El cambio de los partidos políticos en el gobierno y la oposición

Publicado por Intercontinental Editora, aparecerá próximamente el nuevo libro de Marcos Pérez Talia que analiza el proceso reciente de los dos partidos tradicionales del Paraguay: la ANR y el PLRA entre 2003 y 2018. Ofrecemos aquí un anticipo, oportuno en este momento preelectoral.

13 Noviembre de 2022
13 Noviembre de 2022
El cambio de los partidos políticos en el gobierno y la oposición
El cambio de los partidos políticos en el gobierno y la oposición

[...] Como los partidos tradicionales de Paraguay datan del siglo XIX, y mucha de sus dina?micas y tensiones se proyectan desde la ge?nesis en 1887 a la actualidad, se torna necesaria una presentacio?n mi?nima de la trayectoria histo?rica. No se busca “volver a la historia” o “hacer historia” sino describir las dina?micas poli?ticas como procesos “que se desarrollan con el tiempo” [1].

A ese efecto, se abordan las dina?micas histo?ricas de resolucio?n de conflictos y las estrategias de competencia y coope- racio?n entre facciones. Esos recursos, aunque el pensamiento convencional muchas veces diga lo contrario, han sabido ser fuente de fortalecimiento de los partidos desde sus ori?genes.

Los partidos tradicionales paraguayos no son instituciones homoge?neas ni cohesionadas, sino todo lo contrario. La mayor parte de su existencia funcionaron como partidos fuertemente faccionados, con rivalidades extremas al interior de los mismos que ocasionaron, incluso, desmanes en la poli?tica nacional. En su afa?n de imponer su condicio?n hegemo?nica dentro del partido, las facciones no han tenido problema para aliarse con facciones del partido rival. Si bien colaboran al inicio del gobierno a fin de obtener la mayor cantidad de espacios de poder, las tensiones se exacerban especialmente a medida en que se acercan las elecciones, por lo cual el desafi?o de integrar los mejores lugares de las listas se vuelve trascendental.

Una parte importante de los textos histo?rico-poli?ticos de Paraguay se empecinaron en describir la vieja lucha partidaria como un enfrentamiento enconado entre dos bandos -colorados versus liberales- ubicados en las anti?podas en donde, dependiendo de la afiliacio?n del narrador, unos eran los buenos y ci?vicos, y otros los malos y ba?rbaros. En cambio, la realidad fue un poco ma?s compleja. La historia partidaria paraguaya, desde su propio origen, no es solo un cu?mulo de revoluciones, traiciones y golpes de Estado sino tambie?n de pactos intra y extra partidos, cuyo modus operandi teni?a contornos propios:

"al lado de la cultura de la confrontacio?n, existio? tambie?n, y con una admirable vitalidad, una cultura de la concertacio?n... Los pactos nunca fueron sometidos a la aprobacio?n popular; en todos los casos fueron decisiones de las respectivas cu?pulas partidarias. Y e?stas, a su vez, actuaron bajo la irresistible influencia de aquellos jefes histo?ricos" [2].

Al tiempo que pelearon interna y externamente, tambie?n supieron acordar la paz partidaria. Lo que vario? en muchos casos fue la forma de zanjar los conflictos internos: “desde arriba”, abrazo, borro?n y cuenta nueva; o “desde abajo”, como consecuencia de elecciones. El mismo momento de fundacio?n de ambos dio una pauta.

En el coloradismo primo? en muchas ocasiones un espi?ritu de “abrazo republicano” de cara a deponer temporalmente las armas, sea para retornar al poder (1938), o para seguir gobernando (1955, 1993, 1998, 2003 y 2018).

