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Cultura

Narrativas-hilos: Historias mínimas del Paraguay en el Malba

Ao. Vista de sala © Nacho Iasparra. Cortesía MALBA

Ao. Vista de sala © Nacho Iasparra. Cortesía MALBA

En momentos en que el “arte textil” hace furor en el circuito internacional y acapara la atención de museos, galerías, curadores, bienales y plataformas mediáticas, cabe preguntarnos cuál es el alcance de la expresión que, bajo esta nomenclatura, engloba los más diversos proyectos artísticos. La cuestión es oportuna ya que, precisamente hoy, se cierra en Buenos Aires la exposición Ao. Episodios textiles de las artes visuales en el Paraguay, que reúne obras de diez artistas paraguayos o vinculados al país.

Para Lia Colombino, curadora de la muestra, hay una clara diferencia entre las estrategias artísticas que desde lo contemporáneo utilizan el textil como lenguaje y el arte textil que, en ciertos lugares del Paraguay, tiene una historia tradicional arraigada. “Es el caso del ao po’i, el ñandutí, y también el de producciones indígenas como la del caraguatá,el algodón o la cestería, que están atravesadas no solamente por la tradición, sino por sus usos, por todas las pulsaciones y los momentos de la vida de las personas”, dice.

Esta es la primera vez que el Malba expone un importante corpus de obra procedente del Paraguay. Hasta hace poco tiempo el único nombre paraguayo en su colección permanente era Feliciano Centurión. El hecho de que Ao. Episodios textiles… haya sido una muestra relevante para la institución, con gran concurrencia de público y amplio destaque en la prensa, abre un camino realmente importante para la producción simbólica del país y su difusión internacional.

Visita guiada frente a El gran manto. Cortesía MALBA

Visita guiada de Roberto Amigo frente a El gran manto, de Ricardo Migliorisi.Cortesía MALBA

“En un momento hubo una discusión al interior de la organización de la muestra. ¿Eran episodios o eran operaciones? Habíamos hablado de episodios en un primer momento. Episodios del arte textil, decía el equipo del Malba. Yo comencé a estudiar luego la problemática del término arte textil y a utilizar la idea de operaciones textiles en las artes visuales. Tras un ida y vuelta de opiniones, el título quedó en Episodios textiles...”, agrega. 

Los artistas cuyas obras integran la muestra son Marcos Benítez, Félix Cardozo, Claudia Casarino, Arnaldo Cristaldo, Mónica Millán, Osvaldo Salerno, Joaquín Sánchez y Karina Yaluk, y los fallecidos Feliciano Centurión y Ricardo Migliorisi.

“Hay un hilo que une todas estas obras y que tiene que ver con las diferentes narrativas que ellas ponen sobre la mesa. Narrativas-hilos. Lo que yo deshilo tiene que ver con la idea de tejido y texto. Desde la escritura siempre hablo de tejido, no de texto. Hablo de que texto viene de tejido, tejere. En realidad, cuando uno está escribiendo, está tejiendo. Creo que aquí hice un poco la operación al reverso: cuando uno está tejiendo, está escribiendo. De hecho, no hay pocos mitos al respecto. El mito griego de Filomela, por ejemplo, que retoman diferentes dramaturgos. Filomela es violada y, para callarla, le cortan la lengua. Entonces ella borda y, en esos bordados, cuenta su historia. Creo que en el Paraguay, a través del tejido, las mujeres han contado otras historias. En ese trabajo que también guarda un poco de cuarto propio y una pequeña emancipación, sobre todo en el caso del ñandutí. Mi papá solía decir que el ñandutí es el encaje de la independencia de las mujeres. Siempre me pareció muy bella esa imagen del Paraguay contado desde esas mujeres al interior de sus cocinas, bordando y tejiendo. Una mujer me decía que a ella el ñandutí le ordenaba el día. Es eso: la vida atravesada por los hilos de los tejidos. A partir de allí, hay historias que no están en los relatos oficiales, historias mínimas, microhistorias generalmente dejadas de lado. Mucho de esto me viene a través de varios autores, especialmente Barbara Potthast. También es interesante ver que prácticamente todas las personas que están en la muestra son hombres. Como una especie de reversión del género. El hilo discursivo tiene que ver con eso: con el tejer unas historias diferentes desde estos lugares, que son los lugares del tejido, y cómo estos artistas retoman y desdicen historias hace tanto tiempo instaladas y las discuten”, dice Lia.

