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Cultura

(lupa), en la última tarde el año

Para leer en el tránsito hacia un nuevo momento, escogimos estos fragmentos de “(lupa)”, obra de Lia Colombino, que aquí compartimos.

© Laura Mandelik

© Laura Mandelik

4. Hay un momento en el que recuerda su nombre, en el medio exacto de la cama. Ha acomodado las dos almohadas y puesto el despertador a la hora justa, ni un minuto distinto. El nombre no es, no parece ser, de otra persona. Mira, ella, alrededor. Todo es blanco allí. El nombre no puede escribirse, ahora. Mira sus manos, las palmas, después se mira los nudillos.

— ¿Cómo es posible sentir extrañas estas manos, si se ha vivido toda la vida con ellas? —pregunta.

Siente las uñas crecer, un crujido lento roza los oídos. Alguna vez le pareció ver gente debajo de esas uñas rosadas. Ahora ya no. Debajo de las junturas de los dedos tienen esos pelitos que brillan solo. Que no se saben allí. Ahora las palmas de las manos se juntan y se tocan. Se acarician. Los dedos agarran los nudillos. Las falanges se doblan.

—¿Cómo es posible? —piensa.

No es verdad. No puede ser. El nombre no se dice. Se recuerda, solo. Las uñas están cortas, hace años que lo están. El nombre no. No el nombre.

6. Se sabe, hay que hacer algo mientras, o si no el aburrimiento. Y no es algo que ella desee, no es algo que ella.

Pronto el espacio será pequeño. ¿Pequeño para qué?

8. Una mujer canta. El nombre de la mujer tiene solo una letra más que el nombre. Guitarras suenan. Siempre le gustaron los sonidos que ese instrumento sabe sacar. Es como sacarle sonido a la tensión. La mujer canta en un idioma que ella no conoce, pero piensa que suena tan bien que no importa no entender, es como si se entendiesen solo los sonidos de las sílabas, como si se entendiese aquello que se dice solamente por los sonidos de la voz. Muchas aaaaaaaassss al final de las frases, y la mujer sabe cantar tan bien que el canto entra por los poros.

No se necesita otra cosa. Ahora.

15. Alguien duerme en la habitación de al lado. Mientras, ella trabaja en algo que la aburre tanto que no puede quedarse sentada y de vez en vez se levanta con una supuesta urgencia que, al fin, la delata.

Su voz está distinta hace unos días, y le es extraño escucharse hablar de otra manera. No cuadra la voz con la cara ni con las manos. Simplemente por una cuestión de costumbre. Su verdadera voz tampoco cuadra, pero todo el mundo termina acostumbrándose.

33. Es la hora en la que el cielo se pone color rosa y las nubes forman olas (en el cielo). Es la última tarde del año. Las cigarras anuncian algo: la llegada del mes de enero. Su canto inunda la tarde, que se convierte en noche. Solo cuando callan ella cae en la cuenta de aquel canto ininterrumpido. Es la última tarde del año, hay una calma pesada, hay cigarras. Hay cielo color rosa, hay cigarras. Algo se anuncia y ella, tirada en la cama, con los ojos casi cerrados, ve venir lo que se aproxima con la calma de cientos de dromedarios en un desierto quieto.

 

* Lia Colombino es escritora, poeta, crítica de arte. Cofundadora de Ediciones de la Ura. Coordina Abrapalabra Taller de escritura desde 2000. Ha publicado poesía y prosa poética y ha participado en festivales de poesía en Asunción, Nicaragua, Santiago y Valparaíso, Londres y Buenos Aires. Es presidenta de AICA Paraguay.

Nota de edición: Lia Colombino, (lupa), Asunción: Ediciones de la Ura, Colección Extramuros, 2009.

 

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