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Disparada de precios cierra círculo tenebroso para economía familiar

Ilustración El País

Ilustración El País

El 2019 ya un fue año para el olvido por el estancamiento económico (PIB 0%), situación que se agravó dramáticamente en el 2020 con el brote del Covid-19 lo cual dejó un tendal de heridos en todos los ámbitos.

Las perspectivas para este año tampoco son de las mejores, un leve rebote propiciado por el boom de precios y exportaciones de materias primas, que poco y nada impactan en los bolsillos de José y María, personas de a pie que tienen que matar a un león por día para llevar un plato de comida a las mesas de sus familias.

La popular frase “en la batalla”, se vuelve más que literal atendiendo a la disparada de precios que se viene observando en los últimos días, tras la decisión política y sin mucho sustento técnico de reajuste del gasoil. Vale recordar que cuando el precio internacional del crudo bajó a casi cero, fue minúscula la reducción para el consumidor final, a esto hay que sumar la depreciación del 8% que arrastra el dólar frente al guaraní en lo que va del año.

De hecho, como en casi todos los negocios, los intermediarios son quienes quedan con el mayor pedazo de la torta; la proliferación de estaciones de expendio de combustibles y el ingreso de nuevos y poderosos jugadores en este mercado, hablan de por sí.

Miedo

El fantasma de la inflación volvió a golpear a la puerta de los hogares paraguayos y quienes se mueren de miedo son los más pobres atendiendo a que casi la totalidad de sus bajos ingresos son destinados a la alimentación y otros productos de la canasta básica; sencilla y llanamente  no tienen ahorros como colchón.

En los últimos días explotaron las quejas de consumidores a través de las redes sociales entorno a precios de alimentos: carne, verduras, aceite comestible y todo tipo de bienes de consumo masivo empezaron a ser reajustados bajo la excusa del encarecimiento del flete, incluso los productos que ya estaban en stock antes de la suba del gasoil, una estrategia comercial muy conveniente y práctica común para parte del retail, cuando se da estos casos.

“Puedo decir con pruebas que la suba de productos es increíble, están subiendo muchísimo, tanto productos nacionales como extranjeros, los que quedamos mal somos nosotros obviamente, como los ladrones que queremos forrarnos pero no nos dejan de otra, un aceite de 500ml de ₲ 5.800 subió a ₲  7.300, y yo que vendía a ₲ 6.800 anteriormente ahora vendo a ₲  8.500”, señaló por su parte un referente supermercadista quien prefirió mantenerse en el anonimato, ante las quejas de los consumidores.

Reporte desacreditado

El Gobierno dará a conocer la cifra oficial del golpazo del gasoil en los primeros días de marzo, un informe elaborado por el Banco Central del Parguay, institución que actúa como juez y parte en los reportes de precios atendiendo que también es la responsable de fijar la política monetaria, algo también muy conveniente para los gobiernos de turno.

El descrédito hacia sus reportes obligó en su momento a que el expresidente; Carlos Fernández Valdovinos haga el ridículo de recorrer mercados porpulares preguntando el precio del tomate y la lechuga, todo un montaje de comunicación institucional  para los flashes ante la crítica de que los técnicos les falta un baño de realidad social y medir la temperatura de la economía, algo que va mucho más allá de sentarse a elaborar reportes desde sus escritorios.

Primero se cerraron los locales, en consecuencia al menos 300 mil paraguayos fueron arrojados literalmente a la calle al perder sus empleos, mientras que 3 de cada 4 familias que lograron sobrevivir al cataclismo, vieron reducir su ingresos, de acuerdo a los propios datos oficiales. La inflación viene a completar este círculo tenebroso para la economía familiar y una antesala para lo peor, aumento de la pobreza.

 

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