiari. Bustos del Mariscal López. Cortesía

En la modernidad reaparece la figura de López en el arte con un tono conmemorativo, como sucede en las esculturas de Faustino Adorno en los 60 o Hermann Guggiari incluso en los 80, y también abordada desde ensayos formales que desestabilizan por un instante la imagen del héroe mediante colores estridentes asociados a la bandera nacional, como ocurre en una pintura de Laura Márquez de mediano formato, de 1969. Más recientemente, ya interpelando los valores de nación y heroísmo, una obra de Claudia Casarino, presentada al Premio Nacional de Bellas Artes en 2011, desdibuja literalmente el perfil de López en un retrato ecuestre sobre papel cuyas ondulaciones insinúan una presencia espectral que, desde el otro lado del tiempo, pugna por manifestarse. Otro artista que ha desarrollado iconografía sobre el Mariscal es Jorge Ocampos, quien lo presenta sobre un caballo rojo, o colorado, si se quiere, sobre un fondo de inevitable entropía. Asimismo, piezas fotográficas han sido reconstruidas mediante procedimientos digitales que confieren a la imagen una nueva capacidad discursiva. Ciertamente, no se detiene la reformulación simbólica en torno a quien, aún hoy, desata tempestades.

Claudia Casarino, Ta’anga y reí, 2011. Jorge Ocampos, S/T, s/f

Claudia Casarino, Ta’anga y reí, 2011. Jorge Ocampos, S/T, s/f. Cortesía

 

Nota: Las referencias de la exposición y las imágenes de obras de Aurelio García y Bernardet, así como la fotografía antigua del Mariscal López, proceden del catálogo El Mariscal. El cuerpo del retrato, Paraguay, siglo XIX, CAV/Museo del Barro, Asunción, 2011.

 

*  Crítica de arte, editora, curadora. Miembro de la Asociación Internacional de Críticos de Arte.

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