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Cultura

Oleg Tistol, neobarroco ucraniano: simulacro sobre simulacro

Oleg Tistol, "Happy together" (detalle), 2013. Cortesía

Oleg Tistol, "Happy together" (detalle), 2013. Cortesía

POR Andrés Ovelar *
Desde São Paulo

Artista contemporáneo de la llamada Nueva Ola Ucraniana, Oleg Tistol (Vradiivka, URSS, 1960) desarrolla -junto a instalaciones, esculturas y objetos- una práctica de intervención de imágenes: propaganda estatal, retratos televisivos de líderes tal y como desean ser vistos, fotografías de la Ucrania soviética. Tistol las altera, a veces dibujando o pintando sobre ellas, a veces tornándolas collages. Casi siempre el resultado es una nueva imagen donde el color es exacerbación de sí, donde un absurdo que se pensaba fondo de repente queda en evidencia. Me interesa pensar estas imágenes intervenidas con relación a la idea de simulacro de Jean Baudrillard.

Oleg Tistol, TV+Realism. 5, 2010. Cortesía

Oleg Tistol, cuya obra es enmarcada con frecuencia dentro del neobarroco ucraniano, trabaja a partir de un territorio que ya es simulacro de otro territorio, una alteración sobre otra cosa que es alteración misma en primera instancia. Toda imagen es, y esto es obvio, alteración. Por ejemplo, en las imágenes televisivas de los líderes que Tistol interviene, existe una curaduría específica de la percepción: estos líderes han elegido un encuadre, una perspectiva, un momento. Es evidente que el resultado es un simulacro de un territorio supuestamente original, supuestamente cierto; sin embargo, cabe preguntarse si ese primer territorio existe siquiera, ¿hay tanto poder detrás?, ¿tanta grandeza en un solo hombre, en ningún hombre?

Oleg Tistol, Mykolaiv Oblast. Cortesía

Según Baudrillard, “no se trata ya de imitación ni de reiteración, incluso ni de parodia, sino de una suplantación de lo real por los signos de lo real; es decir, de una operación de disuasión de todo proceso real por su doble operativo” [1]. Estas primeras imágenes sobre las que trabaja Tistol no ocultan que quizás el territorio original que supuestamente retratan pueda ser, en la realidad, ligeramente diferente, sino que detrás de ellos no hay otra cosa más que simulacro, signo vacío de referente. 

Oleg Tistol, Europa, 2019. Cortesía

Tistol vuelve así la propaganda en algo cercano al pop-art, evidencia el absurdo detrás de este vacío al crear otro simulacro por encima de un simulacro. Algo similar comenta Baudrillard acerca de la prohibición de ciertas religiones de crear imágenes sobre sus dioses; esta prohibición estaría ocultando que, detrás de la imagen, no ha existido nunca dios alguno en absoluto. Quizás los simulacros sobre simulacros de Tistol se preocupen también por esa “facultad de borrar a Dios” [2]. 

Oleg Tistol, Benedicto XVI. Cortesía

La propaganda no es solamente de una verdad deformada, sino que ella misma es deformación toda, mapa de un territorio que no existe. En un mundo donde este territorio sin existir se ha constituido en territorio factual, la puesta en evidencia de esta barbaridad es necesaria. Lo real ha sido suplantado por lo hiperreal, diría Baudrillard, y la obra de Tistol se preocupa por suplantar esta propia suplantación, en este doble acto. En este gesto que es en sí mismo un gesto barroco, quizás algo de ese territorio tomado, aniquilado por el poder de la propaganda, pueda ser entrevisto, recuperado de manera mínima. Con una fuerza necesaria para deshacer el nudo que la mentira ha sabido atar.

 

Notas

[1] Baudrillard, J. (1978). Cultura y simulacro. Barcelona: Kairós, p. 7.
[2] Ídem, p. 11.

 

* Andrés Ovelar es escritor e investigador independiente de arte. Masterando en Artes por la Universidad do Estado de Minas Gerais, donde integra el grupo de investigación Arte, Crítica y Política.

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