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Cultura

Sobre “Nao y la transmutación de las máquinas”

Alberto Arana, "La Nao", 2022. Maqueta tridimensional del arca original de Jenaro Pindú, realizada a partir de planos de Pedro Florentín Demestri. Cortesía

Alberto Arana, "La Nao", 2022. Maqueta tridimensional del arca original de Jenaro Pindú, realizada a partir de planos de Pedro Florentín Demestri. Cortesía

El génesis

En el principio crió Dios los cielos y la tierra.
Y apartó Dios la luz de las tinieblas.
Y llamó Dios a la luz Día, y a las tinieblas llamó Noche…

Allá lejos y hace tiempo, cuando era el illo tempore, emergieron el espacio y el tiempo como acontecimientos del origen. Así cuentan los que cuentan. Y así nos hablan de cómo se echaron a rodar los mundos a través de los tiempos y los espacios; de cómo fueron lanzados hacia un eterno retorno, a perpetuidad, para poder crear y para poder re-crearse a sí mismos. Así nos cuentan.

Jenaro Pindú, "Arca", ca. 1970. Impresión offset sobre cartulina. Colección Félix Toranzos. Cortesía

Jenaro Pindú, Arca, ca. 1970. Impresión offset sobre cartulina. Colección Félix Toranzos. Cortesía

Al principio fueron arcas

Y entonces surgieron entes que, como dispositivos para la acción, se volvieron máquinas. Máquinas trashumantes que, en un continuo flujo, fueron modificando sus mecanismos, sus figuras y sus formas, sus quietudes e inquietudes y sus desatinos. Y fueron máquinas las arcas que emergieron en el aparecer y en el desaparecer del tiempo; arcas que habitaron su existencia con el triunfo y con el fracaso a cuestas. Y devinieron pequeños universos para aposentar su realidad. Eran las arcas atávicas nacidas para salvaguardar el mundo. De ellas, muchas fueron desteñidas por el acaso y por el olvido.  Otras, sin embargo, prevalecieron para hacerse memoria al trascender el tiempo: el arca como refugio para la vida.

Pindú nos enfrenta a ellas para contarnos su historia. Venidas desde la infinitud de su arte, hoy son una conmoción que emana eternamente desde los trazos de su inspirada sensibilidad. Al enfrentarnos a sus arcas, evocamos una plena sensación que, como juego de líneas endebles, refiere a atavismos de antaño. Arcas que aún hoy, como obra de arte bajo las penumbras del salón de exposición, continúan su deriva ancestral y su discurso de eternidad.

Líneas que crean sensación 

Y observamos las arcas que, más allá del tiempo y del espacio, se configuran como trazos de líneas dibujadas venidas desde un remoto lugar sin nombre. Líneas finas, inquietas, reiterativas y nerviosas. Trazos firmes e impetuosos que rasgan la vacía blancura de un papel manchado de pasado y de preconcepto. La blancura del papel que Pindú debió purgar a fuerza de intensa creatividad; el soporte que hubo de liberar de los prejuicios, y la necesaria desacralización para gestar el vacío desde donde habría de aposentar la obra nueva. Es el acto de purificación que emerge desde el firme temperamento de la mano del artista, eso que llaman inspiración. Y así aquellas líneas finas y endebles se fueron transformando en sensación perdurable; es decir: en obra de arte.

Jenaro Pindú, "Arca", ca. 1970. Impresión offset sobre cartulina. Colección Félix Toranzos. Cortesía

Jenaro Pindú, Arca, ca. 1970. Impresión offset sobre cartulina. Colección Félix Toranzos. Cortesía

Instalado como una línea en el vacío solitario del papel, cada trazo se rebela, se pliega y se repliega. El trazo solitario, como numen originario, se despliega para volverse infinito; emerge bajo un deseo de reproducción que fluye y deriva hacia lo inconmensurable, quizás en pos de un albur. Y se yergue la máquina como edificación; se configura el espacio del aposento: la arquitectura para la humana vivencia, con niveles y desniveles, con puertas, ventanas y escaleras para transitar y desandar. Con proas y popas, a estribor y a babor como personajes de historias venidos de una novela oscura que esconde paradigmas de inocencia y de pecado. Lances marítimos que fungen historias que jamás existieron pero que alientan la sospecha agazapada de algún amor imposible.

Ráfagas de viento solar para henchir las velas, torbellinos azarosos para afrontar la travesía que el arca convoca. Sin embargo, sobre una línea horizontal, a modo de primigenio plano de inmanencia, se consolida el océano como mar profundo que trasunta el universo. La línea de horizonte que deviene punto de partida y línea de fuga. Fundamento marino. A veces, un mástil alineado como “axis mundi”, eje vertical que imprime orden al universo del sistema, ya como presencia, o bien, como ausencia. Mástil que presagia el devenir como ascensión y trascendencia.

