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Cultura

Abdulrazak Gurnah: Escribir el éxodo

Abdulrazak Gurnah. Cortesía

Abdulrazak Gurnah. Cortesía

POR Andrés Ovelar*
Desde São Paulo

Alguien deja un archipiélago. Un sultán ha caído, el país dejará de existir en unos años. Es 1968. Este territorio tendrá otro nombre luego, este territorio que el árabe acaba de dejar; es él apenas poco más que un adolescente. Al tiempo que Europa acumulaba oro también acumulaba sentido. De eso Abdulrazak Gurnah está seguro.

Pasará tiempo. El hombre escribirá libros en la lengua del colonizador, signada por la suya propia, suajili. Se doctorará en literatura en Reino Unido, será profesor. Habrá siempre en sus personajes un desajuste, el resultado de vivir entre dos culturas que los resienten por sus relaciones con la otra. La colonia la lleva uno adentro. 

Un día, en la cocina, a la edad de 72 años, el árabe recibirá una llamada. Le contarán cosas que él desacredita como imposibles. Le habrán otorgado un premio. El Nobel de Literatura 2021.

Abdulrazak Gurnah era, hasta este jueves, un autor poco conocido. Sus libros apenas pueden ser encontrados en sus traducciones al español, a menudo de tirada más bien pequeña. Hace casi 20 años que el Nobel no es otorgado a un africano, y 28 que no es concedido a una persona de raza negra. Como la prensa cultural ha repetido toda la semana, el anuncio oficial menciona que Gurnah ha sido merecedor del premio por “su discernimiento inflexible y compasivo de los efectos del colonialismo, y el destino del refugiado en el abismo entre culturas y continentes”.

Sus únicas tres novelas traducidas al castellano son En la orilla, Paraíso y Precario silencio, quizás las más difundidas. Todas publicadas por sellos editoriales ahora cerrados, Poliedro y El Aleph.

Abdulrazak Gurnah. Cortesía

Abdulrazak Gurnah. Cortesía

En Gravel Heart, uno de los libros suyos que circularon aún menos, la historia se desarrolla a finales del siglo XX y narra la vida de Salim, quien se muda de Zanzíbar al Reino Unido mientras piensa la separación de sus padres. Aquí una traducción del inicio de la novela, hasta ahora inédita en español:

“Mi padre no me quiso. Llegué a ese conocimiento cuando era bastante joven, incluso antes de comprender de qué me estaban privando, y mucho tiempo antes de que pudiera adivinar la razón. De alguna manera, no comprender fue una misericordia. Si este conocimiento me hubiera llegado siendo mayor, podría haber sabido cómo vivir mejor con él, pero probablemente sería mediante el fingir, y mediante el odio. Podría haber fingido una falta de preocupación o podría haber despotricado con furia a espaldas de mi padre, y culparlo por la forma en que todo había resultado, por cómo podría haber sido todo de otra manera.”

“En mi amargura, podría haber concluido que no había nada excepcional en tener que vivir sin el amor de un padre. Incluso podría ser un alivio tener que prescindir de él. Los padres no siempre son fáciles, especialmente si crecieron sin el amor del suyo propio. También los padres, como todos los demás, tienen que lidiar con la implacable manera en que la vida lleva a cabo sus negocios, y tienen su propio ser trémulo que salvar y sustentar. Debe haber muchas veces en las que apenas tengan la fuerza suficiente para eso, y mucho menos amor de sobra para el niño que habría aparecido en cualquier momento.”

“Pero también recuerdo cuando era de otro modo, cuando mi padre no me rehuía con un silencio helado mientras estábamos sentados en la misma habitación pequeña, cuando se reía conmigo, me daba vueltas en el aire y me acariciaba. Es un recuerdo que llega sin palabras ni sonidos, un pequeño tesoro que he recogido. Ese momento diferente tendría que haber sido cuando yo era muy joven, un bebé, porque mi padre ya era el hombre silencioso que conocí más tarde cuando pude recordarlo con claridad. Los bebés pueden recordar muchas cosas en sus tendones regordetes, lo cual se convierte en un problema de la vida posterior, pero no es seguro que recuerden todo en su lugar correcto. Hubo momentos en que sospeché que este recuerdo cariñoso era un invento para consolarme, y que algunos de los recuerdos no eran míos.”

“Hubo momentos en los que sospeché que este recuerdo me lo habían puesto ahí otras personas que me trataban amablemente y trataban de llenar los espacios vacíos de mi vida y los de ellas. Gente que exageraba el orden y el drama del azaroso tedio de nuestros días, gente que prefirió que lo que vino fuera señalado mejor por lo que fue.”

 

Andrés Ovelar es poeta e investigador independiente de arte. Masterando en Artes por la Universidad do Estado de Minas Gerais, donde integra el grupo de investigación Arte, Crítica y Política. [email protected]

 

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