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Cultura

Un microcosmos de la vida judía en el Paraguay

¿Dónde pueden coincidir los tiempos y territorios del judaísmo? ¿Dónde confluyen rezos, “talit”, “tora”, “shabat”, las altas fiestas, con la singularidad de la Shoa, los agricultores judíos en el Guairá y el barrio Palestina? ¿Dónde conviven el sentido cotidiano, la vocación universalista judía en sus distintas manifestaciones, y la tragedia contemporánea, el sinsentido absoluto? El Museo Judío del Paraguay es un buen lugar para buscar respuestas.

Sala Roja. Objetos de la ritualística judía © Laura Mandelik

Sala Roja. Objetos de la ritualística judía © Laura Mandelik

No serás una víctima, no serás un perpetrador;
pero, sobre todo, no serás un espectador.
Yehuda Bauer

 

En sus diferentes secciones, el Museo Judío del Paraguay invita a conocer las expresiones locales de una creencia varias veces milenaria cuyo fundamento esencial es la fe en un único Dios. Las peripecias de siglos –especialmente los exilios, pogromos y el Holocausto– ramificaron aquellas raíces en distintas corrientes, en distintos lugares, de la mano y del espíritu de miles de rabinos que, en ruidosas yeshivot y midrashot, en concurridosshul, vivieron la vocación judía en aquellos sitios adonde las circunstancias los condujeron, desde la Tierra Santa.

El judaísmo se pensó y resignificó en la antigua Babilonia, también en la milenaria China, en las inciertas y dolorosas Sefarad y Ashkenaz –hoy España, Alemania y Europa Central–, Rusia, los guettos (concepto que atraviesa el tiempo, desde el medioevo hasta el siglo XX), los Estados Unidos, la Argentina –con sus gauchos judíos–, los campos de concentración y exterminio, en Etiopía y los ecos de tiempos salomónicos. El judaísmo se dice de muchas maneras hoy en Israel y en la llamada diáspora judía, y se tensa entre la tradición y la asimilación (y sus varios matices intermedios).

Y entre contrastes, divergencias y no pocos dolores, en cada sitio del exilio, en cada lugar de la dispersión, ayer y hoy, el encendido de una vela anuncia la llegada del shabat, el día festivo, el día del descanso, el día del deleite; un rollo de tora congrega en la oración; la esperanza y la vida fueron y son celebradas en cada Pésaj y las privaciones del ayuno significan un pedido de perdón en Iom Kipur. En cada momento, el uso de un antiguo verbo, pero siempre pronunciado en tiempo presente y en imperativo, Shmá Israel! (Escucha, oh Israel), da nueva vida a aquel siempre presente pasado.

* * *

Ubicado en un antiguo y recatado chalet de la calle Eligio Ayala, a metros de su intersección con la Avenida Perú, se encuentra el Museo Judío del Paraguay “Walter Kochmann”. El espacio es una búsqueda de síntesis, en lenguaje museográfico, de diversos momentos de la vida judía del país. Sus tres salas y otras apuestas simbólicas en el interior no dejan lugar para emociones a medias: los objetos de la Sala Roja expresan la vivencia cotidiana de tradiciones, ritos y rezos, tal como se vivieron en Villarrica y en Asunción; la Sala Negra evoca la gran tragedia del siglo XX, la Shoa, la destrucción del judaísmo, el Holocausto; y la Sala Azul da cuenta de los aportes de personalidades y organizaciones judías del Paraguay a la política, las artes, la ciencia y la cultura.

Sala Roja. Objetos de la ritualística judía © Laura Mandelik

Sala Roja. Objetos de la ritualística judía © Laura Mandelik

En realidad, la vivencia del museo comienza con el chalet que lo aloja. Antaño perteneciente a la familia Cöhn, fue donado para esta función. Responde a un tipo de arquitectura posterior a la Guerra del Chaco, que fue preservado por quienes pensaron y desarrollaron el sitio –Toni Roberto, Luis Lataza y Fabio Weissman– como expresión de la historia de la arquitectura asuncena.

La denominación del espacio homenajea a quien lo concibió, Walter Kochmann (1939-2006), en tanto el otro promotor de la idea, Alfredo Seiferheld (1950-1988), es recordado en el salón auditorio que lleva su nombre. Ambos nacieron en el Paraguay, ambos en el Guairá: Kochmann en Carlos Pfannl y Seiferheld en Villarrica. Las vidas de ambos también reflejan, desde el nacimiento, los efectos de la persecución en la Alemania nazi, por una parte y, por otra, el refugio en el Paraguay y la importancia de estos centros –Guairá y Asunción– como ejes de la inmigración judía inicial. Precisamente, el rollo de la Tora ubicado en la Sala Roja fue traído desde Villarrica. Tiene unos 300 años y procede de Siria, de una comunidad sefardí.

