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Cultura

León Cadogan: búsqueda, vivencia y secreto revelado (II)

Esta nueva entrega de la antropóloga Gloria Scappini busca desglosar las dos etapas principales de la producción intelectual de León Cadogan, iniciada en 1940, de manera a entrever las rupturas epistemológicas que ellas generaron, tanto en su propia trayectoria como en las corrientes de pensamiento de su época.

León Cadogan. Cortesía

León Cadogan. Cortesía

¿Qué buscaba Cadogan haciendo primero folklore y después etnografía y etnología? Cadogan se buscaba a sí mismo como hombre y como paraguayo. Recorría las picadas de su propio ser. Bartomeu Melià

En la primera parte de este artículo iniciamos un recorrido reflexivo en torno a la vida y la obra de León Cadogan, en el cual pudimos presentar algunos elementos de su historia, así como de su manera original y creativa de adoptar, a partir de la experiencia vivencial, un verdadero “modo de ser guaraní” vuelto pensamiento y conocimiento. Esta nueva entrega busca desglosar las dos etapas principales de su producción intelectual, que se inicia en 1940, de manera a entrever las rupturas que opera con ellas, tanto en el contexto de su propia trayectoria como en el de las corrientes de pensamiento de su época. Todo esto, atravesado por un perfeccionamiento de su peculiar metodología: la objetivación de la subjetividad a través del descubrimiento de sí mismo.

La etapa folclórico-mitológica

Cuando León Cadogan empieza a recolectar leyendas, creencias y costumbres en los campos guaireños, allá por los años 20, ayudado por su profunda familiaridad con el mundo campesino a través del manejo del guaraní, no sabe que la manera en que  llegará a transmitir sus conocimientos lo acercarán a las grandes rupturas epistemológicas que se dan en los principales círculos académicos europeos (Francia, Alemania, Inglaterra) a principios del siglo XX.  Si nos fijamos en la historia de los estudios de folclore o Folk Studies (folklore es el término inglés usado para designar la cultura popular o vernacular, del inglés folk, pueblo y lore, acervo, saber o conocimiento), esos años están marcados por un giro conceptual en cuanto el folklore estaba muy asociado a la colecta e investigación de expresiones tradicionales interpretadas como remanentes de cultura que sobreviven en un tiempo al cual supuestamente ya no pertenecen, en suma, una visión arcaizante. El concepto mismo de arcaísmo es el que garantizará que el folclore cumpla una función legitimadora de los nacionalismos, sinergia que se verá cada vez más cuestionada en la medida en que la antropología de los pueblos no-europeos se desarrolla, acentuando la necesidad de reconstruir contextos, y que no hay expresión popular que no se inserte en un sistema de vínculos sociales y culturales que deben ser descritos.

Cadogan se siente con confianza con respecto a su castellano aprendido tarde y se anima a publicar sus primeros artículos sobre folklore guaireño en 1940, en el periódico El Pueblo de Villarica, y luego sobre el mismo tema en la revista Culturapublicada en Mbopi-cua bajo la dirección de Guillermo Enciso Velloso y Epifanio Méndez Fleitas. Los primeros artículos son “El yaguarete burlado”; “Ybyturuzú, el antropófago de la cordillera de Villarica”, “Guembe, leyenda india” y “Laguna Jhu”, entre otros, colectando “lo más poético, lo más ingenioso, sazonado de picardía y ungido de gracia de todo el Paraguay” [1] como dirá Efraim Cardozo con respecto a las primeras fuentes de tradición oral que Cadogan eligió explotar.

Carobeni. Apuntes de toponimia hispano-guaraní. Imprenta Paraguay, 1959

Carobeni. Apuntes de toponimia hispano-guaraní. Imprenta Paraguay, 1959

Estas publicaciones marcan una etapa de producción concentrada en la sabiduría campesina, que no obstante se acompañaba de una profundización de los contactos con los mbya-guaraní asentados a orillas del Tebicuary-mi. Cadogan estaba en ese tiempo instalado en la colonia Natalicio Talavera con su padre, que padecía de ceguera, para cuidarlo. Se hace cargo ahí de un pequeño aserradero, una destilería de caña y esencia de petit grain, y de faenas agrícolas. Había vivido la muerte de su madre unos años atrás, la de su hermano Hugo como consecuencia de las penurias vividas en la selva al escapar de los revolucionarios durante la Guerra Civil (1922-1923), y el quiebre del banco donde la familia tenía todos sus ahorros. Tiene en ese momento siete hijos de un primer matrimonio con Mercedes Colmán, quien fallece a consecuencia del parto de dos mellizos más. Cuatro años después otro hijo resultará de su unión con Francisca Barrios, de Natalicio Talavera.

