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Editorial

Vacuna exprés contra el Covid-19: ¿responsabilidad o irresponsabilidad?

La restricción de las libertades públicas con motivo de la pandemia ha generado mucho debate en los últimos meses. La aparición de la vacuna significa, para muchos, el ansiado regreso a la normalidad. Sin embargo, como ya anticipó el ministro Mazzoleni, esto está lejos de ser el milagro esperado: “La vacuna no es la solución, se deberá seguir con los protocolos de distanciamiento social, uso de mascarillas, lavado de manos, etcétera”. Entonces, ¿para qué la vacuna? ¿Cuál es su utilidad si no nos garantiza inmunidad?

Las vacunas contra el Covid-19 fueron elaboradas en un lapso de seis meses, frente a otras cuya creación demoró quince años. De ahí la pregunta: ¿son seguras? Algunos científicos aseveran que no son en realidad vacunas sino medicamentos génicos, afirmando que no se ha logrado el aislamiento y la purificación del virus como tal. Por lo tanto, los laboratorios deberían especificar el verdadero contenido de las vacunas (“ARN mensajero”) e informar a los pacientes (clientes) sobre su eficacia. ¿Protegen de la muerte? ¿Protegen del contagio? Ya se trate de vacunas génicas, sintéticas o transgénicas, que contengan o no nanopartículas metálicas –como el aluminio, que es tóxico–, sus posibles efectos adversos a corto, mediano y largo plazo deben ser informados con veracidad.

Las autoridades sanitarias solicitaron exonerar a los laboratorios de toda responsabilidad por cualquier consecuencia adversa que las vacunas pudieran producir. Es decir, el Estado paraguayo pretende liberar de toda responsabilidad a los laboratorios en caso de efectos secundarios –a petición de ellos, por supuesto–, como requisito para proseguir las negociaciones para la provisión de las vacunas. ¿Por qué esta inmunidad legal? ¿Se justifica? El Estado debería combatirla y los expertos independientes deben exponer en debate público la verdad bajo el juramento hipocrático de proteger la vida y la salud de las personas en primer lugar, aclarando las implicancias posibles, y de esta forma abrir la discusión que la cuestión amerita.

Por otro lado, durante la pandemia, el Estado ha sido el gran ausente en cuestiones clave como el precio del test PCR, dejado en manos de empresarios poderosos que durante décadas han facturado miles de millones proveyendo al Estado insumos médicos y otros. El gobierno no fijó un precio máximo para estas pruebas, cuando debería haberlo hecho, razón por la cual muchas personas se vieron obligadas a adquirir los tests a costos muy elevados. Esto demuestra la necesidad imperiosa de fijar un precio máximo de venta para las vacunas cuando sean comercializadas por privados.

En Chile, por ejemplo, el Ministerio de Salud –mediante resolución del 24 de marzo de 2020– fijó el precio máximo del test Covid-19 en 35 dólares (Gs. 245.000) por el estado de excepción. En cambio, en países como Argentina, México, Venezuela y otros, estos tests han sido gratuitos en la salud pública. En Paraguay el sector privado ha comercializado el producto en un promedio de 85 dólares (Gs. 600.000) a 114 dólares (Gs. 800.000), los precios más altos de la región, cuando el costo unitario de los tests al mayorista es inferior a 10 dólares. A los negociados con la venta de alcohol en gel, mascarillas y tests ahora se sumaría el de las vacunas, que serán vendidas nuevamente muy por encima del precio de mercado. ¿Es la vacuna “gratis”? Algunos creen que sí, pero nada es gratis, ya que la pagaría el gobierno con millones de dólares que irán a un sector de la población. No, no es gratis, es dinero de los contribuyentes que se usará para este fin.

Otra cuestión polémica: ¿debe ser obligatoria la vacuna? Bajo la premisa de que esta no ha cumplido con todos los ensayos clínicos, nadie en contra de su voluntad puede ser obligado a participar en un experimento como conejillo de Indias, ya que esto violaría el código de ética médica de Nüremberg que establece que no están permitidos los experimentos médicos en seres humanos sin su consentimiento previo.

Así como los vehículos se venden con garantía por cierto número de años, las vacunas también deben contar con garantía de efectividad, sin importar si las pagó el Estado o el particular. Los laboratorios deben ofrecer garantías de seguridad y eficacia en sus vacunas, garantías de que no habrá reacción inmune cruzada con otras proteínas o de que no habrá afectación a la reproducción humana de ninguna forma. Es decir, deben ofrecer las necesarias garantías para que esta vacuna exprés no resulte un peligro exprés.

                                                                                                                                                                                                                                                                                                      DDWS

1 Comment

1 Comentario

  1. LUCAS

    10 de enero de 2021 at 18:45

    El tema de poner precios máximos a un producto o servicio en una situación de emergencia está comprobado que va directamente en contra del bien común: el precio de mercado, si es alto y rentable atrae mayores inversiones y emprendimientos para aumentar la oferta y esto, en un mercado libre, a su vez produce que el producto en cuestión caiga de precio y llegue a muchas mas personas por el aumento de la oferta. Cuando se impone un precio máximo (supuestamente la razón ética de que ‘es inmoral querer lucrar con la necesidad”) lo que se consigue es justamente todo lo contrario de lo que se pretende lograr: escases del producto y menos gente vacunada mientras que se llenan de plata los políticos y empresarios corruptos que hacen de esta situación un negocio para ellos exclusivamente.

    Conclusión: poner precios máximos y restringir la importación libre lo único que hace es que muchos menos tengan acceso a las vacunas y que el “negocio” de comercializar vacunas se concentre en la clase política y los empresarios corruptos para su propio beneficio y en contra de la salud pública.

    Lo que hay que hacer es liberar el precio de las vacunas y, al mismo tiempo, liberar completamente la importación de vacunas (que cualquiera que quiera hacer negocio con las vacunas lo pueda hacer sin restricciones burocráticas de ninguna clase).

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