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Cultura

Las últimas praderas de Asunción. El Jardín Botánico como patrimonio (I)

Pradera del Jardín Botánico de Asunción. Ca. 1965. Acervo Milda Rivarola (Imagoteca Paraguay)

Pradera del Jardín Botánico de Asunción. Ca. 1965. Acervo Milda Rivarola (Imagoteca Paraguay)

En 1909, desde el gobierno se decidió que el predio donde funcionó la Escuela Agrícola (1896-1908) fuese destinado a convertirse en el primer jardín botánico dependiente del Estado. Incluso aquel año se realizó un trazado básico de senderos y sectores, definidos con mayor especificidad en 1914, cuando fue oficialmente rehabilitado para el efecto, con el Dr. Carlos Fiebrig (1869-1951) como fundador y director. El mismo estableció que serían mantenidos los diversos sectores predefinidos según sus características naturales, mencionando dos grandes y bien diferenciados: los bosques y las praderas. Al respecto, dijo: “El plan de la organización de este establecimiento […] tiene por objeto la creación de una institución que presente la naturaleza, principalmente la flora y fauna del país, sobre una base bien ancha que ofrece su extenso terreno, aprovechándose su flora autóctona y otras condiciones excelentes de este. Será por lo tanto nuestro instituto de un carácter en extremo biológico, en el sentido más amplio de la palabra, presentando en su propio terreno al estudioso rodeado por la naturaleza una multitud de problemas, tanto botánicos como zoológicos” [1].

El fundamento del Jardín Botánico

Una pradera es un campo abierto, cubierto por hierbas. Fiebrig también ofreció una descripción detallada, resaltando sus cualidades y expresando su importancia para el Jardín Botánico. Escribió: “… la parte Sur y Suroeste del terreno […] que mira hacia la capital y ofrece magníficos panoramas, presenta principalmente una formación graminácea, embellecida por numerosos islotes y grupos arbóreos […] La flora autóctona, que cubre todos esos lugares, de caracteres topográficos distintos, que al mismo tiempo presenta las principales formaciones fitológicas del Paraguay, constituirá la base de las colecciones florísticas, el fundamento del Jardín Botánico” [2].

Pradera del Jardín Botánico de Asunción, 1929. El Paraguay contemporáneo

Pradera del Jardín Botánico de Asunción, 1929. El Paraguay contemporáneo

También insistió varias veces en la relación entre bosque y campo abierto: “La región de los campos […] presenta un gran número de islas de monte, o sea, agrupaciones de plantas arbóreas de mayor o menor extensión –hasta más de una hectárea– que forman grupos aislados, repartidos por los campos. Esta distribución feliz entre campo, o sea, vegetación gramínea, y selva, constituye la base principal de la hermosura natural del paisaje de nuestro establecimiento, como lo es igualmente para la mayor parte del Paraguay: ‘paisaje de parque’ de manera que nuestro Jardín Botánico, ya sea por sus dimensiones respetables, ya por el mismo cuadro florístico, justificaría la designación de ‘parque’ o ‘parque natural’ si queremos” [3].

. Plano del Jardín Botánico de Asunción, 1932. Acervo Milda Rivarola (Imagoteca Paraguay)

Plano del Jardín Botánico de Asunción, 1932. Acervo Milda Rivarola (Imagoteca Paraguay)

En un plano antiguo del Jardín Botánico y Zoológico de Asunción se identifica una sección denominada Pradera Recreo. La misma integra aún el que es posiblemente el último conjunto de praderas naturales de la capital. Contrariamente a la forma en que es vista actualmente por algunos emprendedores, no se trata de un claro en el bosque, sino exactamente de lo opuesto; fue identificada hace ya más de un siglo como una pradera con pequeñas agrupaciones boscosas. Sus características naturales fueron consideradas como muy relevantes en los inicios del Jardín Botánico de Asunción y fue ampliamente abordada por el propio Fiebrig en un extenso artículo científico, fechado en agosto de 1918. Ello explica también –indirectamente– el por qué Anna Gertz (1866-1920), esposa del Dr. Fiebrig y autora de los jardines más emblemáticos del Botánico, no planteó ningún diseño en dicho sector.

Es necesario comprender que las praderas son valiosos y vulnerables campos naturales de albergue de diferentes especies que alimentan a otras y de polinizadores responsables del equilibrio ecológico que diariamente se encuentran afectados por las alteraciones ambientales a causa del  calentamiento global.

Árboles históricos

En el mismo plano citado en el apartado anterior se identifican además –contiguos a la Pradera Recreo– un sector indicado como manduví guazú y otro denominado Pradera Manduví Guazú.

El manduvi guasu (Sterculia striata) es un árbol nativo del Paraguay, propio del área comprendida entre los departamentos de Concepción, Presidente Hayes y Alto Paraguay. Se trata de una especie de gran porte (20 metros o más de diámetro de copa), flor de aspecto muy particular, rojiza y grande, con semillas negras comestibles.