A nivel laboral, esta etapa no deja de tener sobresaltos, y  ya se perfila en Cadogan un cierto malestar al ocupar cargos públicos en un contexto de avanzada nacional sobre territorios rurales, cuyo frente pionero desconocía su impacto como generador de vulnerabilidades en los amplios sistemas de vida cuyas riquezas culturales el antropólogo estudiaba. En 1939 es nombrado presidente de la junta económico-administrativa de la colonia Mauricio José Troche, cargo que no llega a desempeñar. Luego, en 1941, es designado juez de Paz de la colonia Natalicio Talavera, función que solo desempeña poco más de un mes. El mismo año su amigo, el mayor Rogelio Benítez, lo nombra jefe de Investigaciones de la Delegación de Gobierno de Villarrica, cargo en el que se mantendrá tres años, dictando simultáneamente clases de inglés en la Escuela Normal, la Escuela de Comercio y el Centro Anglo Paraguayo, que finalmente pasará a dirigir en 1944, abandonando la Policía. Lo mejor de su colecta etnográfica de folklore guaireño será publicado como libro recién en 1948 por la editorial Guarania, de Natalicio González, bajo el título Guahi Rataipy, proyecto que un grupo de amigos ya ideaba desde 1942. Es su primer libro y aparece mientras estaba desterrado en Buenos Aires por razones políticas en ese decenio candente que vivió el Paraguay. Esta línea de investigación se verá acrecentada con la publicación póstuma Tradiciones guaraníes en el folklore paraguayo, segunda parte de Guahi Rataipy, edición preparada por Bartomeu Melià, aparecida en 2003.

Guahi Rataypy, símbolo de la etapa folklórico-mitológica en la obra de Cadogan. Editorial Guarania, 1948

Guahi Rataypy, símbolo de la etapa folklórico-mitológica en la obra de Cadogan. Editorial Guarania, 1948

La etapa folklórico-mitológica en Cadogan, por la manera en que se gesta sutilmente influenciada por los contactos con el mundo indígena, se manifiesta como una postura frente a un tiempo en el cual la sociedad nacional reactualiza mecanismos coloniales de poder. Se desmarcan totalmente de la etnografía patriótica o del romanticismo del indigenismo novecentista, reinstaurando una mirada científica a las tradiciones y saberes que percibe el folklore como lo que realmente es: la expresión de la coexistencia entre dos culturas, una dominante, otra dominada, así como lo conceptualiza la ciencia de la primera mitad del siglo XX, contra toda ideología.

La etapa etnográfica y etnológica

Esta será la etapa más prolífica de León Cadogan. Si bien recibir las enseñanzas de los Mbya Guaraní constituye una rutina dentro de su cotidiano aquejado por problemas económicos y una dolencia pulmonar que contrae en 1945, no será hasta el encuentro mágico con el cacique Pablo Vera, de Yroysa, Paso Yovái, que Cadogan dirigirá toda su atención, como un iniciado de esta etnia,  a ese lenguaje “místico y esotérico” propio de la mitología y religión Mbya Guarani,  que hasta ese momento se mantenía en secreto frente a los blancos. Este encuentro es posible gracias a la intermediación de Mario Higinio, recluso guaraní de la cárcel de Villarrica a quien Cadogan presta ayuda para su liberación en 1946. Ese mismo año es nombrado secretario general de la Policía en Asunción, cargo que no acepta por motivos de salud e imposibilidad de trasladarse con su numerosa familia: doce hijos, los últimos nacidos de las nupcias con María Pabla Gauto. Diagnosticado con tuberculosis, enfermedad que lo lleva a internarse en 1947, y frente a la imposibilidad de obtener materiales bibliográficos para acompañar sus búsquedas de campo (contexto de guerra mundial), opta por la correspondencia como método para realizar la difícil tarea que separa la etnografía de la etnología, la colecta de la interpretación. Es así como iniciará fructíferos diálogos con grandes personalidades de la antropología, la lingüística, la prehistoria y la filología  mundial, como Egon Schaden, Paulo de Carvalho Netto, Herbert Baldus, de Brasil; Manuel Gamio, Juan Comas y Miguel León Portilla, de México; Antonio Tovar, de España, y Bernard Pottier, Alfred Métraux y Claude Lévi-Strauss, de Francia, entre otros intelectuales. Sus estudios empiezan a tomar formas que llegarán a despertar gran interés y se publicarán internacionalmente, mientras que a nivel local rompe un relativo aislamiento tomando contacto directo con Juan Belaieff, Andrés Barbero, Herib Campos Cervera, Guillermo Tell Bertoni y Juan Max Boettner, entre otros.

