Conectáte con nosotros

Cultura

23 de octubre: “Sangre fraterna empurpurando la tierra paraguaya”

A 90 años de aquellos trágicos sucesos, una reflexión a partir de un estudio de Efraím Cardozo.

23 de octubre de 1931. Manifestación en las calles de Asunción. Cortesía

23 de octubre de 1931. Manifestación en las calles de Asunción. Cortesía

En la noche del 22 de octubre de 1931 las calles de la tradicionalmente apacible ciudad de Asunción fueron el epicentro de agitadas manifestaciones. Grupos integrados mayoritariamente por estudiantes recorrieron el centro y protagonizaron diversos incidentes, por ejemplo, frente a la Escuela Militar y al domicilio particular del presidente José Patricio Guggiari. Para calibrar la “temperatura” del momento es suficiente consignar que, en una arenga improvisada, frente a la institución castrense, uno de los manifestantes calificó al mandatario de “burgués adocenado de panza cerdal” [1].

Casa de José P. Guggiari. Archivo

Casa del presidente José P. Guggiari. Archivo

La noche fue tensa. El 23 los asuncenos amanecieron con el sentimiento de que “algo iba a pasar”. Y sucedió. Cientos de manifestantes marcharon al Palacio de López. Protestaban por la supuesta inacción del gobierno en la defensa del Chaco ante las actitudes amenazantes de Bolivia y, en particular, por los recientes acontecimientos de Samaklay. Exigían respuestas. El desenlace es conocido: ánimos enervados, forcejeos con la guardia policial, confusión generalizada, un primer disparo (supuestamente realizado por alguien de la multitud) y la respuesta al fuego por parte de los custodios de la sede del Poder Ejecutivo. Los cuerpos de once jóvenes quedaron tendidos en la calle.

No pretendo sumar datos ni especulaciones sobre un acontecimiento polémico y que ha sido analizado con solvencia por destacados historiadores e intelectuales paraguayos. Por el contrario, mi objetivo es revisar un libro emblemático de Efraím Cardozo (23 de octubre. Una página de historia contemporánea del Paraguay) con el propósito de analizar su interpretación de los hechos. Propongo un examen desde la perspectiva de la historia de la historiografía –de carácter necesariamente poliédrico–  destinado a rescatar las diversas connotaciones del objeto de estudio y las estrategias de abordaje ensayadas por el autor.

Efraím Cardozo y José P. Guggiari. Cortesía

Efraín Cardozo (1906-1973) fue un destacado político, jurista, docente e historiador. Tuvo una importante y larga actuación como servidor público. En 1931 ocupaba el cargo de secretario de la presidencia y fue testigo de esos acontecimientos que provocaron,  como él mismo dice, el derramamiento de “sangre fraterna” que terminó “empurpurando la tierra paraguaya”.

El hecho objetivo, la matanza de estudiantes, es una excusa, la punta del iceberg. Los asuntos que verdaderamente interesan a Cardozo se relacionan con los antecedentes del conflicto del Chaco, la defensa del presidente Guggiari –al que considera un hombre probo–, la reivindicación de los ideales y la gestión del Partido Liberal en el gobierno. Así lo refleja la estructura general de la obra, articulada en tres bloques: “Protagonistas y antecedentes” (primera parte), “Los hechos” (segunda parte) y “Epílogo” (tercera parte). El espacio dedicado a las causas ocupa el 57% de las páginas totales (224 en 392).

La Tribuna, 24 de octubre de 1934

Para comprender integralmente la obra es imprescindible considerar su locus enuntiationis. Fue publicada por la Editorial Guayrá en Buenos Aires y se terminó de imprimir el 16 de agosto de 1956. Es decir, apareció en la Argentina posperonista, cuando en Paraguay se cumplían dos años y un día de la primera asunción de Alfredo Stroessner a la presidencia –tiempo muy breve en el que se pudo avizorar el carácter autoritario de su gestión– y en el marco general de la Guerra Fría.

El contexto de enunciación contribuye a entender las responsabilidades asignadas por el autor a ciertos agentes comunistas que habrían instigado la manifestación estudiantil. La “conjura del comunismo internacional” había trazado un plan, desde las sombras, que fructificó trágicamente ese día “con macabra cosecha de muchas jóvenes vidas sacrificadas al cumplimiento de designios desconocidos por completo, por quienes se ofrecieron en holocausto creyendo luchar por otros ideales muy distintos” [2].  El objetivo era generar mártires y promover un alzamiento popular que derrocara al gobierno. Entre los agitadores que habrían instigado a los jóvenes identifica a varios que estuvieron presentes en el lugar de los acontecimientos –Leandro Duarte, Gregorio Zaracho, Alfredo Benítez, Víctor Pettinatti, Felipe Giménez Rojas, entre otros– y que fueron reconocidos por los testigos en las instancias del juicio político realizado contra el presidente Guggiari.

