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Editorial

Política sin ética

Lo que pretende la ética es lograr que el individuo tenga una conducta libre y responsable orientada a la realización del bien mediante el cumplimiento del deber. Cuando un individuo posee ética se despierta en él un espíritu de servicio y, en consecuencia, actúa con responsabilidad. Al respecto, Aristóteles escribió: Aquello que está en nuestra mano hacer, podemos también abstenernos de hacerlo; donde depende de nosotros decir “no”, somos también dueños de decir “sí”. Mientras que en el plano de las relaciones políticas, dice el filósofo, que no se puede hacer nada sin que haya en el hombre un carácter moral o ético. Es decir, se debe ser hombre de mérito moral. Y mérito moral significa estar en posesión de las virtudes. Por consiguiente, es necesario, que quien quiera alcanzar o conseguir algo en orden de la política sea él personalmente hombre de buen carácter.

Se requieren personas con capacidad para saber dirigir un Estado, que cuenten con un perfil específico. Una de las características de ese perfil es poseer diversas virtudes, así como sentido de justicia. Una política sin valores nos lleva a una actuación de mentira, como ocurre actualmente en Paraguay, donde existe un sistema partidario totalmente vacío de ética y dominado por el transfuguismo que acapara el poder. Los tránsfugas son aquellos actores políticos que pasan de un partido o movimiento político a otro, es una forma de corrupción y una práctica antidemocrática que altera las mayorías expresadas por la ciudadanía en las urnas.

En algunos países, como Colombia, para evitar esta práctica de transfuguismo, se aprobó en el año 2005 la Ley de Bancadas, bajo la cual el retiro voluntario de un miembro de un partido o movimiento político en cuyo nombre se eligió, implica el incumplimiento del deber de constituir bancada, y como tal podrá sancionarse como una violación al Régimen de Bancada. Sin embargo, en Paraguay el transfuguismo político es muy común. No existe marco legal alguno que castigue a parlamentarios, gobernadores, intendentes o persona de cualquier otro cargo de elección popular por dejar su partido. Una legislación parecida existe también en México y España.

En nuestro país se promocionan campantemente ideas y lealtades falsas que no se realizan. Es uno de los grandes males que tiene nuestra política. El juramento que hacen los gobernantes de cumplir con su deber es un simpe formalismo hueco sin compromiso patriótico. Con las últimas prácticas de ciertos referentes de la política, quienes se pasean entre movimiento y movimiento de acuerdo a la conveniencia e intereses personales, queda más que demostrado que nuestros políticos carecen del sentido de compromiso con la moral. La mentira y la corrupción imperan en todos los sectores públicos. Sin ética nunca vamos a tener una política de bien común.

D.D.W-S

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