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Cultura

Robin Wood, el escritor universal

Robin Wood en el Festival Internacional del Cómic de Angulema, 2010. FB Graciela Sténico

Robin Wood en el Festival Internacional del Cómic de Angulema, 2010. FB Graciela Sténico

La noticia se viralizó en las redes de inmediato. Robin Wood, el creador de inolvidables personajes de cómic que alimentaron la imaginación de varias generaciones desde la década del 70, acababa de morir. Desde la noche del domingo pasado publicaciones de todo el mundo evocan la trayectoria del autor paraguayo –nacido en Caazapá en una comunidad utópica de colonos australianos–, que se crió escuchando los cuentos ingleses de una abuela que no hablaba español, que tuvo una infancia de pobreza y orfanatos y que, tras una primera y prolongada estancia en Buenos Aires, se lanzó al mundo con avidez de aventura.

Robin Wood dejó una prolífica obra, traducida a varios idiomas y puesta en imagen por artistas de diversos países, una producción apreciada por personalidades como Umberto Eco y extensamente difundida a nivel internacional. En nuestro país fue muy querido y admirado, particularmente por un grupo de guionistas y dibujantes que recientemente lo homenajearon con un álbum hecho en Paraguay que narra las historias de uno de sus personajes favoritos, Dago. Andrés Colmán Gutiérrez, escritor y guionista, presidente de la Sociedad de Escritores del Paraguay, señala en esta entrevista las características que hicieron de la obra de Wood un fenómeno de masas y comparte momentos de su relación con el autor, a quien conoció en la década del 80 y con quien mantuvo una larga y productiva amistad.

Cortesía

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¿Cómo conociste a Robin Wood? ¿Cómo fue tu relación con él?

Lo conocí primero como lector, cuando yo vivía en Canindeyú, en Saltos del Guairá. Esperaba con ansias que un primo mío trajera los ejemplares de El Tony y Dartagnan, que llegaban de Argentina. Admirábamos a Robin Wood sin saber que era paraguayo. Cuando me lo dijeron, no lo pude creer. ¿Cómo, siendo tan famoso en el mundo y llamándose Robin Wood, podía ser paraguayo? Finalmente, cuando leí una primera entrevista que le hizo Pepa Kostianovsky en una de las tantas visitas que hizo al país, confirmé que era paraguayo. Cuando vine del interior para estudiar periodismo y me incorporé a la redacción de Última Hora en los años 80, sabiendo que Wood venía al Paraguay, planteé hacerle yo también una entrevista. Conversamos mucho de su obra. Le impresionó que yo la conociera. “Aquí en Paraguay la gente no sabe mucho lo que hago”, me dijo. Quedamos con una amistad en ciernes y cuando vino otra vez volvimos a conversar. En los 90, cuando Tony Carmona –que era muy amigo suyo– se hizo cargo de la dirección periodística del diario, le propuso publicar sus historietas y me pidió que yo fuera el nexo, pues ya era conocido en el ambiente del cómic. A partir de allí la relación con Robin fue mucho más fluida. Cuando él supo que yo también hacía guiones empezó a darme consejos y orientaciones, incluso me propuso que escribiera algunos de sus personajes para Italia. En ese momento no me animé, pero luego hicimos algunas cosas. Cada vez que Robin venía a Asunción nos encontrábamos y cuando decidió quedarse el contacto fue cada vez más frecuente. Hicimos la versión de Anahí, primero con El Lector y luego con Servilibro. Luego se sumó Javier Viveros. Roberto Goiriz ya dibujaba obras de Robin para Europa y con el tiempo fuimos creando algo así como un club de discípulos suyos en Paraguay. Lo acompañamos en su última etapa, sabiendo que ya estaba muy enfermo. Estuvimos muy pendientes.

Robin Wood y Andrés Colmán Gutiérrez. Cortesía

Robin Wood y Andrés Colmán Gutiérrez. Cortesía

¿Cómo se ve a Robin Wood en el contexto de la producción cultural?

Nosotros consideramos a Robin Wood el escritor paraguayo más universal, más leído, inclusive, que Augusto Roa Bastos. Si bien es un nivel distinto –Roa Bastos es novelista, Premio Cervantes–, Robin Wood es uno de los mejores guionistas de cómics del mundo. Ganó el máximo galardón de la disciplina, el Yellow Kid, considerado el Oscar de los cómics, que se entrega en Lucca, Italia. Creó más de 90 personajes de historietas, algunos de ellos ya clásicos del cómic latinoamericano y mundial. Nippur de Lagash fue su primera gran obra. Hace poco una editorial española reunió los casi 500 capítulos escritos y publicados en varias décadas. El otro gran personaje es Dago, que en Italia es objeto de culto. Cuando una vez preguntaron a Umberto Eco qué novela estaba leyendo, el semiólogo respondió que leía historietas. Y cuando le inquirieron si era algún cómic italiano –como el Corto Maltés, de  Ugo Pratt, por ejemplo–, aclaró que leía Dago, “de un escritor paraguayo, Robin Wood, que me apasiona mucho”. A partir de ese momento los editores se pusieron en contacto y lograron que se conocieran. Se hicieron grandes amigos. Eso habla de la proyección internacional de Robin Wood.

