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Economía

Asado más salado

Ilustración. asadacho.com

Ilustración. asadacho.com

Al aumento por el que está atravesando el petróleo, se suma el encarecimiento de materias primas agrícolas como el maíz y la soja. Esto genera un mayor costo de producción de varios tipos de carne y es de esperar que se convierta en el motor de la inflación mundial.

A esto hay que sumar el incremento constante de los envíos de carne paraguaya al mundo, lo cual impacta sobre los precios de algunos cortes, en especial en los considerados de primera; no así en la costilla, un corte que por lo general tiene menor demanda internacional. Así también el incremento del gasoil dispuesto en la semana, lo cual se trasladará al flete y finalmente a la mesa del consumidor.

Las materias primas como el maíz y la soja son los principales alimentos de la gran mayoría de los animales que producen las proteínas que consumimos.

La fluctuación de estos precios normalmente es adsorbida por el productor, siempre y cuando no exista un incremento dramático como el que comenzó el año pasado.

La situación actual está marcada por una suba que tan solo desde el 1 de diciembre acumula un 28% en el precio del futuro de maíz, mientras que en el caso de la soja experimenta un ascenso de 18%, según datos de Bloomberg.

Este incremento se debe principalmente a las malas cosechas generadas por inclemencias climáticas, además de la creciente demanda mundial debido a la expectativa de un retorno a la normalidad.

También China, el mayor comprador de estos granos, está almacenando cantidades récord de la oferta disponible, para alimentar a su producción porcina en expansión.

La última vez que el precio de estos granos estuvo tan elevado fue en el 2012, durante la sequía en Estados Unidos.

En este escenario, la carne está nuevamente preparada para convertirse en un impulsor de la inflación alimentaria mundial y es parte del debate cada vez más intenso sobre la trayectoria de la inflación general.

“Existe un retraso entre la inflación del costo de los granos y el aumento de los precios al consumidor”, dijo Will Sawyer, economista de proteínas animales de la entidad crediticia agrícola CoBank ACB.

Petróleo

A todo esto también se le suma la subida de los precios del petróleo, que deriva de una combinación de factores desde recortes en la producción a una mayor demanda desde el comienzo de la campaña de vacunación, que propició un rebalanceo de los mercados.

Por si todo fuera poco, ahora se le suma las disrupciones en la producción del crudo en los Estados Unidos por las heladas árticas que afectaron la zona de mayor extracción en Texas. Las bajas temperaturas ya han causado fallas en los equipos de varias plantas de procesamiento, han interrumpido el transporte por carretera y siguen los cortes de energía.

Cuando esto ocurre, los productores sufren un descalce en sus márgenes y no les queda otra que trasladar este costo al consumidor final.

Más temprano que tarde veremos reflejados estos componentes en la inflación general. Inevitablemente nos preguntaremos qué deberían hacer los bancos centrales y los responsables de la formulación de políticas, para ayudar a las economías que aún están trabajando para recuperarse de la pandemia.

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