Cortejo fúnebre, 24 de octubre de 1931. Cortesía

Cortejo fúnebre, 24 de octubre de 1931. Cortesía

Imágenes del cortejo fúnebre. 24 de octubre de 1931. Cortesía

También adquieren sentido las referencias elogiosas sobre la disciplina y fidelidad de las fuerzas armadas a los poderes civiles en el período previo al conflicto chaqueño. Se destaca que “el ejército distaba de ser en 1931 un ejército partidista al servicio incondicional del Partido Liberal” [3]. Sus conductores eran profesionales pundonorosos, formados en la Escuela Militar, que no estaban dispuestos a ser utilizados para dirimir rencillas entre fracciones. Solo pretendían cumplir su misión, la “custodia de la soberanía y de las instituciones” [4].  Más allá de la mención lógica sobre el rol que deberían cumplir los militares en el marco de una democracia, las observaciones de Cardozo connotaban una crítica al pretorianismo adquirido a partir de 1936 –y especialmente desde 1954– por los estamentos castrenses en el escenario político.

El autor comienza su estudio haciendo una serie de preguntas. Problematiza el acontecimiento que somete al escrutinio de Clío y del cual fue testigo. Utiliza el plural mayestático como recurso para expresar su involucramiento explícito tanto en los acontecimientos estudiados como en la trama argumental. La emergencia del yo-narrador resulta esencial, desde el punto de vista analítico, para entender la doble dimensión del trabajo: la responsabilidad autoral del historiador que indaga y el testimonio de un actor en el lugar de los hechos.

Jardines del Palacio de López tras los sucesos del 23 de octubre. Cortesía

Jardines del Palacio de López tras los sucesos del 23 de octubre. Cortesía

La modalidad de abordaje del tema y el estilo de exposición contribuyen a que el estudio histórico parezca diluirse en la consideración del lector. El relato está organizado con un criterio de carácter literario –planteamiento del tema, nudo y desenlace–, sigue la estrategia de un alegato forense –exposición de motivos y pruebas para demostrar la inocencia de Guggiari, denunciar las fuerzas oscuras que operaron para desestabilizar su gobierno, crítica rigurosa de todos los testimonios disponibles– y presenta un estilo casi periodístico –análisis profundo de situaciones y documentos, pero transmitido de forma sencilla, descriptiva y apelando al razonamiento del lector–.

El libro de Cardozo, en suma, es un trabajo de enjundia, bien documentado y sólido en argumentos. Está escrito con la técnica del historiador y el celo de un patriota. No está exento de errores y generó comentarios críticos por parte de destacados actores políticos y militares (el coronel Arturo Bray [5], por ejemplo). Tampoco puede considerarse una obra objetiva. El autor toma posición sobre las múltiples cuestiones que rodearon al evento (quién disparó primero, quién dio la orden de responder el fuego a la guardia que protegía el Palacio, cuáles fueron las responsabilidades de los estudiantes, del presidente, de los militares y de los diversos actores políticos). ¿Estudio parcial y militante? Sin dudas, pero de una militancia no exclusivamente partidaria –que lo era, sin duda–, sino de defensa de los ideales democráticos en una coyuntura (1956) en que negros nubarrones se cernían sobre el horizonte de la República.

Notas

[1] Citado por Alfredo Seiferheld, “El 23 de octubre: la tragedia que pudo ser evitada”. En  Juicio Político iniciado a pedido de S. E. el Señor Presidente de la República Dr. José P. Guggiari con motivo de los sucesos del 23 de octubre de 1931, Asunción, Editorial Histórica, 1988, p. 6.
[2] Efraím Cardozo, 23 de octubre. Una página de historia contemporánea del Paraguay, Buenos Aires, Editorial Guayrá, 1956, p. 341.
[3] Ibid., p. 366.
[4] Ibid., p. 367.
[5] Arturo Bray, Armas y letras (memorias), Asunción, Ediciones Napa, 1981, t. II, pp. 71 y siguientes.

 

* Tomás Sansón Corbo es doctor en Historia por la Universidad de La Plata (Argentina). Es profesor e investigador en la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación de la Universidad de la República (Uruguay). Dirige el Grupo de Estudios sobre Historia y Cultura de Paraguay.

 

 

 

1 Comment

1 Comentario

  1. Andrés R. Herebia

    27 de octubre de 2021 at 10:31

    Buen artículo para refrescar la memoria histórica de nuestro país y para el conocimiento de generaciones actualesy futuras

Dejá tu comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Los más leídos