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Cultura

Juan Silvano Godoy: discursos históricos en el Paraguay posbélico (IV)

Última entrega de la secuencia dedicada a dos prenovecentistas que modelaron el discurso histórico en Paraguay tras la Guerra de la Triple Alianza: José Segundo Decoud y Juan Silvano Godoy. El pensamiento de este último y su particular estilo literario para narrar los sucesos del pasado son abordados en este artículo por el historiador Tomás Sansón Corbo, quien suma aquí una breve conclusión a la serie.

Teófilo Castillo, “Retrato de Juan Silvano Godoy”, 1901. Colección MNBA © Laura Mandelik

Teófilo Castillo, “Retrato de Juan Silvano Godoy”, 1901. Colección MNBA © Laura Mandelik

La obra más representativa de Juan Silvano Godoy fue el volumen titulado Monografías históricas [1]. Se editó en Buenos Aires en 1893, en un momento que Luc Capdevila considera de “expresión moderada de patriotismo” (durante el gobierno de Bernardino Caballero) y de franca “reconstrucción identitaria”[2], un contexto de encrucijada epistémica planteada entre la “necesidad de memoria” y el antilopizmo militante y oficial. Resultaba difícil exaltar el heroísmo del pueblo y, concomitantemente, soslayar la figura del mariscal [3]. Apareció en un tiempo de intensa actividad editorial, fue coetánea de la edición en Buenos Aires de la Revista del Paraguay (1891-1897), que “tenía como objetivo principal la publicación de los documentos y textos tendientes a favorecer la escritura de una historia nacional paraguaya” [4].

Revista del Paraguay (1891-1897). Colección Vera-Scuderi. Cortesía Aranduvera

Revista del Paraguay (1891-1897). Colección Vera-Scuderi. Cortesía Aranduvera (http://www.aranduvera.com.py)

Godoy recibió influencias de Carlyle, Chateaubriand y Macaulay. Sus opúsculos presentan una fuerte tonalidad romántica que puede apreciarse en la elegancia de estilo, el predominio del color local en las reconstrucciones históricas y, particularmente, en el rol determinante del héroe como protagonista del devenir. Los artificios literarios permiten disimular las insuficiencias heurísticas. Como bien señala Adolfo Aponte, “obra de un exaltado patriotismo, servido por artística fantasía, recomiendan al patriota y aseguran el triunfo del literato; pero fuerza es reconocer que deslustran un poco la gloria del historiador” [5]. Apeló a personajes, acontecimientos y símbolos de la mitología griega para evocar las alternativas de una gesta con dimensiones de epopeya. Recurriendo a un virtuosismo literario innegable lograba captar la atención del lector mediante la presentación “cinematográfica” de los hechos. Apeló también a otros recursos, como la alteración de los tiempos en la exposición de los acontecimientos y la enunciación propositiva de retratos psicológicos, detrás de suposiciones que tenían poco anclaje empírico.

En las Monografías…, el autor compiló una galería de cinco ensayos pintoresquistas dedicados a evocar las hazañas de José E. Díaz. General paraguayo [6];  reconstruir un acontecimiento clave de la guerra en López y Mitre. Conferencia de Yataity-Corá. Paralelo [7]; trazar las semblanzas biográficas de   José Sienra Carranza[8] y Juan Carlos Gómez[9]; y esbozar el elogio fúnebre de Domingo Faustino Sarmiento [10]. Prima la impronta biográfica y la pretensión introspectiva realizada al correr de la pluma y al capricho de la intuición.

Féretro restaurado del general José Eduvigis Díaz. Cortesía SNC

El opúsculo dedicado a Díaz es el más importante. Constituye un modelo de las convicciones historiográficas del autor. El héroe, al mejor estilo de Carlyle, no es el mariscal López sino el general Díaz. La trama mixtura el devenir bélico con las peripecias vitales ambos (y fugaces referencias a personajes diversos que tuvieron algún rol destacado) en una mezcla de crónica fáctica y retrato psicológico en el que se desmenuzan la crueldad [11] del presidente y la probidad de su general. La guerra es el escenario infausto sobre el que se desarrolla la acción de los héroes trágicos.