Umberto Eco y Robin Wood. Cortesía

Umberto Eco y Robin Wood. Cortesía

Y cuando digo nosotros me refiero a quienes hacemos cómics en Paraguay, un grupo de guionistas, dibujantes, coloristas, que desde los años 80 venimos creando historietas, género que con el tiempo tuvo un gran auge, gracias también al impulso de Robin Wood, quien nos animó a crear obras, como la novela gráfica 1811. Pero también hay consenso en la Sociedad de Escritores del Paraguay. Le rendimos un homenaje hace tres años en la Feria de Encarnación y lo nombramos miembro de honor de la SEP. Robin Wood es el autor que más difusión internacional ha alcanzado, así como reconocimiento a su calidad narrativa. A nivel nacional, 1811 tuvo un total de 70 mil ejemplares, incluyendo las ediciones de la Fundación Cabildo, la del diario abc y algunas publicaciones que hizo Roberto Goiriz desde su sello Tinta Paraguaya. Ninguna otra obra, ninguna novela, ningún libro, llegó a tener en Paraguay esa cantidad de ediciones. Eso avala también nuestra percepción sobre su relevancia.

¿Cómo nació y se difundió su obra?

Robin es, obviamente, un prócer de la historieta argentina, ya que hizo su carrera inicial en Buenos Aires, en la revista de la editorial Columba, que en los años 70-80 llegaba a publicar más de 3 millones de ejemplares al mes, un verdadero fenómeno de cultura de masas. Después, su gran mercado editorial fue Italia, donde su personaje Dago es considerado objeto de culto, como ya dije, y donde cada mes aparece un álbum dedicado a él. Como hacía algunos años que Robin ya no escribía, guionistas argentinos e italianos, y dibujantes de renombre universal, tomaron la posta y con autorización de Robin Wood Producciones siguen narrando las historias de Dago.

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¿Cómo construía Robin Wood sus personajes?

Robin Wood es uno de los pocos escritores de cómic que no quería hacer superhéroes. La mayoría de sus personajes son humanos, con una profunda construcción dramática. Es también uno de los pocos escritores que arranca la historia de sus personajes desde el principio, les crea un origen y desarrolla una evolución temática. El ejemplo clásico es Dago, un joven veneciano que resulta víctima de una conspiración política a raíz de la cual toda su familia es asesinada; sobrevive como esclavo, luego conquista su libertad e inicia su venganza al estilo de El conde de Montecristo. En cada episodio uno ve cómo el personaje va evolucionando en el drama. Robin hizo humor, aventura en su más amplia expresión, historias del far west, de espionaje, de terror gótico. Recorrió todos los géneros, pero siempre con alta calidad. Nunca se va a encontrar una historieta contada de manera lineal o poco procesada. Era impresionante verlo trabajar. Escribía a mano en un cuaderno y luego alguien pasaba los textos a la computadora. Y ya ni siquiera corregía. Hacía una revisión rápida de lo escrito y enviaba a sus dibujantes. Nunca he visto a un autor meterse en una pieza y después de unas cuantas horas salir con un guion o una historia de primer nivel.

Se sabe que realizó muchos viajes en su vida.

Robin Wood vivió en muchos lugares tras dejar el Paraguay. Primero en Buenos Aires, donde comenzó su carrera. Luego subió a un barco y comenzó a recorrer el mundo. Residió en Dinamarca, donde se casó con Anne Mette, con quien tuvo tres hijos. Tras divorciarse vivió en varias ciudades de España, también estuvo un tiempo largo en Israel y finalmente vino a quedarse en Paraguay, donde se casó con Graciela Sténico, su amiga de infancia y representante, quien ordenó su obra dispersa. En los últimos años le detectaron una enfermedad neurológica que le impedía escribir y hace pocos días supimos que se había agravado. Lo internaron en un sanatorio de Encarnación. Esperábamos este desenlace pero, aún así, nos duele mucho, nos entristece, porque perdemos a un escritor de gran renombre.

Cubierta de Robin Wood. Una vida de aventuras, de Accorsi, Neveleff y Paolini Somers, recientemente publicada. Cortesía

Cubierta de Robin Wood. Una vida de aventuras, de Accorsi, Neveleff y Paolini Somers, recientemente publicada. Cortesía

¿Cómo afecta su muerte al círculo de guionistas paraguayos que lo frecuentaban?

Es la pérdida de un maestro, alguien que nos enseñó a escribir, que nos enseñó los trucos y secretos de cómo se hace el guion de un cómic. Aprender de uno de los maestros más reconocidos del ámbito no es poca cosa y quienes hacemos cómic en Paraguay estamos muy agradecidos. Justamente por eso quisimos hacerle un homenaje en vida: el álbum Dago. Hecho en Paraguay. Tuvimos la alegría de saber que le llegó la publicación impresa y pudo hojearla. Su esposa nos contó que lloró de emoción al ver que sus personajes seguían vivos en la pluma y el lápiz de otros creadores. Al día siguiente se agravó su situación. Tenemos una última foto suya, leyendo el álbum, y eso nos reconforta.

 

 

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