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Cultura

La novela de Areguá

Gabriel Casaccia en Areguá © Miguel Ángel Fernández. Cortesía

Gabriel Casaccia en Areguá © Miguel Ángel Fernández. Cortesía

Gabriel Casaccia es considerado el fundador de la narrativa moderna en Paraguay, sobre todo por La Babosa, la novela de Areguá por tradición.

La calificación de moderno me parece imprecisa, en el sentido de que es una categoría relativa a un determinado contexto histórico y geográfico. Indudablemente, lo es con relación a la literatura romántica que precede a Casaccia en Paraguay, pero si uno, a su vez, ubicara sus novelas en un plano regional ―Sudamérica― entre los años 1950-1960, podría pensar que estamos frente a un autor costumbrista, apegado a formas narrativas agotadas [1].

Algo similar podría decirse de Augusto Roa Bastos, quien escribió más tarde Yo el Supremo, libro en cierto modo experimental, aunque mucho más inspirado de lo que parece en obras de Marguerite Yourcenar y Robert Graves, autores que construyeron, con anterioridad a él, grandes relatos basados en un Yo superlativo y todopoderoso [2].

Casaccia siempre me pareció, más que moderno, un representante de una temprana crítica de la sociedad paraguaya más conservadora. [3] Su valor no reside tanto en la experimentación formal, sino en el enfoque de sus temas, que fueron una reacción a la literatura imperante en la primera mitad del siglo XX en el país. En La incógnita del Paraguay y otros ensayos, Hugo Rodríguez Alcalá dice: “Con La Babosa, la narrativa crítica queda en 1952 definitivamente instaurada. Esto no significa que la otra tradición literaria, la sentimental y patriótica, haya del todo muerto, sino que al fin una novela de gran aliento artístico se impone por sus indiscutibles méritos, pese a la resistencia inicial, como forma de enfoque de la realidad antes escrupulosamente evitada en sus aspectos sórdidos”.

Siempre pensé también que la virulencia que destila la crítica de Casaccia hacia Paraguay a partir de La Babosa es, en gran medida, un desgarramiento personal del autor, que todavía no se atreve a pervertir la forma, el lenguaje. Hay rabia y dolor en su libro, pero Casaccia no agrieta las palabras, no tira abajo la casa que lo aprisiona: esa Areguá tan añorada como maldecida desde su literatura.

En lo personal, ese provincianismo al que sucumbe finalmente Casaccia me irrita un poco, porque hace perder a sus obras posibilidades de marginalidad o ruptura insospechadas. Pero supongo que es normal que un escritor, aunque desee salirse de la Historia mediante la escritura, no pueda evitar ser hijo de su tiempo. Uno escribe desde donde le toca, con lo que tiene a mano.

Solo por dar un ejemplo: casi veinte años antes de que apareciera la novela de Casaccia, Henry Miller publicaba un libro tanto o más escandaloso y, además, sustentado en progresivas rupturas de la forma literaria: Trópico de Cáncer. O, quienes prefieran ejemplos más regionales de lo que era una literatura de ruptura anterior a Casaccia, pueden leer Los cantos de Maldoror, del Conde de Lautréamont, y De la elegancia mientras se duerme, del Vizconde de Lascano Tegui, ambos rioplatenses.

 

Notas

[1] Para comprender a cabalidad la “onda” de esa época en América Latina, es decir, el boom latinoamericano, y el mayor o menor grado de “sintonía” que tuvieron para con este fenómeno los escritores paraguayos, recomiendo leer, por un lado, Historia personal del boom, de José Donoso, y, por otro, el segundo volumen de Cartas, de Julio Cortázar, que incluye una en la que el cronopio no solo tacha de “ilegible” a Casaccia, sino que se pregunta si alguien de veras puede seguir escribiendo de la manera en que lo hacía el paraguayo a mediados de la década de 1960.

[2] Piénsese en Memorias de AdrianoYo, Claudio.

[3] Rafael Barrett, con sus crónicas acerca de la explotación en los yerbales paraguayos, es un caso anterior, pero definitivamente sui generis.

 

* Cave Ogdon (Asunción, 1987) es escritor. Ha publicado cuentos y novelas. Algunas de sus obras son Los incómodos (Arandurã, 2015, mención honorífica certamen literario Roque Gaona), Papeles de encierro (Arandurã, 2017), Luz baja (Aike Biene, 2018) y Perros del pantano (Póra, 2021).

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