Mítin de la Asociación Nacional Republicana (ANR). Cortesía
Mítin de la Asociación Nacional Republicana (ANR). Cortesía

En el liberalismo, por el contrario, no abundan ejemplos de magnas conciliaciones partidarias y abrazos de concordia. El partido supo convivir con sus distintas grietas: ci?vicos ver- sus radicales en la de?cada de 1890; saco puku versus saco mbyky previo a la guerra civil de 1922/23; dialoguistas versus intransigentes durante la dictadura del Gral. Stroessner. En todo caso, una de ellas acabo? imponie?ndose sobre la otra. En la era democra?tica post 1989, la concordia liberal se dio principalmente como consecuencia de las elecciones. Tras la transicio?n a la democracia, de cinco partidos liberales existentes durante el stronismo, las elecciones de 1989 mostraron que solo el PLRA era el que teni?a rai?z popular. Los dema?s pasaron simplemente a integrarlo, por la mayor capacidad de arrastre popular de este u?ltimo. Esta es la concordia “desde abajo”.

El temprano bipartidismo en el siglo XIX

Al finalizar la Guerra de la Triple Alianza en 1870, se sanciono? una nueva Carta Magna inspirada en las constituciones de Argentina y Estados Unidos, que busco? implantar en el pai?s el sistema democra?tico liberal en boga en las constituciones de los dema?s pai?ses americanos. Uno de los componentes ma?s importante del nuevo orden constitucional fue la aprobacio?n del sufragio universal masculino para todos los ciudadanos mayores de 18 an?os sin que importase la propiedad, raza o nivel de alfabetizacio?n. Eso abrio? inmediatamente el juego poli?tico a la sociedad, para lo cual necesitaban organizarse. Esta nueva etapa denominada “era liberal” [3] constituye claramente el punto de partida de la poli?tica paraguaya moderna.

Las primeras luchas hunden sus rai?ces en los clubes poli?ticos formados principalmente en el exilio, entre 1850 y 1860. Aunque una vez aprobadas las disposiciones electorales de 1870, estos clubes no pudieron competir eficazmente en el campo poli?tico. Eso marca, en realidad, el inicio de una li?nea evolutiva que va desde aquellos clubes poli?ticos hasta la conformacio?n y consolidacio?n de organizaciones partidarias un par de de?cadas despue?s [4].

Convención del Partido Liberal Radical Auténtico (PLRA). Cortesía
Convención del Partido Liberal Radical Auténtico (PLRA). Cortesía

Entre 1870 y 1887 (an?o de fundacio?n de los partidos) se sucedieron ocho presidentes y so?lo uno logro? iniciar y culminar su mandato. Precisamente el u?nico fue el Gral. Bernardino Caballero, presidente constitucional entre 1882 y 1886, y luego fundador del partido Colorado. Fue un periodo de golpes y asonadas, crisis econo?mica y fraudes electorales.

En 1880 accedio? a la presidencia provisional el Gral. Bernardino Caballero, catapultando a los militares lopistas [5] al gobierno, aunque con serias impugnaciones por parte de una emergente oposicio?n en torno a la corrupcio?n oficialista y la especulacio?n financiera por la dilapidacio?n de tierras pu?blicas, so pretexto de necesidad de financiar al Estado empobrecido [6]. Fue durante el periodo presidencial del Gral. Caballero (1880-1886) cuando surgieron las primeras voces disidentes, no so?lo desde afuera del oficialismo, sino principalmente desde adentro:

“Ninguna oposicio?n al re?gimen imperante existi?a hasta en- tonces, en las ca?maras ni fuera de ellas, siendo el partido pre- sidencial el u?nico que primaba en las posiciones oficiales y en la opinio?n. Los nu?cleos y hombres de tradicio?n liberal habi?an sido dispersos, asesinados o proscriptos de la Repu?blica. De pronto, sin previo programa ni concierto para producir una disidencia en las filas del re?gimen, la ca?mara de Diputados, rompe la inercia de la disciplina partidaria bajo la accio?n fogo- sa de dos de sus miembros caracterizados: los diputados D. Jose? Mari?a Fretes y D. Antonio Taboada” [7].