Y por debajo, a modo de principio matricial, las ruedas del tiempo. Ruedas que,  inexorablemente simétricas e impecables en su geometría de desplazamiento, sustentan la plenitud del sistema “arca”.  La rueda del desplazamiento a través del tiempo; la rueda de surcar el horizonte infinito y del devenir cinematográfico; la rueda como máquina primigenia que acompasa la existencia con el ritmo de lo eterno. Es un todo que deviene instante. Es un instante que deviene eternidad. La paradoja de la existencia en trazos circulares y simétricos, como respuesta a la pregunta clave: ¿cómo se puede representar el tiempo en la quietud de un instante? Pindú, con sus arcas, nos devuelve aquella visualización que amplía el pensamiento limitante y nos transporta más allá de lo que podríamos imaginar.

Las técnicas de Pindú

Hay instantes y etapas en la creación de Jenaro Pindú. Hay momentos del dibujo a mano -la inefable y punzante punta 0,1 del “Rapidograph”-, la tinta china y la aguada; y la línea que insistentemente se reitera ad infinitum; el trazo manual que nerviosamente se revuelca sobre sí mismo, que se superpone o que se degrada en la aguada. La virtualidad de líneas y planos que, en diálogo acompasado, va creando espacialidad en la planicie del blanco papel. El papel que resiste con firmeza el obstinado trazo a tinta o el raspado de la Gillette para aligerar la mancha, para diluir el tráfago y el rumor estridente de líneas desatinadas, o bien para recrear atmósferas etéreas y disolver la intensidad de los rasgos agudos. Así fue la etapa inaugural de su creación.

Jenaro Pindú, "La nave azul", ca. 1983. Collage, técnica mixta. Colección Félix Toranzos. Cortesía

Jenaro Pindú, La nave azul, ca. 1983. Collage, técnica mixta. Colección Félix Toranzos. Cortesía

Venida desde la antigua litografía, la impresión en offset​ aparece posteriormente en la trayectoria artística de Pindú como panacea del destino para la reproducción inacabable de sus arcas. Esta tecnología, según palabras del curador Félix Toranzos, “permitió que las arcas se propagaran de manera inusitada en el ámbito paraguayo”. Y fue el “offset”, el medio que logró instaurar , a modo de plusvalía, la novedosa costumbre de lucir un “Pindú” en la sala.

La reproducción en “offset” hizo que cambiaran considerablemente los mecanismos de producción del artista. Pudo así el creador recurrir a la reproducción de sus dibujos y obtener una cantidad considerable de copias de sus creaciones originales, para ser utilizadas posteriormente como elementos de composición formal, a modo de “collage”. La superposición continua, aplicada como sintonía retórica de la “aliteración”, genera el trazo matricial como composición de base para una repetida continuidad. El “collage”, -otra manera del dibujo-, se compone así a modo de reiteración armónica de partes y se configura como un todo arracimado de segmentos. La fragmentación, como génesis de composición morfológica, se disuelve en la traslación rítmica y  va creando espacios en gradación infinita. La dinámica de la forma repetida a modo de fuga visual, se desplaza hacia un inconcebible más allá. El “collage” de líneas que, -en constante superposición-, engendra cuadrículas reiteradas para geometrizar arquitecturas de espacios infinitos; de espacios que se pierden en el vacío.

Y el soporte del papel, del lienzo o del cartón, asume el “collage”. Se verifica su presencia en un tenue relieve que, al sobresalir del plano base,  denuncia y asume lo añadido cuando se torna visible. Se visualiza el proceso del “tramo-a-tramo”. Es la manera de contarnos como fue hecho; el paso a paso que evidencia una paciente diacronía; y cómo fue engendrada la superposición a través del tiempo de su parsimoniosa elaboración.

Y así fue como las arcas ancestrales engendraron mundos; generaron máquinas para atravesar el espacio-tiempo, y enseñarnos que, más allá de lo visible existe un infinito; más allá de la emoción estética que guardamos para nuestra intimidad.

Pedro Florentín Demestri “La Nao 04”. Dibujo más impresión digital sobre cartulina canson. Cortesía

Pedro Florentín Demestri, La Nao 04, 2021-2022. Dibujo más impresión digital sobre cartulina canson. Cortesía

La transmutación de las imágenes

Las arcas de Pindú, son máquinas del tiempo que atraviesan el espacio sin lugar. Son dispositivos que se instauran en una incertidumbre ajena a la geografía. Así, desterritorializadas, son máquinas que huyen del espacio y se disipan como una deriva del acontecer. Extrañas y ausentes, quizás ellas desde un no-lugar observen nuestro asombro; quizás ellas, desde el silencio retumbante de sus líneas, juzguen nuestra perplejidad.

