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Cultura

Premio Nobel de Literatura 2021: En la herida de la lengua

Abdulrazak Gurnah © Picture Alliance

Abdulrazak Gurnah © Picture Alliance

La Academia sueca acaba de conceder el Premio Nobel de Literatura a Abdulrazak Gurnah. La motivación del jurado insiste en lo extraliterario y señala su “penetración inflexible y compasiva por los efectos del colonialismo y el destino de los refugiados en el abismo entre culturas y continentes”. Bien que sea así, sin duda, bien para el premio, acaso no tanto para la literatura, cuyo valor ni puede ni debe medirse con el metro de la corrección política de nuestro tiempo.

La noticia sorprende y la prensa corre al reparo precipitándose sobre los motores de búsqueda en internet: escritor de origen tanzano naturalizado británico, novelista, investigador de literatura africana postcolonial, profesor en la universidad de. Noticias que se añaden unas a otras en desorden, siguiendo otro orden, una lógica que se impone con la búsqueda y configura un trenzado biográfico desordenado, superficial, sin espacio para la reflexión. De paso se dice también, como hallazgo añadido a lo antes precipitadamente encontrado, que su lengua es el suajili pero que a la hora de escribir ha adoptado el inglés. Tal vez quisiéramos saber más de esa adopción, pero no hay manera.

Alguien debería explicar qué significa ser un escritor tanzano. Gurnah no lo es. Tanzania es algo muy reciente…

Parece algo lejano de nuestro mundo hispano, pero es solo un efecto del exceso de luz que se refleja en la superficie de las noticias. Alguien debería explicar qué significa ser un escritor tanzano. Gurnah no lo es. Tanzania es algo muy reciente: para entender algo sin irnos muy atrás en la historia habría que hablar de unas tierras que fueron colonia del imperio alemán, primero, y después, a consecuencia de la Primera Guerra Mundial, del británico. ¿África en el XIX como América en el XVI? Solo en 1961, o en 1964, depende de las historias, Tanzania logra algo así como una independencia política, pero lo relevante del caso es que sus fronteras, más que trazadas fueron cortadas con cuchillos, sin cuidarse de nada que no fueran los intereses coloniales del ego conquiro europeo.

Gurnah es de la isla de Zanzíbar, donde las raíces persas y árabes son sin duda mucho más profundas que en la parte continental. Lo justo es decir que abandona la isla, o que huye, tras la revolución de la que nacería la República Popular de Zanzíbar, la cual después acabaría dentro de la naciente República Unida de Tanzania. O sea que no solo no es de origen tanzano, sino que más bien pertenece a la minoría que se sintió seriamente amenazada por aquella nueva identidad tanzana a la sazón creada por intereses europeos.

¿Nos recuerda algo esto a los hispanos? La lógica de las fronteras, las nuevas identidades nacionales que siguieron a las independencias, el problema de la lengua…

Si Gurnah hubiese escrito en suajili ni remotamente habría logrado el premio que celebramos. ¿Qué significa abandonar una lengua y acoger otra?

Y es que la lengua del caso es un problema del que no puede darse cuenta en el precipitado de las noticias. Una cosa es clara: si Gurnah hubiese escrito en suajili ni remotamente habría logrado el premio que celebramos. ¿Qué significa abandonar una lengua y acoger otra? ¿Una que es propia y otra que es extraña? ¿Qué significa aculturación? ¿Qué significa y qué peso tiene escribir la denuncia del colonialismo con la lengua impuesta en la colonización? ¿Dónde empiezan y dónde terminan el colonialismo y la colonización cuando la desposesión toca lo más sagrado, los dioses, la lengua?

Y aún: ¿puede la lengua del colonizador llegar a ser también la lengua del colonizado? ¿Puede de veras una misma lengua ser a la vez lengua de vencedores y vencidos? Porque lo cierto es que más allá, o por detrás, de esa belleza que hoy se canta en la superficie de las noticias sobre el paso de una lengua a otra, que no es lo mismo que saber lenguas o servirse de ellas para hacer el amor o la guerra, hay algo que se nos queda impensado: el paso. ¿Cómo nombrar ese paso? ¿Abandono de una? ¿Adopción de otra? ¿Y si es servicio, quién sirve a quién: la lengua al escritor o el escritor a la lengua?

¿Y nosotros? ¿Hasta cuándo vamos a seguir instalados en lo impensado de la lengua? ¿Para cuándo vamos a dejar el justo reconocimiento de su herida? ¿Cuándo vamos a aceptar que hablar una misma lengua tiene consecuencias que van sin duda más allá de todas las divisiones en cuya superficie vivimos?

 

* Francisco Martin Cabrero es profesor de literatura en el Departamento de Filosofía de la Universidad de Turín.

 

 

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