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La ruta no tan secreta para cruzar entre Paraguay y Argentina sin controles

Por  4.000 pesos, unos G. 150.000 es posible burlar los bloqueos por la pandemia, y viajar a través de las fronteras de Misiones con Paraguay, siguiendo las tradicionales rutas del contrabando hormiga. Decenas de personas van y vienen entre Asunción y Buenos Aires, revela una investigación del medio argentino, La Voz de Misiones

En Encarnación, el tema excluyente es la apertura del puente con Posadas. Desde la costanera encarnacena, la silueta posadeña se recorta inalcanzable. Parece mentira que, estando tan cerca, la única manera de llegar al otro lado sea siguiendo un periplo que no figura en los mapas oficiales.

La capital del Departamento de Itapúa se ubica en el epicentro de una ruta a través de las fronteras, que no reconoce prohibiciones ni protocolos covid, y se retroalimenta en ambas orillas del río Paraná, en un dispositivo que describe una aceitada logística, y constituye a la vez un dinamizador de las economías locales, en especial, del puñado de familias involucradas directamente en el paso. En tiempos de pandemia, es un dato que no resulta menor.

Varias son las localidades itapuenses y misioneras involucradas en este tráfico de personas y bienes, aunque actualmente el tránsito parece concentrarse entre Natalio (Paraguay) y Puerto Rico (Argentina), y Mayor Otaño y Eldorado, por donde, según testimonios recogidos por La Voz de Misiones, pasan a diario decenas de personas provenientes de diversos puntos de Paraguay, que mayormente viajan hacia Buenos Aires y Córdoba; y argentinos que buscan volar desde Asunción a Estados Unidos y Europa, y quienes van a Ciudad del Este por repuestos automotores, neumáticos, celulares y electrónica en general, que después los pasan también por allí.

Sólo entre la itapuense Mayor Otaño y la misionera Eldorado, los testimonios mencionan tres puntos de cruce en ese tramo del Paraná, que hoy luce mucho más angosto y menos correntoso, producto de una bajante inédita en lo que va del siglo. Tampoco son enclaves nuevos, ya que forman parte de las acostumbradas rutas del contrabando en una y otra dirección. Caminos que existieron siempre, y que hoy se revelan en toda su magnitud.

Como ejemplo, podría mencionarse que los comestibles argentinos que se comercializan en Encarnación y otras ciudades cercanas entran al país por estos “puertos francos” que toman sus nombres de los apellidos de las familias que los han administrado por generaciones.

El trámite es sencillo y consiste en llamar al “pasero”, quien hace recoger a los pasajeros en la terminal de buses de su localidad, los recibe en su “puerto” y los embarca hacia la orilla de enfrente.

La travesía

Llegar a Natalio o Mayor Otaño es completar una travesía de varias horas en ómnibus destartalados y repletos. Son 200 kilómetros al Norte de Encarnación. Es un viaje largo y agotador que incluye tramos de ripio y obras viales inconclusas, y que discurren por interminables extensiones de cultivos de soja.

Muchos de estos distritos ubicados a lo largo de la ribera del Paraná casi no han cambiado o han cambiado muy poco en los últimos 20 años. Algunos, incluso, parecen haberse quedado detenidos en el tiempo, pese al extraordinario avance de la agricultura mecanizada, que tiene a Itapúa entre las zonas más productivas del país, y del contrabando incesante de bienes y servicios.

El paso entre Itapúa y Misiones, de una orilla a otra del Paraná, cuesta unos $1.000 y no demora más de cinco minutos a bordo de lanchas rápidas con motores fuera de borda. Del otro lado, los pasajeros son recibidos por maleteros y taxistas, que los conducen a las terminales de buses de Eldorado y Puerto Rico, según sea el caso.

“Acá pasa gente todo el día, desde las 6 de la mañana a las 6 de la tarde. Es la única zona donde se pasa de día”, dice el taxista, lo que lleva a suponer que estos no son los únicos puntos operativos de la costa. El viaje a la orilla paraguaya del río demora unos 15 minutos. El “puerto”, como lo llama el taxista, son dos gomas atadas a las piedras, donde atracan las embarcaciones que van y vienen de y hacia Misiones.

“Vienen también argentinos que van a hacer compras o que necesitan llegar a Asunción, paraguayos que se van a trabajar en Argentina y vuelven, y también que van a Buenos Aires por tratamientos médicos”, agrega.

Las ruedas gigantes

En el lado argentino, la costa es escarpada y rocosa. Las lanchas se arriman a la alta barranca de piedra. Por la empinada y vertiginosa cuesta de por lo menos 50 metros, baja un ramillete de mujeres con hijos y abundante equipaje. Parece increíble que nadie derrape y termine en el agua. Subir hasta el sendero que se mete en la vegetación constituye un esfuerzo titánico. Por suerte, hay maleteros que cargan con los bultos por $500 (G. 18.000)

En total, el trayecto cuesta unos $4.000, sin contar el pasaje desde Encarnación, que suma $1.000 (G. 37.000), y el trayecto a Posadas que ahora, con los aumentos, ronda los $800. Un viaje Asunción-Buenos Aires por esta ruta puede alcanzar los $10.000 (G. 370.000), sólo en transporte.

“Yo ya llevé gente de todo el Paraguay”, cuenta entusiasmado uno de los taxistas que aguardan a los pasajeros en una especie de capilla, ubicada a unos 300 metros de donde llegan las lanchas de Paraguay.

Son nueve kilómetros hasta la zona urbana más cercana. El hombre se queja del precio de los neumáticos para su camioneta, y señala que por allí cruzan a diario embarques de neumáticos japoneses contrabandeados de Ciudad del Este: “De todos los tamaños traen, el otro día se cargó un (camión) doble eje con neumáticos de tractor; ¿te imaginás todas esas ruedas gigantes?”.

La Voz de Misiones

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