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Cultura

¿Qué tiene para decirle la literatura paraguaya a la literatura latinoamericana?

En mi condición de investigadora argentina (rioplatense, para mayor especificidad), creo que es poco lo que podría aportar, desde esta tribuna de la prensa paraguaya, dirigida principalmente al público paraguayo, respecto de la literatura paraguaya. Pero en esa poquedad lo que sí puedo ofrecer es una mirada regional para tratar de entender qué tiene para enseñar la literatura paraguaya a los estudios de la literatura latinoamericana en general

A los fines metódicos, resumo el conjunto de esos aportes en tres cuestiones. Repito: este es un punteo metódico, susceptible de ser ampliado con las futuras investigaciones de los futuros o presentes investigadores. Aclarado el punto, creo que los aportes de la literatura paraguaya a la literatura latinoamericana pueden medirse en: 1) evidencia cotidiana del conflicto lingüístico como herencia colonial; 2) variedad en los materiales, en tanto “géneros” (uso transitoriamente esta categoría que está en discusión), que es más evidente en la literatura paraguaya que otras literaturas de la región; 3) finalmente, una perspectiva territorial dinámica y ampliada.

Evidencia cotidiana del conflicto lingüístico

Sabemos que Paraguay tiene una realidad bilingüe que se ha procesado, con ciertos vaivenes, en su literatura (respecto de esos vaivenes, referiré algo cuando trate el segundo punto). Pero ese mapa bilingüe –o, más bien, problemáticamente bilingüe– se complejizó de modo muy elocuente en las décadas del noventa y 2000, y más que por la tiranía del calendario que marcaba el cambio de siglo, fue por una serie de factores sociales y políticos vinculados al neoliberalismo y también a la caída de la dictadura stronista en 1989.  

Para los escritores paraguayos del siglo XX, la apuesta en torno a la lengua había sido por una lengua con apertura continental. Tal vez con mayores o menores reminiscencias del guaraní, pero se trató de una lengua literaria siempre proyectada continentalmente. Pues lo que motorizaba tal ideología lingüística era la impronta latinoamericanista que pesaba fuertemente en los círculos intelectuales de los años sesenta.  El mayor alquimista de este proyecto seguramente haya sido Augusto Roa Bastos. 

Sin embargo, hacia los noventa y 2000, esa lengua continental, pivoteada entre los ejes castellano-guaraní, fue cediendo y creo que eso permite ver también los límites de aquel proyecto latinoamericanista. Pues entonces afloran realidades más regionalizadas, y, por ejemplo, la zona de la Triple Frontera devino un escenario de experimentación lingüística hacia el guaraní y el portugués, como gesto híbrido e hijo bastardo del proyecto de integración neoliberal del Mercosur; así como el jopara lo es de la descampesinización y la migración forzosa a los cordones suburbanos. Esto, a su vez, se ve acompañado por las teorías culturales que, a partir de los años ochenta, cobijaron esta exacerbación de la diferencia. 

Lo que demuestra este breve paseo diacrónico es que, para el escritor paraguayo, hay una instancia previa a la puesta en marcha del artificio, la de problematizar la lengua en el momento de escritura; es decir, la de tener que elegir en qué lengua escribir. Esto significa una toma de conciencia, más inmediata que para otros escritores de la región, de que habitamos sociedades poscoloniales; pues, en esa instancia previa, el escritor paraguayo se ve obligado a recordar que la lengua es fruto de un azar –histórico– y una violencia –colonial–. Que, incluso, una elección castellanizante (en forma y contenido) à la Gabriel Casaccia (miembro de la minoría monolingüe castellano), por ejemplo, es siempre –más allá de la proyección política o ideológica hacia lo continental– una parcialidad. 

Variedad en los materiales

Con variedad en los materiales, me refiero a que gran parte de la literatura paraguaya recorre géneros como el ensayo o géneros vinculados a la oralidad, que algunos autores engloban en el concepto de oratura. Son materiales que, por lo general, abonaron la tesis de la “ausencia” o de la “incógnita” de la literatura paraguaya. Por ejemplo, se suele destacar cómo la Generación del 900 se abocó al ensayo histórico y fue negligente con la escritura de los géneros más característicos de la literatura de ficción; dentro del paradigma moderno, éste es en realidad uno: la novela. Sin embargo, antes que “ausencia”, “incógnita” o falta, creo que lo que hay es una proliferación de materiales otros. 

En cuanto al ensayo, podemos encontrar en obras como la de Ramiro Domínguez, los puntos de partida para una crítica literaria paraguaya y latinoamericana. O en las reflexiones de Susy Delgado, por ejemplo, una ampliación de los estudios de literatura y traducción. 

En cuanto a lo que algunos autores denominaron oratura, nos encontramos en la necesidad de ampliar las consideraciones en torno al concepto moderno y occidental de lo literario. Pues estamos ante materiales que están en un híbrido entre oralidad y escritura, en una dimensión que tradicionalmente se consideró –y desde una perspectiva limitante– folklore. 

La literatura latinoamericana, muchas veces, se constituyó a espaldas o de forma contradictoria respecto de esos materiales, considerados, en las instancias de modernización, peyorativamente folclóricos o regionalistas. Algo que la literatura paraguaya no puede hacer porque le son constitutivos; por ejemplo, no podemos pensar a Roa Bastos sin Emiliano R. Fernández, así como necesitamos considerar que la poesía tangara requirió de la publicación del Ayvu Rapyta y de los cantos tribales para proyectarse como vanguardia. 

Perspectiva regional

Finalmente, la literatura paraguaya nos exige una perspectiva regional. Porque mucho de su proceso estuvo y sigue estando ligado al exilio y la migración. De modo que tenemos escritores paraguayos que escriben, producen, publican y establecen redes en, por ejemplo, Argentina. Los hubo a lo largo de todo el siglo XX, los sigue habiendo actualmente. Y eso nos abre preguntas en torno a qué es o deja de ser literatura paraguaya o literatura argentina o, más aún, a la pertinencia misma de esas categorías. 

Es decir, Paraguay nos interpela respecto del viejo paradigma de las literaturas nacionales. 

Pero no lo hace ahora, ante la proliferación de las dinámicas migratorias, la celebración alegre de las flexibilidades territoriales del neoliberalismo y la visibilización de esos pasajes trasnacionales. Sino que la cuestión regional ha sido determinante para la literatura paraguaya, en cuanto a sus universos, sus lenguas literarias y los circuitos de intervención, de forma constitutiva. 

De modo que, un tercer aporte de la literatura paraguaya a la literatura latinoamericana es la de “regionalizar” el abordaje de lo literario en torno a circuitos de producción, difusión y generación de lenguajes y universos, por fuera del marco extraliterario de lo estatal o del esquema romántico de la nación. También por fuera, porque en su inmensidad termina ocultando particularidades, del planteo latinoamericanista. 

 

Carla Daniela Benisz es doctora en Humanidades y Artes por la Universidad Nacional de Rosario. Actualmente investiga sobre la producción literaria y cultural del exilio paraguayo en Argentina durante los años sesenta. Es docente en el Profesorado de Lengua y Literatura de la Universidad Autónoma de Entre Ríos.

 

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