Pindú, con su obra trasciende el territorio y visualiza el más allá; pero, ¿el daimon del artista creador habrá logrado exorcizar el pyporé de su solar nativo? Pedro Florentín Demestri acomete el desafío; asume el reto de territorializar lo inexplorado; y quizás lo inacabado. Asume su identidad de artista como creador de  “máquinas deseantes”, como ente binario en pos del acoplamiento que las configuran. Con el intento de territorializar el eterno devenir de la obra de Pindú; y con el afán de rescatar el espacio y la geografía, Pedro Florentín Demestri desembarca en la ciudad de Asunción.

Como se ha visto, toda arca, se enfrenta a la realidad de mundos cambiantes. Desde su inquietud marina, la máquina contempla el horizonte, ya desde el verde estribor o del babor rojizo; ya desde la proa que señala la meta o la popa que apunta al olvido.  Un Paraguay ignoto hubo perdurado como territorio ajeno a las arcas hasta que en agosto de 1537, Juan de Salazar y Espinoza hubo  desembarcado en sus playas. Expediciones previas hubieron pero poco significativas. Así fue como Asunción nació desde un impulso y un deseo, ambos desembarcados de la NAO, el arca fundacional.

Pedro Florentín Demestri “Ferrocarril 01”. Dibujo más impresión digital sobre canvas. Cortesía

Pedro Florentín Demestri, Ferrocarril 01, 2021-2022. Dibujo más impresión digital sobre canvas. Cortesía

Como toda ciudad, Asunción se hizo historia y se fue configurando a través de su borde fluvial, de su topografía de suaves colinas, de sus barrios cambiantes, de sus calles y de sus monumentos y de sus mitos. Hay un arca espectral que por las noches recorre la ciudad; y en la quietud del descanso emergen en silencio las historias que cuentan los que duermen.

Pedro Florentín Demestri, “Panteón de los Héroes 01”. Dibujo más impresión digital sobre canvas. Cortesía

Pedro Florentín Demestri, Panteón de los Héroes 01, 2021-2022. Dibujo más impresión digital sobre canvas. Cortesía

Y sueñan cómo las máquinas transmutadas por los deseos se posan y transitan la ciudad. El atavismo ancestral de las arcas de Pindú fue transmutado por Pedro Florentín Demestri con estrépito, y así lo asume el silencio de los fantasmas que descienden a la ciudad y que, como el hilo rojo del destino, hilvanan su geografía urbana. Son las máquinas transmutadas que desde Punta Carapá se desplazan hacia la Estación del ferrocarril, hacia el Panteón de los Héroes, al Hotel Guaraní, a la esquina de Chile y Estrella, al edificio Marco Polo, a la Loma de San Jerónimo y recalan en Itá-Pytá-Punta; y allí se detienen para observar el horizonte; para expandir la visión del gran Chaco, para escudriñar las invisibles arcas que instauran su peculiar lejanía.

Demestri, “El nodo”. Dibujo más impresión digital sobre canvas. Cortesía

Pedro Florentín Demestri, El nodo, 2021-2022. Dibujo más impresión digital sobre canvas. Cortesía

Nota de edición: La muestra Nao y la transmutación de las máquinas, sobre la cual versa este artículo, incluye dibujos de Jenaro Pindú y Pedro Florentín Demestri. Con curaduría de Félix Toranzos y asesoría de Aníbal Cardozo Ocampo, está habilitada en Galería Exaedro (Aca Caraya 595). La digitalización, equipo Cad y Sketch up estuvieron a cargo de Francisco Cáceres, la impresión en 3D y las maquetas fueron realizadas por Alberto Arana, la videoanimación es de Federico Demestri y el asesoramiento de videos es de Sebastián Jiménez.

 

* Aníbal Cardozo Ocampo es arquitecto, profesor titular de crítica arquitectónica, miembro del Colegio de Arquitectos y de la Asociación Internacional de Críticos de Arte.

1 Comment

1 Comentario

  1. Mirtha Perdomo

    31 de julio de 2022 at 23:00

    Excelente exposición en Exaedro.
    Y la posibilidad de conversar y conocer a grandes artistas.
    Siempre el alma y la mente crecen y se abren con estas muestras de CREATIVIDAD. Mirtha Perdomo y Maia.

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