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Editorial

La debilidad de las instituciones

Es sabido que un Estado democrático solo puede funcionar correctamente en la medida en que sus instituciones muestren fortaleza. “Nada es posible sin los hombres, nada es duradero sin las instituciones”, decía Jean Monnet, político francés que junto a Konrad Adenuaer fue considerado uno de los precursores de la Unión Europea.

La importancia de las instituciones es crucial en la vida de las naciones. Las instituciones son formas de organización social, en el ámbito privado y en el público, que se sostienen por el respeto a reglas consensuadas y a una clara estructura de roles. Desde luego, las instituciones no nacen de un día para otro; son resultado de un proceso histórico y, en este sentido, son susceptibles de incorporar las transformaciones que la realidad exige.

Pero ¿cuáles son las instituciones que caracterizan a una democracia? Una democracia representativa moderna, dice Robert Dahl, requiere de las siguientes instituciones políticas: cargos públicos electos; elecciones libres, imparciales y frecuentes; libertad de expresión; fuentes alternativas de información; autonomía de las asociaciones y ciudadanía inclusiva. Si alguna de estas premisas falla, habrá déficit en el funcionamiento democrático.

Un país con instituciones débiles difícilmente pueda afrontar los desafíos que las cambiantes condiciones de este tiempo imponen. En Paraguay la debilidad del estado de Derecho es quizás una de las mayores, poniendo en jaque al mismo sistema republicano. Y bien sabemos que esta vulnerabilidad institucional genera un campo propicio para populismos de toda índole y sospechosos mecenazgos.

Un país con duros cuestionamientos en el desempeño de los tres poderes del Estado, con grandes corporaciones económicas controlando los espacios y los mercados, y sin funcionarios probos, no puede ver cumplido el ejercicio pleno de los derechos ciudadanos. Tampoco puede llevar adelante procesos de largo alcance, con medidas de gobierno que respondan a políticas de Estado diseñadas con un horizonte que contemple varias generaciones. Una de las destrezas mayores de un estadista es, justamente, saber operar en el tiempo: conocer las lecciones del pasado y actuar con eficacia en el presente, previendo el resultado de sus acciones en el futuro. Lamentablemente, el Paraguay se debate en el inmediatismo.

Instituciones débiles afectan el estado de Derecho, ponen en riesgo la soberanía del pueblo y no pueden garantizar una vida digna en ningún ámbito. El acoso de la corrupción, señal inequívoca de la anomalía institucional que vivimos, pone en vilo toda la estructura y la vigencia del Estado, desde las instancias más grandes hasta las más pequeñas. Es imperioso reflexionar sobre la necesidad de fortalecer las instituciones o, incluso, refundarlas.

 

DDW-S

 

 

 

 

 

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