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Cultura

Notas para una historia del libro y la edición en el Paraguay (I)

La práctica editorial en el país desde el siglo XVII hasta finales del XX. Primera parte.

"Arte de la lengua guaraní", Antonio Ruiz de Montoya, 1724. Internet Archive. Cortesía

"Arte de la lengua guaraní", Antonio Ruiz de Montoya, 1724. Internet Archive. Cortesía

Desde los años treinta, quizás, y hasta su fallecimiento en 1999, Josefina Plá usó un par de anteojos de procedencia española, marca Indo, color miel. Cuando hace algún tiempo tuvimos ocasión de verlos, entre otras piezas de valor histórico que alberga el Centro Cultural de la República El Cabildo, recordamos las ocasiones en las que la escritora fue fotografiada con ellos; ahora mismo, al recorrer con la mente algunas de esas imágenes comprobamos que resaltan en su rostro vuelto menudo con el paso de los años. Munida de esos anteojos redactó y corrigió, cómo no, una parte de la obra narrativa y poética que produjo durante más de setenta años y la acompañaron en algunos de los jalones de la que constituye “una trayectoria fundamental en la cultura paraguaya del siglo veinte a la que aportó su sensibilidad y manera de sentir a una nación que amó como propia” [1].

Anteojos de Josefina Plá. Cortesía CCEJS.

Vaya esta referencia para resaltar, al inicio de este breve panorama sobre la historia de la edición en el Paraguay, que Josefina Pla fue una de las primeras mujeres que se implicó en el país en trabajos editoriales cuando, en 1933, durante la Guerra del Chaco, el director del diario El Liberal, Efraím Cardozo, la dejó por ocho meses a cargo de la redacción [2]. Y todo indica que fue también la primera estudiosa que se interesó en restituir el movimiento editorial en la larga duración, a juzgar por publicaciones como La literatura paraguaya es una situación de bilingüismo (1974), El libro en la época colonial (1979), La cultura paraguaya y el libro (1980 y 1981), Panorama cultural 1980-1981 (1982); se trata de una producción intelectual que tiene el mérito –entre otros– de haber explorado el libro no como un hecho desgajado, sino unido a la historia sociocultural del Paraguay.

Desde entonces, la edición luchó con la falta de estudios, e incluso de fuentes, si se atiende a la pérdida o destrucción de los archivos de nuestras editoriales históricas. Solo recientemente parece que se han comenzado a normalizar las investigaciones encuadradas, por ejemplo, en archivos personales de intelectuales que fueron –también– editores, como los de Juan Natalicio González, Carlos Pastore, Alfredo Seiferheld. Junto a esos acervos documentales cabe mencionar otros materiales de enorme utilidad para reconstruir la actividad editorial, como los catálogos de las bibliotecas formadas por Enrique Solano López, Washington Ashwell, Juan O’Leary, así como los repertorios biobibliográficos ya publicados de reconocidos intelectuales como Rafael Eladio Velázquez, Juan E. O’Leary, Josefina Plá, Viriato Díaz Pérez, entre otros. Ocupan, claro está, un lugar relevante las bibliografías preparadas por Margarita Kallsen a lo largo de más de cuarenta años y que permiten introducirnos con paso más firme en el movimiento editorial [3].

Un período clave para la historia de la edición es el que se extiende entre el último tercio del siglo XIX hasta la actualidad, en el que se produce en Paraguay una creciente profesionalización de la figura del editor, la aparición de ediciones populares, el surgimiento de procedimientos industriales y la ampliación (aunque limitada) del mercado del libro. Sin embargo, para comprender mejor ese entramado es preciso remontarnos mucho más atrás, cuando se instaló en las misiones jesuíticas en torno al año 1700 la primera imprenta del Río de la Plata que alcanzó un alto grado de perfección en sus productos hasta su receso, en 1727.

