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Cultura

“Dune”: lectura necesaria de un clásico de la ciencia ficción 

Catalogada por la crítica como el gran estreno de ciencia-ficción de 2021, “Dune” aborda problemas ecológicos, manipulación genética y últimos avances de la técnica. Una historia que vuelve en una nueva versión cinematográfica, manifestando así la vigencia de su reflexión en torno a la condición humana.

"Dune", dirigida por Denis Villeneuve, 2021

"Dune", dirigida por Denis Villeneuve, 2021

Quizá produce emoción el reciente estreno de Dune, película dirigida por Denis Villeneuve, basada en la famosa novela de Frank Herbert. Aunque no es la primera adaptación al cine, pues desde su publicación en 1965 esta novela de ciencia ficción ha dejado su impronta en diversos ámbitos de la cultura. Para muestra basta decir que ni siquiera Su Majestad El Metal estuvo ajeno a este monumento literario: en 1983 se manifestaba en el tema To Tame a Land, de la banda británica Iron Maiden, y en 1990 en Traveler In Time, de la agrupación alemana Blind Guardian.

Entonces, podemos preguntar ¿con qué nos encontramos al leer Dune? El propio autor decía que “iba a ser una historia explorando el mito del Mesías. Iba a producir una visión distinta de un planeta ocupado por el hombre contemplado como una máquina energética. Iba a penetrar en los afanes interconectados de la política y de la economía. Iba a ser un examen de la predicción absoluta y sus trampas. Iba a haber una droga de la consciencia en él, y a decir lo que podría ocurrir a través de la dependencia a una tal sustancia. El agua potable iba a ser una analogía del petróleo y de la propia agua, una sustancia cuyas reservas disminuyen cada día. Iba a ser una novela ecológica”.

Pero Dune se ha convertido en mucho más de lo que su autor ha querido que sea. Han pasado años desde su primera aparición en el ámbito de la literatura, por lo que preceden comentarios y formas de explorarla. Una propuesta válida de lectura sería abordarla desde el devenir y la lucha de opuestos, tal como lo enunciaba Heráclito (“el mundo consiste de opuestos, ninguno de los cuales puede existir sin el otro”). Y con esto, no se está afirmando que Herbert haya querido adscribirse a dicha tesis, se trata más bien de un ejercicio de lectura desde esta perspectiva.

Teniendo en cuenta esto, ya en la propia estructura de la narración se puede apreciar la aparición de un “otro”. Así, en cada capítulo nos encontramos con un epígrafe en forma de sentencias, conclusiones, cantos o interpretación de los hechos, todos fragmentos de supuestos libros cuya autora sería la princesa Irulan, personaje de la novela: “A la edad de quince años ya había aprendido el silencio (De Historia de Muad’Dib para niños, por la princesa Irulan)”. En consecuencia, hallamos siempre dos voces, una que encarna la memoria, y otra, la voz narrativa de los acontecimientos en sí. La primera evoca el mito de Muad’ Dib, la segunda nos presenta los hechos “reales”. Ambas realizan un ejercicio de opuestos, de lo que ya no es y lo que es.

En cuanto al mundo ficticio recreado en la novela, nos centraremos en dos puntos: entorno y personaje principal. Por un lado está Caladan, que se describe como un planeta cubierto por aguas y clima caracterizado por precipitaciones abundantes y vientos fuertes. Es el feudo ancestral de la Casa Atreides, y por ende, mundo natal del protagonista, Paul Atreides. En contraposición a este planeta, se encuentra Arrakis, cuya superficie está cubierta por un inmenso desierto, habitado por un pueblo tribal, los Fremen. Ambos mundos, totalmente distintos, representan una armonía de contrarios que convergen con el devenir del protagonista.

© Hipertextual

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En el desarrollo de la trama, Paul Atreides se adapta a un medio completamente contrapuesto a su mundo originario, aprende a vivir con las costumbres y los ritos propios de un clima extremo y desolado. Se inserta en la vida de los Fremen, pueblo oprimido que lo considera el Lisan Al-Gaib, el profeta del otro mundo de las leyendas mesiánicas Fremen. Se convierte así también en el mesías esperado de su oriunda cosmovisión, en el Kwisatz Haderach, el ser humano perfecto que la Hermandad Bene Gesserit intentara conseguir a través de la manipulación genética.

Pero Paul no solo adopta como suya la cultura de los Fremen, sino que además cambia de identidad, llamándose Paul Muad’Dib. Con este cambio, se apropia de las cualidades del ratón canguro de los desiertos de Arrakis, pues Muad’Dib es una criatura asociada a la mitología terreno-espiritual de los Fremen cuya habilidad es la de sobrevivir tenazmente al terrible desierto. El protagonista, por tanto, transita entre Caladan y Arrakis, es decir, dos polos opuestos simbólicos: humedad/sequía, que a su vez se interpreta como desarrollo/subdesarrollo, abundancia/precariedad y, hasta podríamos exagerar, civilización/barbarie.

Por estas singularidades y por el tratamiento de temas tan actuales, como los problemas ecológicos, la manipulación genética y los avances de la técnica en el ser humano, entre otros, esta novela y las demás entregas -pues se hace imperativo aclarar que se trata de una saga- será siempre un fenómeno de culto y la mayor hazaña de ciencia ficción.

 

* Claudia Ruiz Díaz es licenciada en letras y especialista en didáctica universitaria. Actualmente trabaja en una tesina sobre Sartre y la literatura. Integra el equipo del Centro de Investigaciones en Filosofía y Ciencias Humanas (CIF-Paraguay).

 

 

 

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