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Cultura

“Poty”, de Hugo Cataldo Barudi

Hugo Cataldo, de la serie "Potỹ", 2021. Cortesía.

Hugo Cataldo, de la serie "Potỹ", 2021. Cortesía.

Las plantas sin flores o sin sexo visible son llamadas criptógamas. Cierta tradición decorativa considera que las plantas de hojas son más masculinas frente a las flores, repetidas con insistencia como motivo que connota feminidad. Por vía similar, prácticas pictóricas -y no solo- han privilegiado el desnudo femenino en el estudio anatómico, pero también como objeto pasivo de la mirada y del deseo, en tanto sobre el masculino ha recaído un silencio, una oscuridad, una hoja que protege la mirada deseante.

Pero, antes, una anécdota: las pinturas de Hugo Cataldo Barudi recogen la memoria de una lección de pintura. El artista recuerda dos dimensiones de una escalera doméstica, familiar, de cuyas sendas paredes colgaban las pinturas de su madre, también artista. Allí sobresalía la naturaleza viva y muerta junto con el desnudo, primordialmente femenino. Cataldo extrae un impulso sensible de esta lección, pero la reelabora y la introduce en un horizonte distinto, en que el desnudo deviene masculino y la vegetación -acotada a su propio jardín, en el centro de Asunción- abre una escena. En esta, la mirada asume una forma particular y determina sus objetos -las figuras dominantes de la pintura- por medio de un gesto deseante y un trabajo disciplinado que, además, recupera otra mirada, la de aquel que es y se sabe mirado.

Los jardines son archivos orgánicos que albergan memorias genéticas. Organizados a partir de criterios y principios relacionados con lo bello, estos integran promiscuamente las especies, que a su vez dan cuenta de tránsitos, intercambios e historias de opresión. Pero el jardín es más que eso: o un poco menos. En su variante doméstica, estructura la vida de una forma particular. El jardín también es una forma de habitar. Y podría decirse que la pintura de Cataldo da cuenta, precisamente, de un modo de habitar, ya no solo el jardín privado, sino la propia pintura. No se trata aquí solo de la interacción con las plantas o con los modelos, sino de esa forma de cultivo que supone mirar algo con tal voluntad a fuerza de volverlo bello.

Cataldo contorna los trazos de una tradición pictórica con tendencia academicista que actúa desde el trabajo de la anatomía (botánica y humana), pero también en el manejo técnico de la luz, el color y la sombra. Pero, hay que subrayar, su composición tiene como punto de partida la fotografía, que no solo es concebida como registro, sino que es producida, desde el vamos, con un enfoque pictórico.

Hugo Cataldo, de la serie "Potỹ", 2021. Cortesía

Hugo Cataldo, de la serie Potỹ, 2021. Cortesía

A partir de este insumo, Cataldo realiza trazos, líneas y pinceladas con un enfoque orgánico pero disciplinado. El predominio de los verdes (fríos) contrasta con la calidez de los cuerpos humanos, y esta se repite, y no por accidente, en el de algunas flores. El entorno verde constituye un fondo y a su vez una envoltura por medio de una superposición de planos en que el centro es el cuerpo humano; y, cuando no es el centro, es el punto focal preponderante. Esta repetición del calor -en el cuerpo masculino, en la flor- parece condensar la preocupación de esta muestra que se enuncia como Poty: en guaraní, la flor o el acto de florecer.

Las líneas caprichosas de la vegetación están estructuradas por un ritmo orgánico y la composición parece obrar desde un sentido de administración de un desequilibrio controlado. El movimiento se intuye vibrátil en las hojas, y a veces en los trazos, en el repiqueteo de la luz, pero más tenue y cansino en las figuras humanas, que a veces establecen continuidades y discontinuidades con el paisaje acotado del jardín.

En términos técnicos, esta exposición es una de las más primordialmente pictóricas del artista y el motivo de su elección no podría ser más oportuno para su vocación y su disciplina. En su colección, estas pinturas enuncian un horizonte predominantemente masculino e idílico: una suerte de fiesta galante en que el cuerpo se goza a sí mismo en ser mirado. Aquí, un jardín de hojas donde dos paseantes nocturnos encontrarían ojos como se encuentra una flor.

 

Nota de edición: La muestra Potỹ está habilitada en la galería Fuga Villa Morra (Seiferheld 5144 casi Charles De Gaulle).

 

Damián Cabrera es escritor, investigador, docente, gestor cultural y curador. Su trabajo se desarrolla en las áreas de lengua, literatura, fronteras, arte, política y cultura. Es miembro de la sección paraguaya de la Asociación Internacional de Críticos de Arte (AICA Paraguay) y de los colectivos Ediciones de la Ura y Red de Conceptualismos del Sur.

 

 

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