El año 1949 le proporciona cierta tranquilidad y un sueño anhelado. La Curaduría de Indios Mbya Guaraníes del Guairá, dependiente del Ministerio de Educación, es creada a instancias de Zacarías Arce para que Cadogan se haga cargo de ella: al fin podría dedicarse plenamente a sus investigaciones y a la defensa de los derechos indígenas. A partir de entonces, soportando el debilitamiento progresivo que le produce la enfermedad, encara varias iniciativas en pos de una política indigenista humanizada, puesto que decía:

La causa del odio que a los últimos remanentes de nuestros pueblos guaraníes le inspira la cultura del paraguayo, producto de lo que a algún mitómano se le antojó designar la alianza hispano-guaraní, es evidente; y para desentrañarla basta con analizar el valor semántico que en la vernácula tiene la palabra cristiano. Significa ser humano, y con tal significado se cumple hasta el presente en nuestras zonas rurales como el Guairá. El que no es un Cristiano es un avá, palabra que en guaraní castizo significa hombre, pero que ahora designa al indio, al salvaje [2].

Los años 50 y 60 muestran el apogeo de una metodología que llegará a beneficiar de múltiples maneras a los pueblos indígenas y al conocimiento antropológico en el Paraguay. La publicación de Ayvu Rapyta: Cantos míticos de los Mbya Guaraní del Guairá en São Paulo, gracias al apoyo de su amigo Schaden, le abrirá definitivamente la posibilidad de ser escuchado más allá de las fronteras sobre las injusticias y atropellos de la época. Se involucra de manera radical en lo que será la lucha intelectual y política contra los cazadores de Aché-Guayakí, el gran capítulo de genocidio indígena del Paraguay independiente, hasta el punto de pedir ayuda al extranjero para no descuidar sus investigaciones, tramitando así la venida, desde París, de la misión de investigación Clastres-Sebag. Se jubila en 1966 y se traslada a Asunción, formando a Bartomeu Melià en la continuación de un camino que consideraba que había apenas entamado. Justo Pastor Benítez, autor de una de las pocas notas que lo homenajean en su labor, recuerda haberse sorprendido al visitarlo, al verlo rodeado de libros y documentos guardados en armarios y cajones de nafta [3].

Mil apellidos guaraníes, aporte de Cadogan al estudio de la onomástica guaraní y paraguaya. Editorial Toledo, 1960

Mil apellidos guaraníes, aporte de Cadogan al estudio de la onomástica guaraní y paraguaya. Editorial Toledo, 1960

De sus Memorias como “extranjero, campesino y científico” extraemos este ejemplo de creatividad literaria con el que demuestra ser portador y transmisor de grandes herencias.  Así relata a una de sus nietas el encuentro con Pablo Vera, su gran mentor:

— Quiero que me cuentes lo que la sabiduría de tus abuelos cuentan acerca del comienzo de las cosas, acerca del principio del mundo. Y él me contestó:
— Acerca del principio de las cosas no te puedo hablar, tampoco creo que vosotros podríais explicarlo, porque es algo que nuestro padre no nos ha revelado. Acerca de los comienzos de esta tierra, sin embargo, puedo hablarte, acerca del cielo que veis, del sol que nos alumbra, del trueno y del relámpago, del fuego que utilizamos, de la sabiduría que nos permite distinguir entre lo bueno y lo malo. Y comenzaré por decirte que, en medio de las inmensas tinieblas impenetrables, sin comienzo y sin fin, que nosotros llamamos Pytũ Yma, apareció, repentinamente, Nuestro Primer Padre. Simultáneamente con él surgieron, en medio de la oscuridad, una Lechuza y un Colibrí Azul. Pero ni ellos ni nuestro Padre vieron la oscuridad, pues del pecho de éste surgía un haz de luz tan potente que convertía el mar de tinieblas en algo tan radiante como un hermoso día de primavera iluminado por el sol [4].

El 30 de mayo de 1973, León Cadogan muere en Asunción y su palabra-alma es conducida por las aves del trueno a la morada primigenia desde la cual podrá reencarnarse y descender por la coronilla de todo aquel que se deje interpelar por los misterios de la identidad, cual reflejo de la sabiduría de Ñande Ru Tenonde, jechaka mba’ekuaa.

Notas
[1] Cardozo, E. (1966). “El guaireño León Cadogan” en Suplemento Antropológico de la Revista del Ateneo Paraguayo, Vol. 2, N°1, Asunción.
[2] Cadogan, L. (1971). Yvyra Ñe’ery: fluye del árbol la palabra, Asunción: Ceaduc-UCA.
[3] Benítez, J. P. (1962). “León Cadogan”, en Ñande, N° 78, Año IV, Asunción.
[4] Cadogan, L. (1990). Extranjero, campesino y científico: Memorias, Fundación León Cadogan/Ceaduc/Cepag: Asunción, p. 189.

* Gloria Scappini es licenciada en Etnología Americanista y máster en Antropología Social y Sociología Comparativa por la Universidad de Paris X, Nanterre, Francia. [email protected]

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