Sala Roja. La Tora © Laura Mandelik

Sala Roja. La Tora © Laura Mandelik

El pasillo que conduce de la entrada a las salas principales es un homenaje a Ana Frank (1929- 1945), la niña judía célebre por la narración de sus vivencias cuando ella y su familia huían de la persecución nazi, plasmadas en su diario hasta su muerte en Bergen Belsen.

Luego, la Sala Roja contiene objetos de la ritualística judía, de la vida centrada en la fe en un solo Dios. Se encuentran presentes el Libro, la Tora, los talitot, mantos con los que se cubren las personas en momentos de oración; la kipa, símbolo de la humildad ante el Creador; los sidurim (libros de oraciones), el Talmud, los elementos del shabat, el día del descanso, la fiesta y el deleite. Esta ritualística acompañó a los primeros inmigrantes judíos en el Paraguay (“turcos”, como los siriolibaneses, en el vocabulario popular, y “hebreos” e “israelitas” en la jerga de los documentos oficiales), instalados tanto en Asunción como en Villarrica.

Sala Roja. Objetos de la ritualística judía © Laura Mandelik

Sala Roja. Objetos de la ritualística judía © Laura Mandelik

La Sala Negra relata el horror de los guettos y campos de concentración durante la Segunda Guerra Mundial y el dominio nazifascista en Alemania, Italia y los países sometidos militarmente. Mientras esto ocurría, familias judías en el Paraguay intentaban rescatar a sus seres queridos, pero los sucesivos gobiernos paraguayos, desde 1936, mantenían severas políticas restrictivas a la “inmigración semita”. Estas restricciones eran meramente formales y sirvieron para crear un mercado negro de pasaportes y visas ilegales vendidos en sumas exorbitantes por representantes diplomáticos paraguayos en Europa a quienes desesperadamente buscaban huir del terror instaurado por el régimen de Adolf Hitler.

Ubicada en el centro donde imaginariamente convergen las paredes e imágenes de la Sala Negra, está la Magen David amarilla que obligatoriamente debían portar, como distintivo de identidad, los judíos de la Europa ocupada. Una estrella amarilla, el añadido forzoso de los nombres de Sara e Israel a los propios y, finalmente, un número grabado en la piel en los campos, reseñan el proceso de deshumanización que caracterizó al nazismo con los judíos, proceso que se extendió también a otros grupos: personas con discapacidades, enemigos políticos, disidentes, los roma (o gitanos), los homosexuales y los eslavos. Sin embargo, el amarillo intenso de la Magen David, en contraste con los negros y grises de la sala y sus objetos, es quizás el anuncio de la sobrevivencia y el triunfo de la esperanza por sobre el horror, de la vida sobre la muerte.

Sala Negra. El horror de los guettos y campos de concentración © Laura Mandelik

Sala Negra. El horror de los guettos y campos de concentración © Laura Mandelik

El tránsito por la Sala Negra no es un camino de indiferencia ni de simple observación; envuelve a quien la visita en la atmósfera de interminables cuestiones políticas y morales que demandan la respuesta de un compromiso activo que impida el surgimiento nuevos perpetradores y víctimas de genocidio, y que evite, sobre todo, la indiferencia.

En la Sala Azul aparecen maletas, pasaportes y visas de inmigrantes, llaves de salida del infierno e ingreso a la esperanza en el Paraguay. De hecho, se denomina Sala de la Esperanza. En ella se abordan, igualmente, momentos como la participación de Paraguay en la partición del mandato británico en Oriente Medio y el respaldo a la posterior independencia del Estado de Israel. Hay retratos de figuras que contribuyeron al desarrollo nacional: Mauricio Schvartzman (1939-1997), uno de los más agudos  analistas sociales del Paraguay –si no el más agudo–; Alfredo Seiferheld, destacada figura de los estudios históricos y el periodismo, e Isaac Kostianovsky (1911-1981), “Kostia”, ejemplo de hombre de prensa por su inteligencia, vocación y coraje. Desde luego, está el retrato del fundador, Walter Kochmann, reconocido odontólogo y activo militante de las organizaciones comunitarias judías en el país. Estas también están presentes a través de imágenes y documentos. Además, hay instrumentos musicales de artistas judíos como Kurt Levinson (1906-1985) y obras de Olga Blinder (1921-2008), referente clave del arte moderno paraguayo, cuyo centenario de nacimiento se conmemora este año.