El primer libro salido de ella fue el Martirologio Romano, traducido a la lengua guaraní, y el primer libro de autor local (o por lo menos localmente asentado) editado en el Río de la Plata fue Instrucción práctica para ordenar santamente la vida, del padre Antonio Garriga. Se destaca también la publicación por esta imprenta de un libro de autor indígena, la Explicación de el catecismo en lengua guarani, de Nicolás Yapuguay, impreso en Santa María La Mayor en 1724. Con posterioridad a la expulsión de los jesuitas, en 1767, sabemos que funcionó un tórculo prensa con el que se efectuaba un tiraje de naipes, utilizando para ello planchas grabadas. Con posterioridad, durante el proceso de emancipación política, la Junta Gubernativa instalada en Asunción en 1811 planteó la adquisición de una imprenta.

Sermones y exemplos en lengua guaraní, de Nicolas Yapuguay. Internet Archive. Cortesía

Durante la extensa dictadura de José Gaspar de Francia –lo han demostrado muy bien Thomas Whigham y Ricardo Scavone Yegros al dar a conocer los escritos inéditos del letrado José Falcón–, cuando todo el conocimiento clásico se había desvanecido aparentemente y el paraguayo promedio tenía que concentrarse en sus cultivos y ganado, aún existía, aunque solo entre unas pocas personas, un interés manifiesto en el mundo más amplio. Aunque la dictadura no propició los estudios superiores ni la formación de círculos literarios, no pudo impedir el aprendizaje elevado per se, en tanto tuviera lugar en forma discreta y no representara una amenaza para el gobierno.

De modo que no pocas personas continuaron formulando preguntas sobre sí y sobre su sociedad a través de la lectura y la escritura [4]. Por ejemplo, en un pueblito pequeño de las misiones paraguayas vivió Aimé Bonpland, el botánico francés que acompañó a Alexander von Humboldt en sus expediciones por el Orinoco y que en ese tiempo fue mantenido cautivo por el gobierno de Francia por haber violado el territorio que el dictador consideraba de la República. En esos años Mariano Antonio Molas escribió Descripción histórica de la antigua Provincia del Paraguay, la primera obra de un paraguayo después de la independencia; años después el letrado José Falcón redactaría Apuntes y documentos históricos 1840-1870, en el que también echaría luz sobre los años de la dictadura francista [5].

Descripción histórica de la antigua Provincia del Paraguay, de Mariano Antonio Molas. Cortesía

A mediados del siglo diecinueve, la edición en Paraguay se afianzó con la adquisición de una imprenta por el Estado. De este modo se organizó la Imprenta de la República, que inició sus publicaciones con el Repertorio Nacional, destinado a reproducir disposiciones gubernativas. Desde 1845, se editó el primer periódico en la historia del Paraguay, El Paraguayo Independiente y, posteriormente, a partir de 1853, apareció El Semanario de avisos y conocimientos útiles. Asimismo, el gobierno de Carlos Antonio López encaró la publicación de obras de mayor aliento editorial como fueron Historia del Descubrimiento, Conquista y Población del Río de la Plata (1845) que redactó el paraguayo Ruy Díaz de Guzmán a comienzos del siglo diecisiete, y el libro de Juan Andrés Gelly, El Paraguay, lo que fue, lo que es, lo que será (1849) [6].

El Paraguayo Independiente, 26 de abril de 1845. Cortesía

El Semanario de avisos y conocimientos útiles, 23 de julio de 1853. Cortesía

Semanario de avisos y conocimientos útiles, 23 de julio de 1853. Cortesía

Además de la imprenta, el presidente López creó las primeras instituciones educativas y culturales, que se verían ligadas a la edición: en 1842, todavía bajo el gobierno consular, se fundó la Academia Literaria y, más adelante, se contrató para ejercer labores docentes a Ildefonso A. Bermejo (1820-1892), escritor y periodista español nacido en Cádiz. A Bermejo se debió la organización del Aula de Filosofía, en la que surgió el primer grupo de escritores paraguayos que tuvo a cargo la edición de La Aurora, Enciclopedia mensual y popular de ciencias, artes y literatura, la primera revista cultural que circuló en el Paraguay, entre 1860 y mediados de 1861.

