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Cultura

Histeria colectiva: Orson Welles y la invasión marciana de 1938

El 30 de octubre de 1938, una inesperada transmisión radiofónica aterrorizó a parte de la población estadounidense al comunicar una supuesta invasión extraterrestre. A 84 años del suceso, considerado uno de los primeros casos de histeria colectiva producida por una “fake news”, hacemos un repaso de los acontecimientos.

Orson Welles. Cortesía

Orson Welles. Cortesía

Aquel día, casi al anochecer en Estados Unidos, el oyente que no hubiera escuchado a tiempo la breve introducción del programa On the Air, de la CBS, que aclaraba lo que vendría a continuación, quedaría muy sorprendido al escuchar: “Señoras y señores, interrumpimos nuestro programa de baile para comunicarles una noticia de última hora procedente de la agencia Intercontinental Radio. El profesor Farrel, del Observatorio de Mount Jennings de Chicago, reporta que se han observado en el planeta Marte algunas explosiones que se dirigen a la Tierra con enorme rapidez… Continuaremos informando”.

Un joven Orson Welles –oculto tras la voz del profesor Richard Pierson– relataba la “primicia”. De fondo, su compañía Mercury Theatre producía los efectos sonoros de la ya histórica adaptación radiofónica de La guerra de los mundos, célebre novela de ciencia ficción de H. G. Wells, publicada en 1898.

Orson Welles y la compañía Mercury Theatre. Cortesía

Orson Welles y la compañía Mercury Theatre. Archivo

Lo que nadie esperaba es que parte del público que seguía el relato con interés, comenzara a entrar en pánico. “Damas y caballeros, tengo que anunciarles una grave noticia. Por increíble que parezca, tanto las observaciones científicas como la más palpable realidad nos obligan a creer que los extraños seres que han aterrizado esta noche en una zona rural de Jersey son la vanguardia de un ejército invasor procedente del planeta Marte”, anunciaba un “nervioso” Welles, atizando la incipiente histeria colectiva.

Aunque años después muchas investigaciones desmintieron la espectacularidad del caso, se sabe que unas doce millones de personas escucharon la transmisión y muchas cayeron presa del terror, abandonando sus casas y colapsando carreteras, estaciones y comisarías. Además del talento nato de Welles para el relato oral, uno de los elementos que reforzó la verosimilitud de la narración fueron las interrupciones que este realizaba deliberadamente durante el programa, con el objeto de crear un clima de alarma.

Portadas de algunos diarios acerca de las repercusiones de la transmisión radiofónica de 1938. Cortesía

Portadas de algunos diarios sobre las repercusiones de la transmisión radiofónica de 1938. Archivo

El pánico no tardó en propagarse a medida que la transmisión se desarrollaba: multitud de llamadas telefónicas comenzaron a llegar a las oficinas de la policía, a hospitales y redacciones de prensa. Si bien muchas solo buscaban protestar por el engaño, o confirmar la autenticidad de la historia, otras voces desesperadas afirmaban haber visto caer meteoritos, “que en realidad eran naves transportando a invasores extraterrestres”. Entretanto, en la radio, los oyentes asistían al desarrollo de las acontecimientos, con reportes de un periodista ficticio, un tal Carl Philips que, desde Nueva Jersey, exclamaba: “Señoras y señores, esto es lo más terrorífico que nunca he presenciado… ¡Espera un minuto! Alguien está avanzando desde el fondo del hoyo. Alguien… o algo. Puedo ver escudriñando desde ese hoyo negro dos discos luminosos… ¿Son ojos? Puede que sean una cara. Puede que sea…”.

Los efectos especiales de sonido fueron tan bien logrados que la histeria colectiva se avivó pese a los anuncios de que lo que se estaba transmitiendo era ficticio. El programa duró 59 minutos y concluyó con la falsa muerte del relator -Orson Welles- como consecuencia de inhalar gases tóxicos lanzados por los invasores.

Orson Welles. Cortesía

Orson Welles. Archivo

Al día siguiente, los diarios recogieron la historia en primera plana, con titulares como “Falso boletín de guerra difunde el terror por todo el país” y “Obra radiofónica aterroriza a la nación”. Hoy se sabe que la hazaña mediática de Welles generó unos 12.000 artículos en periódicos de todo Estados Unidos.

La histeria fue tal que, durante la noche de la transmisión, en algunas ciudades estadounidenses se produjeron desmanes y hechos violentos. Uno de los incidentes más conocidos fue protagonizado por habitantes de Grover’s Mill, Nueva Jersey, sitio en el que supuestamente estaban aterrizando las naves alienígenas, quienes llegaron a creer que un tanque de agua se había convertido en una “máquina de guerra marciana”, por lo que abrieron fuego.

Días después, Welles fue denunciado por causar graves ataques de pánico en muchas personas. Lo cierto es que la transmisión de La guerra de los mundos catapultó su carrera, y sentó un precedente sobre el poder de los medios de comunicación de masas, instalando por primera vez el tema en el debate público.

Observando el caso en retrospectiva, muchos investigadores han determinado que la “invasión marciana” ilustra mucho más que un pánico a corto plazo. Se trata de un testimonio del notable poder e influencia de los medios de comunicación en la sociedad contemporánea.

Desde 1938, el acelerado crecimiento experimentado por la población mundial ha hecho que esta se vuelva cada vez más dependiente de los medios de comunicación. En la actualidad, se registra una mayor dependencia de la información, de los medios de comunicación y de las redes sociales, lo que supone una condición que puede ser aprovechada para la propagación de las denominadas fake news. Si bien puede ser cierto que no se puede engañar a todas las personas todo el tiempo, solo se necesita engañar a una porción relativamente pequeña de personas por un periodo corto para crear perturbaciones a gran escala en la sociedad. Quizás esa sea la lección que se desprende de la reacción a la transmisión de 1938.

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