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Editorial

Gobernanza, un paradigma postergado

Urge que nuestros gobernantes cumplan con su rol de administrar con coherencia al país. La Gobernanza es un modo de llevar adelante una gestión pública buscando el progreso económico, pero también el desarrollo social, el fortalecimiento de las instituciones, la transparencia y calidad en la provisión de los servicios públicos a la ciudadanía. Es un paradigma a ser logrado. Este sistema apunta a que los Gobiernos mejoren en sus indicadores económicos y sociales, esto último se refiere, por ejemplo, a la libertad de prensa y al respeto de los derechos humanos. Otro aspecto clave que incluye la gobernanza es la sostenibilidad, pues busca sentar las bases para un desarrollo que perdure en el tiempo. Esto obliga a la implementación de medidas para el cuidado del medio ambiente y el uso responsable de los recursos naturales.

La estrategia planteada para Paraguay por parte de organismos internacionales está basaba sobre estos conceptos de gobiernos eficientes, honestos, austeros, servicios públicos de calidad pero con costos bajos para enfrentar la pobreza, la desigualdad social y el deterioro ambiental mundial. Ahora bien, a días de cerrar otro año, inevitablemente debemos preguntarnos: ¿Logramos avanzar hacia una Gobernanza real? ¿Trabajan nuestros gobernantes sobre los ejes de la eficacia, de la honestidad y de la austeridad para el logro de los objetivos trazados hace más de dos décadas, con el proyecto de la Gobernanza Pública en Paraguay?

El mayor déficit es la baja calidad de gestión del Gobierno, constituido por los tres poderes del Estado. Es clara la falta de idoneidad y de conexión con el pueblo que representan, sin lealtad a los intereses del soberano. Se representan a sí mismos, sin planificación alguna. Y esto quedó demostrado en el manejo de las crisis sanitarias, sociales, políticas y económicas, lo que derivó en acciones confusas, contradictorias y negligentes tomadas por los gobernantes, fue la ciudadanía la única perjudicada. A todo esto se sumaron las pésimas designaciones en los cargos, donde primó como criterio a la hora de seleccionar perfiles el oportunismo político, como los compromisos de financiamiento de campañas electorales. Siempre el amiguismo primero, pisoteando la capacidad y la experiencia de personas idóneas.

El deseo y objetivo de mantenerse en el poder sin saber para qué, o por la simple fórmula “poder x poder” y no “poder para servir”. Lejos estamos de un gobierno eficiente, eficaz, transparente que tome medidas oportunas y necesarias e incorpore a los mejores ciudadanos para implementar dichos planes programas y proyectos. El Gobierno tiene como resultado un estrepitoso fracaso. Estamos lejos de la Gobernanza propuesta hace más de 20 años como búsqueda de una solución a los ingentes problemas actuales de convivencia. Por el contrario, el 2021 nos demostró con mayor certeza que la clase política que hoy toma las decisiones en nombre del pueblo, no piensa en el pueblo, le importa solamente cómo obtener más poder. Si los criterios no mejoran, los vientos del próximo año no se avizoran mejores que los anteriores.

No habiéndose logrado los cambios necesarios, como tampoco la renovación de políticas públicas, de los liderazgos y de los paradigmas de la Gobernanza, el partido oficialista se expone a tener un nuevo revés electoral en las próximas elecciones, como ya sucedió en el 2008, por falta de capacidad de gestión, corrupción y por el temor a desnudar la improvisación e incapacidad para incorporar a las altas funciones del Gobierno Nacional a ciudadanos de mejor preparación. Si el partido de gobierno sigue con la misma estrategia y las mismas personas que en el 2008, los resultados serán replicados.

D.D. W-S

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