Los discursos

Desde hace muchos años “lo natural”, como territorio y cultura, ha sido el centro de interés de Marcos Benítez, cuya obra resulta cruzada por cuestiones políticas y ambientales. La instalación que presenta en el Malba es de alguna manera la culminación de una larga exploración iniciada en el campo del grabado, la impresión y la huella. Benítez tomó, con tierra colorada, las impresiones “troncales” de árboles de especies nativas que crecen en las veredas de Asunción. Lo hizo sobre grandes lienzos de algodón que actúan como “sudarios marcados con vetas, ondulaciones y cicatrices”, según la curadora.

Marcos Benítez. Ao, 2021 © Mónica Matiauda

Marcos Benítez. Ao, 2021 © Mónica Matiauda

En su obra, Claudia Casarino abordó desde temprano las problemáticas del universo femenino, entendido este como un campo de tensiones entre las expectativas y disidencias de las mujeres y el rol que el sistema patriarcal les impone. Basada en investigaciones históricas, Casarino abordó las cuestiones de género en Paraguay desde la domesticidad del tejido y el bordado, que en sus proyectos se transforman en discursos testimoniales pero también liberadores. Las piezas que presenta en el Malba transitan lo comunitario y lo erótico-subalterno, dando cuenta en su forma y materialidad de la condición de mujeres y niñas en el Paraguay.

Claudia Casarino. Apyte Ao, 2011. Tela de algodón © Claudia Casarino

Claudia Casarino. Apyte Ao, 2011. Tela de algodón © Claudia Casarino

Félix Cardozo presenta una típica manta de algodón tejida en telar artesanal (poyvi) sobre la que ha bordado una oración a Santa Bárbara contra el mal tiempo. Abrigo y protección, dos conceptos asociados desde antiguo a lo femenino. La obra es parte de un proyecto mayor de trabajo con mujeres campesinas, que incluyó la colecta de oraciones y el registro de entrevistas personales. La manta, cuya elaboración genera sustento económico en zonas rurales del Paraguay, remite al cuerpo. “Las palabras bordadas en la piel de algodón devienen tatuajes indelebles que resultan el medio más eficaz para recordar y elaborar lo que se ha vivido, lo que ha sucedido y no se desea olvidar”, dice el artista.

Félix Cardozo. Piré, 2018. Cortesía

Félix Cardozo. Piré, 2018. © Nacho Iasparra. Cortesía MALBA

Hablar de mantas y abrigo nos lleva indefectiblemente a Feliciano Centurión, quien desarrolló su carrera en Buenos Aires y participó en los años 90 del círculo de artistas reunidos en el Centro Cultural Rojas. La curadora escogió para la muestra una de las conocidas frazadas de Feliciano, con dos tigres amenazantes y juguetones pintados en su superficie.

Obras de Feliciano Centurión © Nacho Iasparra. Cortesía MALBA

Obras de Feliciano Centurión © Nacho Iasparra. Cortesía MALBA

Los símbolos patrios son objeto de atención de Arnaldo Cristaldo desde hace tiempo. En un país de fuerte inclinación nacionalista, intervenir la bandera o el escudo resulta siempre transgresor. El artista trabaja la representación emblemática del Paraguay, descalzando discursos y sustituyendo materiales “nobles” como el algodón por elementos desechables como el plástico negro habitualmente utilizado en las bolsas de basura. La obra que presenta en el Malba consiste en un escudo bordado sobre tejido de ao po’i almidonado y posteriormente desbordado, “una especie de acción metafórica con relación al arrepentimiento y la desilusión”, según sus palabras. “El símbolo, al igual que el tejido y el bordado, son constructos. En ocasiones aquello que debía permanecer oculto emerge, generando quiebres, dejando cicatrices”, dice.