El autor compara y contrapone acontecimientos y personajes coetáneos con similares de otro tiempo (preferentemente de la antigüedad clásica) para validar sus proposiciones. Parangona, por ejemplo, la derrota de Paraguay con la de Cartago, con el objeto de exaltar la grandeza del pueblo guaraní que supo y pudo sobrevivir a la hecatombe; o la tímida reticencia de José Berges ante la eventualidad de la guerra con la de Thiers en el caso del conflicto franco-prusiano, por los resultados desastrosos que intuía podía provocar al país. Es una estrategia de claroscuros que informa la mayoría de las producciones relacionadas con el pretérito y que, de hecho, sostiene el argumento del segundo ensayo referido a la Conferencia de Yataity-Corá.

Documentos firmados por José Berges, 1863 y 1864. Colección Rio Branco. Archivo Nacional de Asunción, SNC

Documentos firmados por José Berges, 1863 y 1864. Colección Rio Branco. Archivo Nacional de Asunción, SNC

El mismo recurso se utiliza para explorar las cavilaciones y sentimientos encontrados de López, tanto en los pródromos del conflicto como en momentos cruciales del mismo. Godoy pone en evidencia la megalomanía del mariscal –inspirada en los modelos de Napoleón y Luis Napoleón Bonaparte– y algún atisbo de racionalidad cuando tomaba conciencia de la escasez de recursos humanos, materiales y morales para obtener la victoria.

La acción se inicia con López y paulatinamente va entrando en escena José Díaz, casi como personaje secundario. Celeridad, capacidad organizativa, disciplina para recibir y para impartir órdenes, temeridad e ingenio, son las virtudes que adornan al militar –particularmente en la formulación de un plan destinado a secuestrar la familia imperial brasileña que presentó a López– y que Godoy elige para introducir al personaje en la trama.

El lector debe esperar hasta la mitad del opúsculo (con la guerra ya declarada y habiéndose referido a varias acciones heroicas de Díaz) para realizar una suerte de presentación biográfica en regla [12], señalando antecedentes familiares, formación y carrera militar. Se trata de una especie de sinécdoque conceptual que le permite a Godoy encuadrar lentamente a su protagonista en la historia, comenzando por las virtudes que lo adornan, siguiendo con los acontecimientos bélicos que le darían fama, para llegar a una presentación formal ubicándolo en el tiempo y el espacio. Es una presentación en varios tiempos. Nada se dice de su aspecto físico hasta después de la batalla de Curupaity [13], cuando el autor hace una pormenorizada descripción de su talla y fisonomía para remarcar, una vez más, sus valores personales. Parece una presentación de “adentro hacia fuera”, comenzando por el alma y culminando con el aspecto exterior. Díaz es un militar pundonoroso dispuesto a realizar los máximos sacrificios, no por el mariscal sino en tributo a la Patria [14].

El relato está articulado en forma de crónica bélica. Los sucesos de armas en los que participó Díaz se exponen en secuencia cronológica, sin referencias a las causas generales del conflicto. Recurrentemente se explicitan las virtudes de Díaz y los errores de López, especialmente los de carácter táctico (como los cometidos en ocasión de la batalla de Tuyutí, que costó al ejército paraguayo cinco mil muertos y siete mil heridos).

Cándido López, Trinchera de Curupaity, 1899. MNBA, Buenos Aires

Cándido López, Trinchera de Curupaity, 1899. MNBA, Buenos Aires

El relato alcanza su clímax en la descripción de la batalla de Curupaity. El genio literario de Godoy se manifiesta con tal calidad que el lector tiene la ilusión de trasladarse al campo de combate y “visualizar” su intensidad [15].Dibuja una escena dantesca –con imágenes teñidas de sangre y saturadas del sonido de la metralla y los gemidos de los heridos– en la que Díaz aparece como modelo de heroísmo, alma y razón de la victoria sobre los aliados.