El re?gimen poli?tico iniciado en los an?os anteriores, comandado por la vieja guardia lopista, segui?a gobernando el pai?s, aunque ya brotaban con cierta pujanza las disidencias parlamentarias combinadas con reacciones esponta?neas de la juventud. En ese ambiente de luchas, en febrero y junio de 1887 se intento? llevar a cabo elecciones para elegir parlamentarios en las que se enfrentari?an candidaturas oficialistas y opositoras al gobierno; aunque, una vez ma?s, el fraude y la violencia gubernamental empan?aron el acto eleccionario. Fue el casus belli definitivo para que los sectores opositores decidan crear un partido poli?tico a fin de enfrentar, de manera organizada, al colosal poderi?o del grupo oficialista:

“La represio?n gubernamental... [De febrero y junio de 1887] probablemente fue el detonante final a un largo y sostenido periodo de abusos de poder y violaciones de las leyes electora- les que terminaron por vaciar el contenido democra?tico de la constitucio?n vigente” [8].

El 10 de julio de 1887 un grupo de ciudadanos opositores al re?gimen decidio? fundar el Centro Democra?tico, que un par de an?os despue?s -en 1890- se llamari?a partido Liberal. Su primer presidente fue Antonio Taboada, un antiguo combatiente de la guerra y devenido en opositor cri?tico al re?gimen imperante, aunque detra?s de su liderazgo se agrupaba una combativa militancia juvenil encabezada por Jose? de la Cruz Ayala y Cecilio Ba?ez. Sus principales postulados eran la defensa irrestricta de la Constitucio?n vigente de 1870, la libertad electoral, el fin de la dilapidacio?n de tierras pu?blicas y de la corrupcio?n sistema?tica.

El sector oficialista no tardo? mucho en fundar otro partido poli?tico, en respuesta al Centro Democra?tico, que sirviese para defender las acciones del gobierno. Bernardino Caballero logro? organizar a los partidarios y simpatizantes oficialistas fun- dando la Asociacio?n Nacional Republicana, mejor conocida como partido Colorado, en las reuniones del 25 de agosto y 11 de septiembre de 1887. Sin perjuicio del liderazgo natural del Gral. Caballero, el ideo?logo intelectual fue Jose? Segundo Decaed (antilopista y de tendencia liberal), y ambos lograron agrupar bajo el manto partidario oficialista a los viejos sobrevivientes del loi?smo y a la alta burocracia estatal.

Cuando se creo? el Centro Democra?tico -antecedente del partido Liberal- ya se observaron dos maneras de entender la poli?tica: una radical, liderada por Jose? de la Cruz Ayala (Alo?n); y otra ma?s moderada, defendida por Jose? Zacari?as Camino, Cecilio Ba?ez y otros. La opcio?n por una u otra se materializo? a trave?s del voto directo de los participantes, donde triunfo? la segunda. No obstante, luego de la confrontacio?n eleccionaria de ambos modelos, ganadores y perdedores suscribieron el acta e integraron la Comisio?n Directiva.

El coloradismo tampoco estuvo exento de diversidad al momento de su fundacio?n. Jose? Segundo Decaed y Juan C. Gonza?lez se ubicaban ideolo?gicamente en las anti?podas de Bernardino Caballero. Pero eso no significo? un problema para que, sin siquiera someter a votacio?n, pudiesen articular un proyecto de partido poli?tico. La posibilidad de constituir y consolidar un partido oficialista, fundado desde el ejercicio del poder, sirvio? de incentivo suficiente para que coincidieran hombres tan disi?miles como prestigiosos.

Para Angelo Panebianco, las caracteri?sticas organizativas de un partido dependen, entre otras cosas, de su historia. Plan- teo? que las peculiaridades del periodo de formacio?n pueden ejercer su influencia sobre aquellas, incluso a decenios de distancia. Si toma?semos esta afirmacio?n como va?lida, se podri?a conjeturar que el coloradismo es ma?s proclive a la concordia “desde arriba” a pesar de cualquier diferencia, sobre todo en funcio?n de gobierno. Y que el liberalismo resuelve mejor sus conflictos por vi?a de elecciones, o sea “desde abajo”, especialmente en la oposicio?n. Si bien la realidad partidaria es ma?s compleja, se vera? ma?s adelante co?mo algunas de estas trayectorias tuvieron la capacidad de seguir reproducie?ndose incluso “a decenios de distancia”, tal como adverti?a Panebianco [9].