Arnaldo Cristaldo. Sin título, 2022. Ao poi almidonado, bordado a mano y desbordado

Arnaldo Cristaldo. Sin título, 2022. Ao poi almidonado, bordado a mano y desbordado. Cortesía

El gran manto, de Ricardo Migliorisi, se despliega soberbio en la sala, con intensidad poética y buena dosis de humor. Esta obra también es el resultado de una colecta, material, visual y discursiva. Consiste en un conjunto de pequeños gobelinos adquiridos en mercados de pulgas y unidos sobre un tejido de arpillera. Sobre ellos, textos del propio artista traducidos a varios idiomas, bordados por reclusas de la cárcel de mujeres de Asunción, narran historias de pescadores sobre el nacimiento de sirenas y ogros, o sobre ofrendas para asegurar abundancia en la pesca, entre muchas otras cuestiones.

Ricardo Migliorisi. El gran manto. Gobelinos ensamblados sobre un tejido de arpillera © Nacho Iasparra. Cortesía MALBA

Ricardo Migliorisi. El gran manto. Gobelinos ensamblados sobre tejido de arpillera © Nacho Iasparra. Cortesía MALBA

Mónica Millán es una artista de referencia en la poética del textil. De extrema delicadeza y sorprendente potencia, su trabajo en hilos, lanas, bordados y encajes instala las distintas capas del universo doméstico femenino, el tradicional y el contemporáneo, en una frecuencia aleatoria de combinaciones que construyen verdaderos paisajes ficcionales. En el Malba, cada hilo, cada color, cada nudo, guardan la memoria de un nombre y de una historia: los de las tejedoras y bordadoras del Guairá, con quienes compartió grandes momentos de aprendizaje y amistad.

Mónica Millán. De la Serie El vértigo de lo lento, 2002

Mónica Millán. De la serie El vértigo de lo lento, 2002. Vista de sala © Nacho Iasparra. Cortesía MALBA

La obra de Osvaldo Salerno se llama Wage die Stille (Atrévete al silencio, en alemán), palabras de un médico alemán que vivió en Paraguay y que, en su juventud, compartió correspondencia con Heidegger. Este silencio evocado por el artista habla de la callada pero importante presencia paraguaya en Buenos Aires, donde gran cantidad de migrantes llegaron en los años 40, 60 y 70 por razones políticas y económicas. En blanco sobre blanco, bordada sobre la trama del lienzo, la frase aparece en castellano y guaraní, en un juego de espejeo que dificulta cualquier posible lectura y remite a la lucha de la memoria por restituir lo que el olvido pugna por borrar.

Osvaldo Salerno. Wage die Stille, 2021 © Mónica Matiauda

Osvaldo Salerno. Wage die Stille, 2021 © Mónica Matiauda

Karina Yaluk es conocida por el uso de material orgánico en su trabajo, generando una atmósfera de sutil extrañamiento. La obra que presenta en esta exposición fue parte de una instalación de 2001 titulada De los ojos del aire y de los acontecimientos en el jardín nocturno. “Trabajé entonces con elementos relacionados con el aire y la sangre. La sábana expuesta en el Malba está formada por fragmentos de satén en los cuales fui haciendo registros de agallas de peces. El satén es, para mí, casi una segunda piel. Un tejido de connotaciones nocturnas”, dice.

Karina Yaluk. De los ojos del aire y de los acontecimientos en el jardín nocturno, 2001. Fragmentos de satén con registros de agallas de peces.

Karina Yaluk. De los ojos del aire y de los acontecimientos en el jardín nocturno, 2001. Fragmentos de satén con registros de agallas de peces. Cortesía MALBA

Finalmente, quiero detenerme en la obra de Joaquín Sánchez. Desde inicios de los 2000, el artista fue construyendo su poética en torno a un tejido tradicional del Paraguay, el ñandutí, en el cual comunidades enteras de mujeres encuentran sustento simbólico y económico. La obra escogida para el Malba, Sí quería, es una pieza de tinte autobiográfico que en su primera edición presentaba dentro de una caja de cristal el vestido de novia original de la madre del artista, blanco, sobre el cual Sánchez mandó bordar un ñandutí rojo en forma de corazón. A los pies del vestido, multitud de fotografías familiares en papel, impresas en blanco y negro. Arriba de la caja, en uno de los ángulos interiores, un pequeño conjunto de arañas vivas tejían persistentemente su tela, invocando así la palabra guaraní que da nombre a este encaje. La pieza tiene exactamente veinte años y fue exhibida en varias ocasiones, siempre con muy buena recepción. La obra, en su edición original, obtuvo el Premio Unión Latina en la Bienal Internacional SIART, en La Paz, en 2001, y hoy integra la colección del Museo Nacional de Arte de Bolivia.

