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Expectativa macro, realidad micro

César Barreto, exministro de Hacienda y actual director de Banco Familiar Foto: Gentileza.

César Barreto, exministro de Hacienda y actual director de Banco Familiar Foto: Gentileza.

La semana pasada el Gobierno dio conocer dos importantes datos económicos: el resultado del Producto Interno Bruto (PIB) y la incidencia de la pobreza entre la población paraguaya.

Por un lado, se destaca la resiliencia de la economía paraguaya en su todo ante los efectos del Covid-19 y los distintos shocks económicos externos de los últimos años y por el otro, cómo este virus -que lo vino a cambiar todo- repercutió en la vida de los más vulnerables; 264 mil nuevos pobres, que serían casi 500 mil si no se hubiese aplicado el subsidio mnetario directo cuando llegó la pandemia, según estimativas del Equipo Económico Nacional.

Esta doble vía entre los buenos resultados a nivel macroeconómico -que ya trasciende a varios Gobiernos-, apoyado por los pilares de la estructura económica paraguaya (exportación de carne y soja) y negocios apalancados por el sector privado como el de la construcción, por citar un ejemplo contrastan con la calidad de las políticas públicas, la falta de reformas estructurales en cuánto a calidad del gasto del Estado. El resultado está a la vista.

A pesar de las casi dos décadas de estabilidad macroeconómica, 1.921.000 compatriotas  siguen con ingresos inferiores a G. 10 mil por día y no saben si llegarán al final del día con un plato de comida para la cena en un país que se ufana de producir alimentos para 70 millones de habitantes cuando sale a los mercados internacionales a buscar fuentes de financiamiento.

El 78% de la clase trabajadora no cuenta con algún tipo de seguro social; el 48% ni siquiera alcanza a ganar un sueldo mínimo; el promedio de ingreso del paraguayo es de apenas G. 1.678.000; en el campo no llega a G. 1 millón al mes… en síntesis, muy lindos números macro, pero poco avance en materia de mejoramiento de la calidad de vida de las personas a través de ingresos que les permitan una ostensible mejora de consumo sin tener que endeudarse en el intento.

Fuente: Instituto Nacional de Estadística (INE)

En materia de calidad de salud  y educación pública ni hablemos. Nuestro país aparece recurrentemente en las últimas posiciones  de los distintas listas de los organismos internacionales.

Modelo país

El tema fue un disparador de debate en el tuiter entorno a nuestro modelo económico que concentra la riqueza en pocas manos, al igual que en la gran mayoría de los países en vías de desarrollo.

Básicamente hay tres corrientes de economistas: las de los profesionales que defienden ferréamente las políticas implementadas a lo largo de éstos años (en su mayoría exaltos funcionarios estatales y quienes prestan consultorías al agronegocio); las de los economistas con una visión más social de los números, para quienes casi todo está mal y una intermediaria; que tiene una posición más acercada a la realidad socieconómica; que enfatiza en que la macroeconomía por sí sóla no es suficiente y que distingue muy bien lo que es crecimiento y lo que es progreso; como el caso de César Barreto, Carlos Carvallo Spalding y Enrique Ruíz Díaz.

Lastimosamente no hay soluciones milagrosas. La experiencia argentina indica que los amplios subsidios tampoco funcionan. La estabilidad macro es una condición necesaria, pero no suficiente por sí sola para progreso. Otros factores estructurales son necesarios». César Barreto

Carvallo Spalding agrega: Estabilidad macro: Condición necesaria, no suficiente. Necesaria: si no, ver pobreza en Venezuela y Argentina, llenos de programas sociales. No suficiente: mientras en Paraguay no mejoren instituciones, es  difícil que haya progreso social. Pero sin “necesario” ninguna mejora es sostenible.

«Sin estabilidad (buenos números macro) no hay desarrollo (ningún país lo ha logrado), pero la estabilidad no garantiza el desarrollo.  Las políticas públicas deben ir más allá de la estabilidad económica. Es todo un desafío, pero hay que iniciar», aporta el también economista Enrique Ruíz Díaz.

Mientras tanto, el expresidente del Banco Central del Paraguay (BCP), Carlos Fernández Valdovinos, en su habitual modo ácido no se mantuvo al margen, presentando como respaldo un cuadro histórico de cómo la macro impactó en los bolsillos de la gente.

Lo que se olvido de mencionar es que el trascurso de los años se procedió a una revisión sugestiva del cálculo de la pobreza, mediante la cual, milagrosamente desaparecieron cientos de miles de pobres, al menos en los papeles.

Cálculo imperfecto

Es cierto que el PIB es un indicador imperfecto del desarrollo, pero quizás es el principal determinante en cualquier indicador multidimensional. Un ejemplo de ello es el Índice de Desarrollo Humano de Naciones Unidas, que toma en cuenta al PIB como determinante.

Quizás los únicos indicadores que no toman en cuenta el PIB sean los que intentan medir la “felicidad económica”. Esto es por la “paradoja de Estarlin”, que encontró que más allá de un determinado nivel de ingreso la gente ya experimenta una mejora de la felicidad. En segundo lugar, no creo que el hecho de ser exportadores sea el causante de la pobreza. Creo que ese modelo puede impulsar una mejora en los niveles de vida, siempre y cuando se complemente con el resto de la economía. Quizás falta buscar alternativas para eso. El camino al desarrollo es complejo, redondeó Ruiz Díaz.

Por su parte, el exministro del Ambiente, Edmundo Rolón, opinó: «El equipo económico paraguayo sólo analiza números macros , encaje legal, inflación de un dígito, pago de deuda externa, todo bien… pero cuándo incluimos impacto social y ambiental los análisis económicos ? La nueva economía para cuándo?».

Por su puesto que los tuiteros no se mantuvieron al margen del debate; en su gran mayoría alegando que muy baja es la inidencia de la macroeconomía en su día a a día.

Redondeando, los buenos números macro sí son buenos, pero si no van acompañados de instituciones fuertes, políticas de estado que trasciendan gobiernos y mejoría del gasto público, poco y nada sirven para el ciudadano que debe matar a un león por día para sobrevivir.

 

 

 

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