El texto ofrece abundantes datos sobre la marcha de la guerra y la situación de los contendientes a través de discursos o reflexiones atribuidas al mariscal López. Apelando a este recurso se subraya una de las proposiciones centrales del trabajo: la responsabilidad única del mariscal en el origen de la guerra. Esto se puede apreciar, por ejemplo, en la alocución realizada con motivo de la celebración de la victoria de Curupaity, donde presenta un cuadro comparativo de las fuerzas y recursos de las partes beligerantes, destacando la abundancia de los aliados y los méritos de los paraguayos en virtud de sobreponerse a las adversidades materiales gracias a su valentía y patriotismo.

Bernardet (atribuido). Retrato escuestre del Mariscal Francisco Solano López, ca. 1865. Cortesía

Bernardet (atribuido). Retrato escuestre del Mariscal Francisco Solano López, ca. 1865 (detalle). Cortesía

Una de las características de la reconstrucción histórica realizada por Godoy es la apelación a hipótesis contrafactuales que le permiten reflexionar sobre lo que podría haber sucedido de haberse alterado determinados acontecimientos o decisiones. Lo hace en referencia a cuestiones vinculadas con el desarrollo general del conflicto y poniendo a su personaje como centro del razonamiento. Uno de los ejemplos más claros es con motivo de analizar la graduación de Díaz: si hubiese tenido una jerarquía más alta al comienzo del conflicto, otro hubiera sido el resultado [16] pues no lo creía capaz de cometer los desatinos en que incurrieron otros oficiales.

La descripción de la muerte de Díaz está, como el resto del texto, rodeada de artificios literarios [17]. Godoy evoca las emotivas palabras que emitió el moribundo –asegurando que siempre había procurado servir a la patria bajo sus órdenes–, y las contrasta con la pasividad y el silencio del presidente [18], más preocupado por perder a un oficial eficiente que por la desaparición de la persona.

El autor emite algunas críticas explícitas referidas a ciertos comportamientos y actitudes de los aliados en ocasiones concretas. Comenta, por ejemplo, que en 1869 visitó el cementerio de Asunción [19] y vio los resultados de la profanación cometida por los vencedores que habían ocupado y saqueado la ciudad. También censura la tradición adquirida por el gobierno argentino a comienzos de la década de 1890, de celebrar los aniversarios de las batallas de la guerra [20].

En raras ocasiones se refieren las fuentes utilizadas [21]. A Godoy no le interesaba la exactitud sino la impresión dramática del relato, a efectos de transmitir a los lectores su particular manera de interpretar el pasado. Coincide con Decoud en concebir la Historia como un tribunal ante el que desfilan los principales protagonistas de los acontecimientos. Sus exposiciones con relación a la conducta de los mismos adquieren el carácter de alegato forense.

Bartolomé Mitre (archivo). Francisco Solano López (Richard Careaga, reconstrucción digital, cortesía)

Bartolomé Mitre (archivo). Francisco Solano López (Richard Careaga, reconstrucción digital, cortesía)

En el texto López y Mitre. Conferencia de Yataity-Corá encontramos interesantes retratos biográficos y psicológicos de ambos líderes. Los pormenores de la entrevista –sus antecedentes, desarrollo e incluso el marco natural en que se produjo– están descriptos de manera cadenciosa y detallada. No se explicitan las fuentes utilizadas para la reconstrucción del evento, la imaginación de Godoy jugó un rol fundamental en la misma. Expone en forma de diálogo los contenidos de la entrevista, los propósitos de López de negociar la paz y la condición impuesta por Mitre para efectivizarla, su retiro del poder.

El acontecimiento se presenta como una instancia excepcional, de encuentro entre dos caballeros que, una vez finiquitado el asunto, conversaron amablemente sobre libros y cuestiones culturales –brindando “con exquisito rhum, de la bodega del mariscal López” [22]–, ajenos al tiempo y a la gravedad de los asuntos que los habían reunido.