“Este corazón anatómico de encaje que Joaquín Sánchez pone sobre el vestido refiere a la historia del textil y de las mujeres en el Paraguay. Ñandutí quiere decir tela de araña y es por eso que están estas laboriosas arañas aquí”, explicaba Lia Colombino en su presentación curatorial. Sin embargo, y para desconcierto general del mundo del arte, las redes sociales se impusieron por encima de todo criterio racional, satanizando la obra con furia ingenua, pero muy revulsiva, condenando la inhumanidad del artista por utilizar animales vivos y obligando moralmente al museo a retirar las arañas de la obra.

Joaquín Sanchez. Sí, quería, 2001-2022. Bio-instalación. Vestido de novia de la madre del artista, encaje de ñandutí, fotos familiares, arañas vivas, caja de cristal © Cortesía MALBA

Joaquín Sanchez. Sí, quería, 2001-2022. Bio-instalación. Vestido de novia, encaje de ñandutí, arañas vivas, caja de cristal. Cortesía MALBA

El hecho, que tuvo repercusión mediática internacional, es curioso, ya que hace apenas unos años, en 2017, el Museo de Arte Moderno de Buenos Aires presentó, y con mucho éxito, la exposición Cómo atrapar el universo en una telaraña, de Tomás Saraceno. La misma consistía en dos instalaciones. Una, ubicada en el segundo subsuelo, The Cosmic Dust Spider Web Orchestra [Orquesta aracnocósmica], es descrita así en el website del museo: “Una araña suspendida en medio de la sala teje sus telas. Las vibraciones que producen sus movimientos en la tela son amplificadas generando ondas de sonido que invaden el espacio, mientras partículas de polvo cósmico flotan a su alrededor. En sintonía con la cadencia de las ondas sonoras producidas por la araña, un algoritmo traduce los movimientos del polvo cósmico a sonidos, que se reproducen en decenas de parlantes y vuelven audible los vaivenes del polvo en el espacio. Al mismo tiempo, las partículas son captadas por un sistema de video que las proyecta amplificadas en una gran pantalla, creando la ilusión de inmensas partículas que, en realidad, son casi imperceptibles”.

En el segundo piso, siempre según el Moderno, “la instalación Instrumento Musical Cuasi-Social IC 342 construido por 7000 arañas Parawixia bistriata fue elaborada entre octubre de 2016 y enero de 2017 por 18 colonias de arañas de la especie Parawixia bistriata que tejieron de noche la telaraña de mayor tamaño con la que hayamos convivido en nuestros hogares. Esta estructura comunitaria, que se remonta a 140 millones de años de presencia arácnida en la tierra, es una fracción microscópica y, a la vez, un fiel reflejo de la red infinitamente compleja de individuos, especies y elementos que compone el universo”.

El sitio registra las fechas de exposición: 6 de abril de 2017 – 18 de marzo de 2018. Casi un año. Nadie dijo nada. Solo se escucharon elogios, fundados, a la poesía de la puesta, al rigor científico de la investigación que la precedió y al gran despliegue técnico realizado. ¿Qué pasó desde entonces? ¿Cuántas obras de arte veremos rechazadas, escondidas o mutiladas (como en el caso de Sánchez), siguiendo el azaroso comportamiento de las redes sociales?

 

* Adriana Almada es crítica de arte, escritora, editora y curadora. Fue vicepresidenta de la Asociación Internacional de Críticos de Arte (AICA Internacional) y presidenta de su capítulo paraguayo (AICA Paraguay). [email protected]

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