Flor y semillas de manduvi guasu (Sterculia striata). Cortesía

Flor y semillas de manduvi guasu (Sterculia striata). Cortesía

El investigador uruguayo Pedro Lamy Dupuy explicó en 1913 que por las características y circunstancias específicas del sitio donde el general José Gervasio Artigas vivió los últimos años de exilio, es posible que haya pasado más tiempo bajo los manduvi guasu de la Casa Baja que bajo el yvyrapyta con el que se lo relaciona desde principios del siglo XX.

Lamy Dupuy ofrece interesantes descripciones del escenario, explicando la vinculación no solo con Artigas, sino con el cotidiano de la familia López Carrillo, con la edificación y con el paisaje en general: “A unos treinta metros del edificio se conserva aún uno de los dos ‘Manduvi guazú’ debajo de los cuales Artigas pasaba algunas horas cuando recorría á pié la chacra, ó conversando con Benigno López […] Este árbol cuyo nombre guarany traducido al castellano quiere decir ‘maní grande’ tiene actualmente en su tronco unos cinco metros de circunferencia y en su copa un diámetro de veinte. Como hemos dicho, eran dos que en conjunto constituían una inmensa glorieta desde donde se divisa en lontananza el gran arco de plata de un recodo del río […] A su alrededor, por doquiera que se mire, se ve una interminable colina cubierta de selva virginal. En nuestras travesías por esta parte del continente hemos tenido ocasión de admirar hermosos panoramas de la naturaleza, pero ninguno se nos ha presentado con mayor poesía” [4].

Manduvi guasu (Sterculia striata) del Jardín Botánico, 1913, 1922, 1929 y 1943. Archivo de la cátedra Historia de la Arquitectura del Paisaje en Paraguay (FADA-UNA)

Manduvi guasu (Sterculia striata) del Jardín Botánico, 1913, 1922, 1929 y 1943. Archivo de la cátedra Historia de la Arquitectura del Paisaje en Paraguay (FADA-UNA)

Consideraciones finales

Aunque ya no existan aquellos ejemplares de manduvi guasu en el sitio mencionado, es importante reconocer que no solo formaron parte del paisaje natural de una época sino que se instalaron en el imaginario por varias décadas. La Carta de Jardines Históricos (ICOMOS, 1981) expresa en su artículo segundo que “el jardín histórico es una composición de arquitectura cuyo material es esencialmente vegetal y, por lo tanto, vivo, perecedero y renovable”. Bajo esta premisa, los ejemplares del siglo XIX y de principios del XX que ya no están pueden ser replantados, como gesto de recuperación natural e histórica.

Jardín Botánico de Asunción. Vista actual de la Pradera Recreo. Archivo de la cátedra Historia de la Arquitectura del Paisaje en Paraguay (FADA UNA)

Jardín Botánico de Asunción. Vista actual de la Pradera Recreo. Archivo de la cátedra Historia de la Arquitectura del Paisaje en Paraguay (FADA-UNA)

Desde el punto de vista del diseño paisajístico, aunque las praderas Recreo y Manduví Guazú no albergaron jardines de Anna Gertz u otros autores, son integrantes de un gran diseño mayor, el del Jardín Botánico. Modificar su configuración original sería alterar un diseño paisajístico único, un magnífico ejemplo centenario de parque natural, acertadamente categorizado por su creador.

Desde el punto de vista ambiental, en las praderas la poca existencia de árboles no resta importancia ni necesidad de protección de este bioma, ni lo exime de sufrir daños por el impacto de acciones sobre él. Es importante su resguardo con actos básicos como no deteriorar su estado natural y tener en cuenta sus características frente a nuevos planteamientos que impliquen daños irreversibles a su biodiversidad, responsable de un importante papel que, además de todo lo mencionado, ofrece un deleite paisajístico merecedor de las mayores cautelas y especiales cuidados.

Notas

[1] Fiebrig, Carlos (1918). “La flora del jardín Botánico de la Trinidad. Asunción”, en Revista del Jardín Botánico y Museo de Historia Natural del Paraguay, Tomo I, Asunción.

[2] Íbid.

[3] Íbid.

[4] Lamy Dupuy, Pedro (1913). Artigas en el cautiverio: Estudio compendioso, documental, narrativo y crítico. Ed. José María Serrano. Montevideo.

 

* Carlos Zárate es arquitecto, docente, investigador, magíster en Restauración y conservación de bienes arquitectónicos y monumentales, coordinador de área de Teoría y Urbanismo (FADA-UNA) y miembro del Comité Paraguayo de Ciencias Históricas (CPCH).

* Marli Delgado es arquitecta, investigadora, docente de las cátedras Historia de la Arquitectura del Paisaje en Paraguay y Arquitectura 4 (FADA-UNA).

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