Esos impulsos se vieron detenidos con la Guerra del Paraguay contra la Triple Alianza, que tuvo profundas consecuencias sociales entre las que hay que contabilizar la pérdida masiva de la riqueza bibliográfica paraguaya. Una gran parte de ese acervo, proveniente de bibliotecas públicas y privadas, cayó en manos del ejército enemigo durante las acciones militares. De hecho, se ha podido constatar que una de las últimas obras que salió de la Imprenta Nacional antes de 1870 estuvo a cargo de Charles Twite, un mineralogista inglés al servicio del gobierno paraguayo en la que recogió sus observaciones y conclusiones acerca de la existencia de minerales en el país.

Notas

[1] Ángeles Mateo del Pino, Latido y tortura. Selección poética de Josefina Plá, Puerto del Rosario, Servicio de Publicaciones del Excmo. Cabildo Insular de Fuerteventura, 1995.

[2] Puede verse Carlos R. Centurión, Historia de la cultura paraguaya, Asunción, Biblioteca Guerrero, 1961, tomo II, página 161. Queda por delante conocer mejor las trayectorias de mujeres que se dedicaron a labores de edición, como Ramona Ferreira, que fundó en 1902 el periódico La voz del siglo, y María Casati, que en 1936 impulsó la publicación del periódico Por la Mujer, entre otros casos. Puede verse: Line Bareiro, Clyde Soto y Mary Monte de López Moreira, Alquimistas. Documentos para otra historia de las mujeres, Asunción, CDE, 1993.

[3] Sólo por mencionar algunas de las bibliografías preparadas por Margarita Kallsen: Paraguay: bibliografía (1800-1899) (Asunción, CEADUC, 2002), Paraguay: bibliografía (1900-1919) (Asunción, 2007). Referencias bibliográficas de la Guerra del Chaco (Asunción, CEADUC, 1982), Revista del Instituto Paraguayo 1896-1909 (Asunción, CEADUC, 1984), Los poetas paraguayos y sus obras (Asunción, 1996).

[4] José Falcón, Escritos históricos, Asunción, Servilibro, 2006.

[5] El texto de Molas se editó, por primera vez, en Buenos Aires, en 1868 por la imprenta Casavalle. Una segunda edición, a cargo de La Reforma, apareció en Asunción en 1880. La tercera edición, bajo responsabilidad de Julio César Chaves, fue publicada en Asunción por ediciones Nizza, 1957. El manuscrito de Falcón se conserva incompleto en la colección Manuel Gondra, en la Biblioteca Netie Lee Benson de la Universidad de Texas en Austin, y su última parte fue editada en 2006, con otros textos, por Thomas Whigham y Ricardo Scavone Yegros.

[6] En un esfuerzo por dar a conocer el Paraguay en el extranjero tras décadas de aislamiento, la obra se editó también en portugués, con el título O Paraguay: seu passado, presente e futuro, por um estrangeiro que residio seis annos naquelle paiz; obra publicada sob os auspicios da Legação do Paraguay na côrte do Brazil (Rio de Janeiro, Typ. imp. e const. de J. Villeneuve e Comp., 1848), y en francés, como Le Paraguay: son passé, son présent et son avenir, par un étranger qui a vécu longtemps dans ce pays; ouvrage publié a Rio-Janeiro en 1848, et reproduit en France par le général oriental Pacheco y Obes (París, Impr. de Madame de Lacombe,1851).

 

* Los autores integran el Grupo de Estudios sobre Historia de la Edición en Paraguay. Los contenidos de este artículo recuperan la presentación que hicieran en el XI Seminario Internacional Redes Públicas y Relaciones Editoriales. Investigación en red y en acceso abierto: fuentes y recursos para la historia de la edición iberoamericana, celebrado en Madrid, desde el Centro de Ciencias Humanas y Sociales (CCHS-CSIC), los días 2, 3 y 4 de diciembre de 2020.

 

 

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