Sala Azul o Sala de la Esperanza. Pasaportes y visas de inmigrantes judíos © Laura Mandelik

Sala Azul o Sala de la Esperanza. Pasaportes y visas de inmigrantes judíos © Laura Mandelik

Sala Azul. Walter Kochmann (arriba), Mauricio Schvartzman, Alfredo Seiferheld e Isaac Kostianovsky © Laura Mandelik

Sala Azul. Walter Kochmann (arriba), Mauricio Schvartzman, Alfredo Seiferheld e Isaac Kostianovsky © Laura Mandelik

Otros símbolos se encuentran en el patio interior: de un lado, la reproducción parcial de la imagen de un vagón, reflejo explícito de los interminables viajes en los trenes del Holocausto, desde cualquier lugar de Europa, con destino a una muerte segura. Enfrente, opuesto a él, está el Muro de los Sobrevivientes, una composición de piedra y cristal que homenajea y recuerda a quienes sobrevivieron al Holocausto y al régimen nazi, miles de los cuales aún viven en diversos países del mundo.

Ruth Kohan, Mónica Strupp-Schvartzman y Romina Burgos Mancini junto a la imagen que evoca los trenes del Holocausto © Laura Mandelik

Ruth Kaplan de Kohan, Mónica Strupp-Schvartzman y Romina Burgos Mancini junto a imagen que evoca los trenes del Holocausto © Laura Mandelik

“Muro de los sobrevivientes” © Laura Mandelik

Muro de los Sobrevivientes © Laura Mandelik

Finalmente, otras pautas de la vida judía, como el sentido de comunidad y el valor del don, están en los retratos y nombres de quienes con su aporte contribuyeron a la construcción y equipamiento del museo que cumple de esta manera con el imperativo ético de “No olvidarás”, el precepto 614 al que se refirieron pensadores judíos contemporáneos como Elie Wiesel, Emil Fackenheim o Thedor W. Adorno.  Así, este es un espacio vivo con una función informativa, de memoria, de homenaje, y también pedagógica. Varios tiempos en un único espacio, parafraseando a Orham Pamuk.

 

Información práctica

El Museo Judío del Paraguay “Walter Kochmann” fue inaugurado el 10 de noviembre de 2013. Exposiciones, charlas, conferencias y cine-debates forman parte de su agenda de actividades anuales, dirigidas a diversos públicos, pero principalmente a docentes y estudiantes de todos los niveles que deseen conocer más sobre la cultura judía en el Paraguay. Antes de la pandemia de Covid-19 las actividades eran presenciales y hoy se realizan por medios virtuales, como es el caso de la charla de Darío Sztajnszrajber que, bajo el título “Discriminación, xenofobia y su relación con el Holocausto”, se llevará a cabo el próximo martes 22 de agosto a las 18 horas.

La entidad se ha integrado a la red y al circuito de museos del Paraguay y participa, desde hace poco, en eventos como la Semana de los Museos. Asimismo, es parte de la Red LAES, la Red Latinoamericana de Estudios de la Shoa. El Consejo Directivo inicial estuvo integrado por Humberto Ismajovich (director), Romina Burgos Mancini (secretaria ejecutiva), Ruth Kohan, Mónica Strupp-Schvartzmann, Sonia Marchewka, Anita Kochmann, Edna Aliber y Anahí Barán.

Para visitar el museo se debe concertar una cita a través de cualquiera de estos teléfonos: (021) 233282 y (0984) 878899. Eventualmente volverán los actos presenciales, ya con las reglas impuestas por la situación sanitaria.

 

* David Velázquez Seiferheld (Asunción, 1971) es historiador, académico correspondiente de la Academia Paraguaya de la Historia, miembro fundador del Comité Paraguayo de Ciencias Históricas (CPCH), socio de la Sociedad Argentina de Historia de la Educación (SAHE) e investigador de las universidades nacionales de Villarrica del Espíritu Santo y de Pilar.

 

 

 

1 Comment

1 Comentario

  1. AlegriaVeiga

    28 de agosto de 2021 at 10:20

    Estuve en el Museo, y es uma experiência iñolvidable.

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