Eduardo Sívori, Retrato de Bartolomé Mitre, 1883 (detalle). Museo Mitre, Buenos Aires. Cortesía

Eduardo Sívori, Retrato de Bartolomé Mitre, 1883 (detalle). Museo Mitre, Buenos Aires. Cortesía

El clivaje civilización-barbarie aparece claramente expresado en las virtudes de Mitre (individuo de origen humilde que logró, gracias a su esfuerzo e inteligencia, las más altas dignidades) y en los vicios de López (un autócrata que recibió el poder por herencia).  Godoy coteja a los protagonistas en todos los aspectos posibles: personalidad, recursos y procedimientos por los cuales lograron encumbrarse en sus respectivos países, modelos y estilos de gobierno. Pero destaca particularmente: a) el carácter democrático y liberal del argentino, su respeto por las normas, contrapuesto con el despotismo del paraguayo, sin parangón en la historia; y b) la magnitud intelectual de Mitre (autor de un sinnúmero de obras, bibliófilo, erudito) con la absoluta esterilidad creativa de López.

El autor logra un profundo ensayo de introspección psicológica de los personajes. Más allá de la verosimilitud de sus apreciaciones y/o de la corrección de sus juicios –muy sesgados por su posicionamiento ideológico– vale resaltar el esfuerzo realizado por entender la esencia última de Mitre y López –sus miedos y esperanzas, certezas e incertidumbres– y explicar las razones de sus procederes. Una de las instancias en que esto se puede apreciar mejor es en referencia a la nula productividad intelectual de López, debida no tanto a carencia de talento –que lo poseía en una medida razonable debido a los viajes realizados y al “manejo cotidiano de los negocios públicos” [23]– sino a un factor fundamental, la educación recibida, que “había impreso en su conciencia y su carácter ideas que no respondían a las corrientes dominantes del siglo en que estaba llamado a actuar” [24]. La creación intelectual no le interesaba, la desdeñaba, persuadido de que su gloria surgiría exclusivamente en las esferas política y militar. Su formación y mentalidad eran de carácter autoritario y de corte feudal/colonial; surge, de manera subyacente, una identificación no explicitada con el otro tirano a quien Mitre había combatido, Juan Manuel de Rosas. El análisis caracterológico del déspota paraguayo coincide plenamente con los retratos del dictador argentino realizados por los unitarios que lo combatieron con la pluma y la espada.

Godoy condena a López –particularmente luego de Curupaity, cuando fue incapaz de negociar la paz– y lo demoniza ante la posteridad. Profetiza el olvido de su memoria por parte de las generaciones futuras, que reconstruirían el Paraguay por la senda del “progreso y la civilización” [25]. Exalta la figura de Mitre, émulo de Washington, “primera personalidad americana de su tiempo” [26] y precursor de la grandeza de Argentina.

Conclusión

Juan Silvano Godoy y José Segundo Decoud fueron los articuladores de los principales discursos históricos del Paraguay posbélico. Sus interpretaciones estuvieron formuladas en función de los problemas de su tiempo, para avalar propuestas políticas y legitimar una ideología de cuño liberal. Pretendieron imponer una “historia oficial” que tuvo carácter efímero pues en la década de 1880 comenzó a mostrar signos de erosión [27] y entró en crisis en el entorno de 1900.

La elementalidad del modelo interpretativo utilizado –basado en un esquema maniqueo de lucha de principios antagónicos de civilización y barbarie y en los ideales del proyecto regenerador, está relacionada con el carácter periodístico de varios de los textos de referencia y la militancia política de sus autores. Son contribuciones de carácter protohistoriográfico en las que se pretendía reconstruir el pretérito desde una perspectiva ensayística y prescindiendo de fuentes primarias.

José Segundo Decoud y Juan Silvano Godoy. Archivo

José Segundo Decoud y Juan Silvano Godoy. Archivo

Notas

[1] Juan Silvano Godoy, Monografías históricas (Buenos Aires, 1893).

