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Un plan sin pie ni cabeza

Mi Casa, es uno de los productos de la ADF. Foto: AFD

Mi Casa, es uno de los productos de la ADF. Foto: AFD

Recientemente el gobierno ha presentado a la sociedad su “Plan de Recuperación Económica” por 2.513 millones de dólares.

Se supone que un Plan de Recuperación en un ambiente de catástrofe tal como se presenta debido a la actual pandemia del covid-19, debe contener prioritariamente un conjunto de medidas de shock para que el paciente vuelva a revivir.

No se trata de un plan de largo plazo en donde se plantean cuestiones de orden estructural, que de hecho el gobierno debería haber estado haciendo desde que tomó el poder en el 2019, pero el plan presentado no hace otra cosa que ratificar la gran desorientación, incapacidad y falta de liderazgo que nos hace preguntar hacia donde vamos y qué podemos esperar de esta conducción nacional.

La parálisis económica producida por la pandemia redujo drásticamente la recaudación del Estado. El motor de la economía dejó de funcionar y al hacerlo bajó notablemente la recaudación de impuestos, se perdieron muchos empleos y el consumo prácticamente se paralizó.

Plan de Reactivación que el Gobierno presentará al Congreso prevé más endeudamiento. Fuente: Hacienda

Gran parte del comercio fronterizo y del flujo de capitales desde nuestros países vecinos se vio notablemente reducido por el cierre de las fronteras, y sumado a esto la gran informalidad de la economía no permite que la población, especialmente la más pobre y vulnerable acceda a un sistema de seguridad social efectiva.

Por esta razón, al gobierno no le quedó otra que inventar ayudas sociales a sectores casi invisibles a sus ojos tales como Pytyvõ y Ñangareko, que no son otra cosa que un pequeño flotador en un mar embravecido de necesidades.

Sin crédito

Pero al motor económico nunca le llegó el financiamiento en términos de créditos blandos y de fácil acceso, sino que el sector empresarial choca y choca con innumerables barreras para acceder a los mismos, desde la desvergonzada y muchas veces humillante posición de los bancos, hasta medidas sumamente restrictivas de movilidad social que impone el Estado en el marco de su “cuarentena inteligente” y que castiga duramente a la mayoría de las actividades económicas sin ofrecer medidas de mitigación realmente efectivas.

En esta situación nos preguntamos para qué el Estado posee un banco público como el BNF al que se le prentende capitalizar con 200 millones de dólares, que ni siquiera es eficiente en la colocación del dinero.

A pesar de mecanismos como el FOGAPY, la micro, mediana y pequeña empresa que es la generadora de mas del 80% de la economía, no se vió favorecida para acceder a créditos blandos y gran parte de este sector ya no tendrá recuperación, y mas todavía ahora que la situación sanitaria empeora.

Cheque en blanco

Al comenzar la pandemia, el gobierno recibió un “cheque” por 1.600 millones de dólares mayormente constituido por financiamiento externo y lo desperdició.

Su poca credibilidad la perdió en medio de una gran corrupción, especialmente en las compras públicas en el sector salud, mientras que obligó que la población se encierre a costa de grandes sacrificios y de la pérdida de empleos, dejando a miles de familias en medio de la nada, y más sabiendo que la gran mayoría de los paraguayos viven al día y con un muy bajo nivel de ahorros que siempre son necesarios para amortiguar este tipo de choques.

Ante una situación sanitaria agravándose, y un Ministerio de Hacienda que inicialmente estimaba una recuperación de la economía para el último trimestre del año, cosa muy improbable, entonces se ve en la urgente necesidad de recurrir a un nuevo pedido de endeudamiento ya que la caja se acaba y los compromisos financieros hay que cumplirlos.

Disyuntiva

Aquí se presenta la disyuntiva si seguir prestando ya que el nivel de endeudamiento público VS el PIB terminará en un 35% este año, o ajustarse el cinturón y redireccionar los ahorros que se puedan generar hacia sectores o inversiones que tengan una alta tasa de retorno social.

Ésta última debería ser la clave, pero mirando el plan presentado no se aprecia ninguna estrategia de focalización hacia el sector productivo, y en cambio se citan proyectos de infraestructura tan desatinados como por ejemplo un FERRY, o la concesión de las rutas 1 y 6, que debido a tan bajo tráfico ni por asomo generarán ningún tipo de reactivación, y más aún dentro de un régimen de concesión de obra pública que lleva su tiempo para implementarlo.

Un Plan de Recuperación Económica requiere que el flujo de financiamiento llegue al beneficiario, ya sea éste una empresa, un profesional independiente, un asalariado o un trabajador informal.

Empleos

La prioridad debe ser mantener o generar nuevos empleos y aumentar el consumo. Debe dejarse de invertir en infraestructuras de bajo retorno y focalizar sobre aquellas que muevan la economía.

Al menos 600 mil paraguayos quedaron sin ingresos por la crisis económica. Ilustración.

En vez de nuevas rutas hoy se debe invertir en hospitales y escuelas. Hay que intensificar la inversión en plataformas digitales para la enseñanza y para el teletrabajo, hay que asegurar la cobertura de los servicios de salud con calidad para toda la población, hay que asegurar el transporte público seguro y tal vez sea el momento de dar al sector privado una mayor participación en sectores estratégicos como la energía y el agua potable y saneamiento, ya que con la situación de la empresas públicas en estos sectores lo más probable es que sigamos sin agua y electricidad en los próximos veranos.

En síntesis, hay que focalizar en aquellas infraestructuras que apunten a proveer a la población de movilidad segura, servicios básicos esenciales en cobertura y calidad, y además de fortalecer procesos a distancia.

Cicatriz

Desde el punto de vista del déficit fiscal y del pago de la deuda, el gobierno no tendrá otra salida que continuar con el endeudamiento para hacer frente a compromisos financieros de corto plazo.

Esto no debería ser un problema siempre y cuando se asegure maximizar la eficiencia y el impacto del gasto público, pero su baja credibilidad genera un gran esceptisismo entre propios y extraños, por lo que al Presidente Mario Abdo no le quedará otra que empezar a cambiar su gabinete por personas más idóneas y confiables que las que en este momento fungen de secretarios de Estado, o de lo contrario la operación cicatriz no le será suficiente para sobrevivir.

El panorama no es alentador. El gobierno debe ganar primero credibilidad y después la habilidad de demostrar que su Plan asegurará la Reactivación. El que ha presentado deja mucho que desear.

Aunque el mercado internacional siga otorgando créditos al país, a este gobierno ya se le terminó el crédito con su gente, por eso debe dar un urgente golpe de timón o se le viene la noche.

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