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Editorial

Las vacunas, una cuestión de Estado

La función del Estado se vuelve preponderante en momentos críticos como el que vivimos, en que la seguridad del país, atacado por un virus invisible pero letal, está en juego. Se trata, aquí, de un hecho que compromete lo macro y lo micro, y que afecta el desarrollo de todo el espectro las actividades humanas, desde la economía hasta las relaciones familiares, pasando por la educación, la salud, la recreación y otros tantos aspectos de la vida en común.

Sin proteger a la población es imposible pensar en una recuperación económica. Los jóvenes y los adultos de edad media son los más expuestos al contagio, pues son los que, mayoritariamente, mantienen en funcionamiento los engranajes económicos y no pueden recluirse. Ante la poca, por no decir nula, afluencia de personas de más de 70 años al vacunatorio dispuesto en la Secretaría Nacional de Deportes, cabe preguntar por qué el Ministerio de Salud no procede rápidamente a ampliar la franja etaria, bajando la edad para cubrir a los que diariamente se desplazan para trabajar. Hasta el momento el procedimiento de vacunación ha sido errático, y las medidas y contra-medidas pueden haber llegado a confundir a la población. Hay que saber por qué tantos adultos mayores no han acudido a recibir la primera dosis, teniendo en cuenta que son los más vulnerables, de modo a establecer medidas correctivas.

¿A qué cantidad de personas puede alcanzar la inmunización, a corto plazo, con las dosis que tenemos disponibles? Urge un plan que contemple la llegada de los próximos lotes, pero sabiendo que en estos momentos los acuerdos no se cumplen en rigor y que el mundo entero vive la tensión de conseguir más y más dosis y al mejor precio. En el caso de países con excedente, como Estados Unidos, la cuestión ética que aparece es ¿a qué países enviará las dosis que le sobran? En este concierto internacional, en el que se habla de la “geopolítica de las vacunas”, el gobierno paraguayo debe moverse con celeridad y establecer las alianzas necesarias para acceder a las dosis disponibles.

Necesitamos más vacunas, y lo más pronto posible. El país ya no puede esperar. Demasiadas dilaciones hemos soportado desde que se declaró la crisis sanitaria y ha llegado el momento de arbitrar todos los medios para garantizar la inmunidad de todos, sin privilegios y sin exclusiones.

Necesitamos, más que nunca, eficiencia en la gestión pública. Solo así podremos superar este momento. Una gestión que, si bien debe concentrarse en la tragedia que vivimos, también debe comenzar a pensar en un horizonte pospandémico.

 

DDWS

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