[2] Luc Capdevila, Una guerra total: Paraguay, 1864-1870 [Buenos Aires – Asunción, 2010], pp. 181-183.

[3] Las derivas históricas determinaron que correspondiera a la generación del 900, y particularmente a Juan O’Leary, solucionar este intríngulis hermenéutico a favor de una versión “lopizta” y autoritaria de la historia nacional paraguaya.

[4] Luc Capdevila, Una guerra total…, p. 182.

[5] Adolfo Aponte, “Un libro del señor Godoy”, en Juan Silvano Godoy, El asalto a los acorazados. El comandante José Dolores Molas(Asunción, 1919), p. XXI. En otro lugar agrega Aponte: “Capítulos enteros hay en las Monografías históricas de un primor literario tan exquisito, de una factura artística tan perfecta, que nos hacen olvidar por completo de la historia que contienen para no pensar sino en la belleza que realizan” (Aponte, “Un libro…”, p.  XXVIII).

[6] Godoy, Monografías…, pp. 1-109.

[7] Godoy, Monografías…, pp. 111-145.

[8] Godoy, Monografías…, pp. 147-183.

[9] Godoy, Monografías…, pp. 193-209.

[10] Godoy, Monografías…, pp. 185-192.

[11] Godoy, Monografías…, pp. 57, 62, 102.

[12] Godoy, Monografías…, pp. 52 y ss.

[13] Godoy, Monografías…, pp.  80 y ss.

[14] “Díaz era uno de esos hombres para quienes la mágica palabra patria primaba sobre todo otro asunto o conveniencia humana. Ante sus altos intereses desaparecían el mundo, sus leyes y la vida” (Godoy, Monografías…, p. 100).

[15] La intensidad y “colorido” del relato son elocuentes: “La atmósfera impregnada en vapores de sangre; el horizonte cubierto de humo, cieno y fuego; los combatientes, el campo y las fortificaciones envueltos en sofocante y cálida niebla; la opaca y densa oscuridad que no dejaba percibir a dos pasos los objetivos, unidos a estremecimientos ciclópeos: imprimían a la fúnebre escena los revestimientos de espantoso caos, dominado de tiempo en tiempo por la gritería estentórea de los paraguayos, que auguraban la victoria; y a cuyo potente acento constaban ayes de dolor y desesperación de enemigos, que caían para no levantarse jamás, víctimas de su decisión y arrojo” (Godoy,Monografías…,  p. 72).

[16] Godoy, Monografías…, p. 85.

[17] Godoy, Monografías…, pp. 93-97.

[18] “Si López hubiese sido hombre de verter lágrimas en presencia de los padecimientos humanos, las hubiera seguramente derramado sobre la tumba del general Díaz; mas él había nacido a prueba de este género de sensibilidades, que en su concepto no pasaba de reprochable debilidad, indigno de un espíritu fuerte. No la tuvo para la muerte de su propio padre, ni las aflicciones y sollozos de sus hermanas, ni ante la sentencia capital de sus hermanos y cuñados, ni la desesperación de la que le dio el ser, ni el exterminio de la patria, ni el sacrificio de sus hijos. Su corazón desafiaba en insensible dureza el temple del pulido diamante” (Godoy, Monografías…, p. 102).

[19] Godoy, Monografías…, p. 105.

[20] Godoy, Monografías…, pp. 33-34.

[21] Godoy, Monografías…, notas, pp. 77, 100, 108.

[22] Godoy, Monografías…, pp. 143.

[23] Godoy, Monografías…, p. 130.

[24] Godoy, Monografías…, p. 131.

[25] Godoy, Monografías…, p. 145.

[26] Godoy, Monografías…, p. 129.

[27] Luc Capdevila, Una guerra total…, p. 181.

 

* Tomás Sansón Corbo es doctor en Historia por la Universidad de La Plata (Argentina). Es profesor e investigador en la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación de la Universidad de la República (Uruguay). Dirige el Grupo de Estudios sobre Historia y Cultura de Paraguay.

 

 

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