De esa forma arrancaba la lucha partidista en 1887 en la que cada bando adopto? si?mbolos distintivos y permanentes hasta la actualidad. Los colorados adoptaron el color rojo y la polka colorada; mientras que los liberales el color azul y la polka liberal, que ma?s adelante seri?a reemplazada por la polka 18 de octubre. De manera profe?tica, Arturo Bray sen?alo? que:

“de ahi? en ma?s, el paraguayo que vota en las urnas, o lucha en los combates fratricidas, sera? liberal o colorado; todos los dema?s 'ismos', fracciones y desprendimientos no sera?n sino episodios de tra?nsito, o producto de una pasajera descomposicio?n. Cualquier amago de formar nuevos partidos poli?ticos resultara? este?ril, porque en el alma ci?vica so?lo habri?an arraigado dos convicciones profundas y definidas: liberalismo y coloradismo” [10].

A diferencia de otros pai?ses, la creacio?n de los partidos en Paraguay fue posterior a la ley electoral y concesio?n de los derechos de sufragio, sirviendo esto u?ltimo como “esti?mulo para el surgimiento de partidos de alcance nacional, pues so?lo partidos verdaderamente nacionales teni?an posibilidades reales de alcanzar el poder por medios electorales” [11].

Notas

[1] Pierson, Paul, 2000, “Increasing Returns, Path Dependence, and the Study of Politics”, en The American Political Science Review, Vol. 94, No 2, p. 264.

[2] Frutos, Julio Cesar y Vera, Helio, 1993, Pactos poli?ticos, Asuncio?n: Medusa, p. 9.

[3] Abente Brun, Diego, 1989, “The Liberal Republic and the Failure of Democracy in Paraguay”, en Journal of Latin American Studies, The Americas 45, No 4.

[4] Lewis, Paul H., 2016, Partidos poli?ticos y generaciones en Paraguay (1869- 1940), Asuncio?n: Tiempo de Historia.

[5] Eran ba?sicamente los que colaboraron de manera cercana con el Mariscal Francisco Solano Lo?pez, ya sea durante su breve gobierno como durante la Guerra de la Triple Alianza. Una vez finalizada la Guerra en 1870 las potencias vecinas -Brasil y Argentina- se encargaron, durante algu?n tiempo, de vetar cualquier intento de retorno al pasado.

[6] Brezzo, Liliana M., 2010, “Reconstruccio?n, Poder poli?tico y revoluciones (1870- 1920)”, en Telesca, Ignacio (coord.), Historia del Paraguay, Asuncio?n: Taurus, pp. 208-209.

[7] Freire Esteves, Gomes, 1996, Historia contempora?nea del Paraguay, Asuncio?n: El Lector, p. 230.

[8] Go?mez Florenti?n, Carlos, 2010, El Paraguay de la Post Guerra 1870-1900, Asuncio?n: El Lector, p. 106.

[9] Panebianco, Angelo, 1990, Modelos de Partido. Organizacio?n y poder en los partidos poli?ticos, Madrid: Alianza, pp. 108-109.

[10] Bray, Arturo, 1986, Hombres y e?pocas del Paraguay, Asuncio?n: El Lector.

[11] Abente Brun, Diego, 1996, “Un sistema de partidos en transicio?n. El caso de Paraguay”, en Mainwaring, Scott y Scully, Timothy (eds.), La construccio?n de instituciones democra?ticas: sistemas de partidos en Ame?rica Latina, Santiago de Chile: Centro de Estudios para Latinoame?rica, p. 248.

 

Nota de edición: Marcos Pérez Talia (2022), El cambio de los partidos poli?ticos en el gobierno y la oposicio?n. La ANR y el PLRA entre 2003 y 2018. Asunción: Intercontinental editora, 276 páginas. El texto aquí publicado corresponde a la introducción y al primer apartado del Capítulo I, titulado “La trayectoria histo?rica de divisionismo y cooperacio?n en la dina?mica de facciones de los partidos tradicionales de paraguay (siglo XIX a XX)", pp. 27-34.

 

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